Capítulo 19: Bajo Tierra
El traqueteo de los raíles metálicos resonaba en la cápsula mientras descendía por el túnel subterráneo. Ariadna se apoyó contra la pared curva, respirando agitadamente. A su lado, Cloe observaba el cuerpo inerte de su madre, aún en criostasis, con una mezcla de miedo y esperanza.
—¿Estás bien? —preguntó Ariadna en voz baja.
Cloe asintió. Pero no hablaba. Desde el momento en que había detenido al mutado con solo levantar la mano, algo en ella había cambiado.
Ariadna también lo había sentido.
No era solo miedo. Era *energía*. Como una vibración en el aire, una conexión con algo más allá de la lógica.
La cápsula se detuvo con un leve chirrido hidráulico. Una compuerta se abrió ante ellas.
Ariadna tomó su arma, guiando a Cloe por un corredor de roca natural, reforzado con acero. Estaban en una nueva sección del complejo subterráneo. Sin señales visibles, sin mapas. Sólo pasillos silenciosos, tubos rotos, y el olor metálico de la sangre seca.
Avanzaron despacio, arrastrando la cápsula de criogénesis con ruedas manuales. El silencio era sepulcral.
Hasta que escucharon un **susurro mecánico**.
—Iniciando escaneo… ADN detectado… Ariadna Vega.
Un dron de vigilancia emergió del techo. Su luz roja parpadeó varias veces antes de cambiar a verde. Una puerta pesada se abrió al final del pasillo.
La sala que encontraron al otro lado era distinta a todo lo anterior.
Tecnología más avanzada. Consolas encendidas. Pantallas que mostraban **informes médicos, grabaciones antiguas** y una interfaz central titulada:
> **PROYECTO: GENESIS.
> Autorización: Coronel Vega.
> Estado: CRÍTICO.**
Ariadna se acercó. Uno de los monitores mostraba una lista de nombres. Algunos tachados. Otros… con notas de “reacción incompleta”, “rechazo al vector”, “resultado inestable”.
Y al final, en un recuadro rojo:
> **Sujeto especial: Cloe Vega.
> Estado genético: Alfa latente.
> Resultado: Potencial singular.**
Ariadna sintió que el estómago se le comprimía.
—¿Qué… qué significa esto? —murmuró.
Un clic interrumpió el silencio. Un archivo de video se abrió automáticamente. La pantalla mostró a su padre, más joven, más lleno de energía. Y a su madre… embarazada.
> “Si estás viendo esto, es porque encontraste el segundo núcleo del Proyecto Génesis. Cloe, nuestra hija… fue el milagro que no esperábamos. Tu madre fue expuesta a una variante del virus, sin saberlo, en la fase temprana del brote. Creímos que moriría. Pero el embarazo detuvo el avance. Y la niña… cambió.”
> “No es una mutación. Es evolución. Cloe es la llave. Su genética está creando anticuerpos naturales. Su mente puede interferir con la señal neurosensorial de los infectados. Es… un puente entre lo que fuimos y lo que podríamos llegar a ser.”
El video se interrumpió con estática.
Ariadna se apoyó en la consola, temblando. Todo lo que habían vivido… la muerte de su madre, el encierro… ¿había sido para proteger esa verdad?
Cloe la miraba sin comprenderlo todo, pero entendiendo que algo muy importante acababa de saberse.
—¿Soy… rara? —preguntó la niña.
Ariadna la abrazó con fuerza.
—Eres única. Y por eso vamos a protegerte. Cueste lo que cueste.
(...)
Un temblor sacudió la sala.
Las luces titilaron. Una alerta emergió en las pantallas.
> **Sistema de seguridad comprometido. Presencia mutada detectada. Coordenadas: Sección Beta.**
Un mapa se desplegó. Las zonas rojas se expandían rápidamente. Ariadna supo que no estaban solas.
Tomó una tableta portátil y activó el mapa del complejo.
—Tenemos que llegar a esta salida secundaria. Aquí dice que conecta con una antigua red de alcantarillas hacia el exterior. Pero para llegar… debemos atravesar la Sección Beta.
—Donde están los mutados —dijo Cloe con voz baja.
Ariadna asintió.
—Sí. Pero si no salimos ahora… podríamos quedar atrapadas para siempre.
Se prepararon.
Ariadna encontró un traje táctico seminuevo. Lo ajustó a su cuerpo, tomó un rifle eléctrico y un puñal de emergencia. Colocó a su madre en una camilla móvil de contención y conectó un generador portátil para mantener la criogénesis estable.
Caminaron hacia el umbral de la Sección Beta.
Un portón con señales de advertencia en varios idiomas. Manchas de sangre seca lo cubrían.
El sistema pidió una clave.
Ariadna usó el código del colgante de su padre: **0312VEGA**.
Puerta abierta.
Un aire húmedo y podrido las envolvió. Pasillos agrietados. Goteo constante. Cuerpos en descomposición aún colgando de tubos.
Y entonces… lo escucharon.
Un zumbido orgánico, como un enjambre de moscas… pero más profundo.
Una figura emergió entre la niebla.
No era un zombi común.
Era un mutado ciego, de piel traslúcida, que emitía pulsaciones sónicas con su garganta abierta como flor.
—No te muevas —susurró Ariadna.
Cloe contuvo la respiración.
El mutado pasó a su lado… y siguió de largo.
Pero al otro lado del pasillo… otro sí los detectó. Y gritó.
Todo estalló.
Corrieron, empujando la camilla. Las criaturas surgían de las paredes. Algunas arrastrándose. Otras cayendo del techo. Ariadna disparaba, esquivaba, gritaba a Cloe que se mantuviera cerca.
Un brazo la atrapó.
La criatura tenía la boca donde deberían ir los ojos.
Ariadna clavó el puñal en su cuello. Gritos. Sangre negra.
Y entonces… la luz.
Cloe, asustada, gritó:
—¡Déjala en paz!
Y una onda invisible estalló desde su cuerpo.
Los mutados cayeron. Paralizados. Algunos, muertos. Otros, gimiendo en el suelo.
Ariadna se levantó, con la mirada fija en su hermana.
—Tienes que enseñarme a controlar eso…
Cloe lloró.
—No sé cómo…
Ariadna sonrió con lágrimas.
—Ya lo harás.
Frente a ellas, la puerta a la salida secundaria se abrió lentamente.
Pero el camino no terminaba allí.
Porque algo… los observaba desde la oscuridad.
Algo que aún no habían enfrentado.
Y el infierno en la tierra estaba apunto de llegar y sin previo aviso como todo lo que esta pasando en el mundo sin ni siquiera a ver recibido una advertencia antes, solo paso y ya como todo en la vida aunque su padre siempre lo supo...