No había alcanzado a escuchar la respuesta cuando el círculo se dispersó y todos caminaron hacia mí. Tragué grueso. Me sentía intimidada por la presencia de tantas miradas. - Bien, caballeros -Javier se paró frente a mí y luego miro al grupo- para mí es un grato placer que sus jóvenes quieran iniciarse con mi chica -lo miré perpleja, y pensé lo peor- si ustedes quieren observar, quédense -los invitó- si no, pueden ir tranquilamente a su casería porque al regresar éste par de chicos tendrán una enorme sonrisa en sus rostros y el mejor de sus recuerdos. Mierda, ¡sí me había ofrecido! eso me enfureció y comencé a retorcerme. El aflojó su cinturón y se lo quitó de un jalón. - Por ahora -continuó hablando- y si me disculpan, primero debo aclararle a mi perra quién manda y a quién debe obedec

