Alexandru accedió a tener una boda sencilla después de enterarnos de mi embarazo, habíamos estado intentándolo por casi un año, la noticia llegó como un regalo caído del cielo. Entre la organización, el ponernos de acuerdo en lo que yo quería y él quería nos tardamos poco más de un mes, por supuesto me tocó arreglar el vestido de novia en dos ocasiones, mi panza no dejaba de crecer. - Buenos días – me saluda con voz adormilado y ronco. - Tenemos hambre – le hago un mohín, me doy vuelta y lo beso en los labios, tan refrescantes como la primera vez. - ¡Vamos! – se levanta de prisa después de besarnos apasionadamente, ni siquiera hace el intento por cubrir sus nalgas y su prominente y erecto m*****o. Levanto las cejas por la sorpresa del espectáculo y me deleito viéndolo caminar hacía al

