Christian ¡Maldita sea! No puedo ver a Samantha alejada de mí. No lo soporto. En esa maldita fiesta, ella se mantuvo lo más alejada de mí posible, y eso me desesperó. Se reía con un idiota y a mí ni siquiera me habló. Me dejo caer en el sofá y suspiro. —Que bueno que llegaste.—Lisbeth se sienta a mí lado.—¿Estás bien?. —No, no estoy bien. Yo cambié, sabes, cambié para que Samantha se diera cuenta de que yo no era como ella me describía. Pero todo ese cambio no valió la pena, porque ahora no la tengo conmigo.—le explico.—Y me doy cuenta de que soy un idiota. No debí cambiar, yo estaba bien siendo como era, un mujeriego que se acostaba con cualquiera sin tener nada más.—ella frunce el ceño con notable confusión—Y creo que lo mejor será que yo vuelva a ser el de antes; quien tenía a la

