Capítulo 51: Bajo la lluvia y la sangre La puerta trasera cedió con un chirrido y ambas salieron a la noche empapada. La lluvia golpeaba con furia, arrastrando el olor metálico de la sangre por las calles. El aire estaba tan helado que cada respiración parecía un cuchillo. Ariadna no soltaba a Cloe. La niña estaba encogida, con el rostro escondido contra su cuello, temblando sin parar. El eco de los gruñidos venía detrás, multiplicándose. La horda había olfateado la presa. Corrieron. El agua les cubría los tobillos mientras avanzaban por una calle llena de coches volcados y vidrios rotos. El asfalto estaba salpicado de charcos oscuros que podían ser agua… o sangre. Un rugido gutural resonó desde la esquina. Una silueta se arrastró bajo la luz parpadeante de un poste eléctrico: un z

