Jane A la mañana siguiente me desperté un poco agobiada, lo primero que recordé fue la pelea con Adam y como estuve a punto de caer por culpa de mi impulsividad. Mi esposo estaba sentado, ya bañado y bien vestido simplemente mirando una taza de café, tomé asiento sobre la cama e intenté arreglar mi cabello, él también cambió de postura ante de comenzar a hablar. —No he sido justo contigo. —No los has sido, me siento traicionada constantemente, dolida, estoy tan herida Adam y cansada de renunciar a todo por ti, sabes lo egoísta que suena el que yo deba renunciar a mi negocio por ti, pero no puedas renunciar a tu casa. —Jane tienes razón, aveces pienso que debería quemarla, en la cocina de esta casa mi primera esposa dio sus últimos suspiros, en la puerta Regina dijo que estaba harta

