Capítulo 42: Sin Salida La noche había caído sobre el campamento improvisado. El cielo estaba cubierto de nubes pesadas y bajas, ocultando la luna como si incluso ella temiera presenciar lo que vendría. Ariadna y Cloe se encontraban sentadas junto a una fogata pequeña, el fuego apenas iluminaba sus rostros y proyectaba sombras inquietantes sobre el suelo de cemento agrietado. Desde que habían encontrado a su padre en aquel estado… todo se sentía diferente. No había palabras para describir el vacío que crecía en Ariadna; un hueco helado que parecía expandirse más con cada respiración. Cloe estaba silenciosa, abrazando la vieja bufanda que había pertenecido a su madre. —Ari… —murmuró Cloe, con la voz temblorosa— ¿Crees que papá… todavía nos recuerde? Ariadna tragó saliva. No podía mentir

