Capítulo 6: Ecos del Silencio
El cuarto estaba en penumbra, iluminado apenas por la luz parpadeante de una vieja lámpara de emergencia. Ariadna sostenía el pendrive entre los dedos, observándolo como si contuviera las respuestas a todo lo que había perdido desde que el mundo se desplomó. A su lado, Cloe dormía, enroscada como un pequeño animal en una camilla abandonada. Su respiración era suave, una melodía frágil en medio del caos.
Ariadna buscó entre los restos del hospital hasta encontrar un ordenador portátil que aún funcionara. Lo conectó a una batería de respaldo improvisada, y cuando el sistema se encendió, sintió que el corazón se le aceleraba. Insertó el pendrive. Por un momento, nada ocurrió. Luego, una ventana emergente apareció con una contraseña.
—¿En serio? —murmuró.
Probó con su nombre, luego con el de su padre. Nada funcionaba. Entonces recordó la nota: "Sigue el código 17-Delta". Tecleó lentamente: 17Delta. La pantalla parpadeó… y se abrió.
Archivos. Carpetas etiquetadas con nombres en clave: "Proyecto Alfa-Zeta", "Pacientes Omega", "Registro de Campo – Varela". Seleccionó la última.
El video comenzó.
Su padre, Eduardo Varela, aparecía en pantalla. Más delgado. Cansado. Vestía un uniforme gris con manchas de sangre seca. Estaba solo, frente a una cámara de seguridad.
"Si estás viendo esto, probablemente ya sabes que todo se fue al carajo. No sé cuánto tiempo tengo. El virus no fue un accidente. Fue una orden directa del alto mando. Proyecto Alfa-Zeta debía ser un arma biológica selectiva, pero algo mutó. Perdimos el control."
Ariadna sintió un nudo en la garganta.
"Me opuse. Lo sabes, hija. Dios sabe que lo intenté. Pero cuando vieron que funcionaba... decidieron soltarlo. Pensaban que podrían contenerlo. Usarlo."
La imagen se distorsionó unos segundos. Luego reapareció, su padre más tenso.
"Estoy escondido. No puedo decir dónde, pero hay un refugio en el norte, cerca del viejo búnker de Cold Spring. Usa el mapa. Encuentra la verdad. Y cuida de Cloe. Ella... ella es la clave."
La grabación terminó.
Ariadna quedó inmóvil. Cloe… ¿la clave? Miró a su hermana, dormida, ajena a todo. ¿Qué significaba eso? ¿Qué habían hecho con ellas?
Abrió la carpeta del mapa. Un diseño satelital de Nueva York apareció, con rutas marcadas y una ubicación parpadeando en rojo: Cold Spring Bunker.
En ese instante, un sonido metálico rompió el silencio. Alguien o algo había activado una compuerta al otro lado del pasillo. Ariadna desconectó el pendrive, tomó su mochila y corrió hacia Cloe. La pequeña se despertó sobresaltada.
—Shhh, todo está bien. —la calmó—. Tenemos que movernos.
Con Cloe en brazos y el pendrive resguardado, salieron por la puerta trasera del hospital, justo cuando una figura apareció entre las sombras. Un hombre encapuchado, el mismo que las había salvado antes. Sin decir palabra, asintió hacia Ariadna… y desapareció.
La ciudad aún ardía a lo lejos. El cielo se teñía de rojo con el amanecer. Ariadna apretó los dientes.
—Vamos, Clo. Tenemos que llegar al norte. A papá. A la verdad.
Y así, entre cenizas, sangre y un futuro incierto, las hermanas comenzaron el siguiente tramo de su viaje.
Fin del capítulo.