Despierto varias en la madrugada al sentir moverse a Kimberly. Ya está mejor y fuera de peligro, sin embargo contantemente la están monitoreando. Me quedo tranquilo al notar sus cachetes agarrar color. —Cariño estás incómodo. Me volteo y la veo observándome con reprobación. —Bonito amanecer —digo levantándome. Voy hacia su cama para darle un beso en la frente. —No tiene nada de bonito levantarse y verte con el cuello torcido —gruñe. Nos vemos. Nos retamos con la mirada. Pero si ella es terca yo también. —¿Kira? —se queda en silencio—. Mierda, ¿Llamó a papá y mamá? Niego con la cabeza. —No tu hermana no quiso llamarlos, porque no pasó más allá de un susto —aclaro, acaricio su cabello, su frente, su mejilla—. Muñeca, hay algo que no te hemos dicho, ni a Kira. —¿Es malo?

