No puedo describir el miedo que sentí cuando la vi en el suelo del baño de Alejandro, mi corazón se aceleró. Maldición. No podía ser cierto. Encontrarla desorientada me dolió y mucho, creí perder los nervios cuando se me desmayó en los brazos. Alejandro y yo entramos como unos locos a su trabajo. En la vía mi hermano llamó y ya nos estaban esperando en la emergencia. Rápidamente la ingresaron mientras yo me quedé afuera llenando las planillas de ingreso. —Tranquilo hermanito —Alejo apoya su mano en mi hombro — Aquí se encargarán de ella, está en buenas manos. Cuando nos permitieron verla el alma me regresó al cuerpo, estaba pálida y conectada a varias máquinas. Mi muñeca, ¿en qué momento te pusiste en ese estado? prometí cuidarte y te fallé. Te falle mi amor. —No te marti

