Jane divisó a su madre, quién alzaba su copa de té y la llevaba lentamente a sus labios, después de beber se aseguró de mantener el labial lejos de su taza y su hija comenzó a acercarse, al llegar le besó la mejilla y tomó asiento. —Madre, a qué se debe el honor de esta pomposa reunión. —Jane, necesitas terapia. —La joven alzó sus cejas y se quitó las gafas de sol. —Y necesitas dejar a tu amante. —Jane soltó una carcajada llena de ironía y su madre hizo lo mismo en el momento en que su risa se detuvo. —Amante ¿cómo se llama?—Retó la joven con la mirada a su madre hasta que fueron interrumpidas por el mesero. —Un frappucino y unas tostadas francesas. —El hombre asintió y se alejó de la mesa. —Jane, eres mi hija pero no dejaré que arruines tu vida, no pararé de decirlo hasta que vayas po

