Lluvia.
Los demás lobos me desataron, pero no me permitieron acercarme a Ryan, al llevarme tomé al cachorro entre mis brazos y los seguí a donde me llevaban, recorrimos unos cuantos árboles hasta llegar a una amplia casa en medio del bosque, había un bonito lago cerca, los rayos del sol se reflejaban en el agua, había varios árboles y a la distancia se apreciaban montañas en donde estaba segura de que los atardeceres se verían preciosos. Entramos a la casa y el interior era pintoresco y agradable, solo que... un poco desordenado, me guiaron por un pasillo con varias habitaciones, llegamos a la última del pasillo, me abrieron la puerta y al yo entrar la cerraron con fuerza.
No le presté importancia, me metí al baño para bañar al cachorro y darme una ducha yo también, ya que tenía tierra por todos lados a causa de mi ajetreada noche anterior.
La habitación era sumamente hermosa, tenía unas bonitas cortinas rosadas, las paredes eran de un color crema y la cama... tenía unas sábanas brillosas y tersas como la seda del mismo color de las paredes, un escalofrío me recorrió el cuerpo entero al verlas con atención, sinceramente no podía acostarme en esa cama.
Mis maletas se encontraban dentro de la habitación, saqué mis pertenencias para acomodarlas en el gran armario, no eran muchas así que terminé rápido, la habitación tenía otra puerta así que la abrí, quedé encantada, ya que tenía una bonita vista al lago, me senté en los pequeños escalones que había para salir.
La vista era maravillosa, se respiraba un aire puro y el cantar de las aves transmitía paz... pensándolo bien, quizá no estaba tan mal estar aquí, era aterrador estar rodeada de lobos, pero la noche anterior recordé que había cosas peores, quizás este era un buen lugar para estar, donde podría estar a salvo.
Me llevé la mano al pecho, y saqué la cadena de la cual colgaba una pequeña cruz que tenía un gran peso sobre mi cuello, que me recordaba que dentro de lo que cabe, jamás sería libre. La puerta de la habitación se abrió, era Ryan, me puse de pie de inmediato, tenías varias heridas en su rostro.
— Ryan... ¿Tus... amigos te..?
— No, fue el colmilludo de anoche, lamento que quedaras como prisionera aquí, todo es mi culpa por haberme transformado frente a ti... pero si aceptas ser mi pareja yo me aseguraré de que estés cómoda y segura aquí.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, ser pareja de alguien iba acompañado de besos y abrazos, en algún momento avanzar algo más y a como él se refería en ser su pareja no creo que significara un simple noviazgo, no estaba lista para el contacto físico, quizás nunca lo estaría y para una relación seria mucho menos, no era el tipo de nadie, pero aun así agradecía su ofrecimiento.
— Gracias, Ryan, pero no es necesario que hagas ese sacrificio por mí, créeme, no esta tan mal, crecí en casa de mi tía y yo la atendía a ella, su esposo, y mis tres primas, quizás aquí son más, pero ya tengo algo de experiencia.
— Bueno... si cambias de opinión me dices, no es ningún sacrifico para mí, quizás en unos cuantos días ya no piensas igual.
Como serás la sirvienta... pues... te mandan este uniforme para que no se estropee tu ropa.
Me tendió un conjunto de película en tonos n***o y blanco, lo tomé y le sonreí ligeramente, no lo había pensado, pero quizás mi estadía en este lugar no resultara ser tan pacífica como lo pensaba. Ryan me regaló una sonrisa, lo miré con pesar mientras recorría su bonito rostro con la mirada.
— No te preocupes por mi, linda, ya viste lo que soy, sano muy rápido, estos no son más que solo rasguños, te veo luego.
Me guiño un ojo y se marchó, cerré la puerta poniéndole seguro en lo que le echaba un vistazo al uniforme, mis ojos se abrieron de par en mar, sin duda era... muy poca tela, suspiré pesadamente dejando caer la prenda en mis muslos, el pequeño cachorro ladeo la cabeza al mirarme con atención.
— Creo que mi estadía aquí no será del todo tranquila.
~~~~~~~~~~~
Al mirarme al espejo no daba crédito a m reflejo, parecía... un disfraz de sirvienta sexy que compraron en alguna tienda de disfraces barata, la prenda apenas y cubría mi trasero, tenía que ser cuidadosa al agacharme, mis pechos estaba prisioneros en la tela haciendo que una parte de ellos se asomara por encima.
— Parezco... una prostituta...
El cachorro a mi lado soltó un chillido, no tenía una amplia gama de prendas así que lo más que pude hacer fue ponerme unas medias oscuras y un short de mezclilla debajo para no sentirme tan destapada, tenía unas mangas negras, eran como guantes largos que dejaban mis dedos al descubierto, no me gustaba tener mis brazos descubiertos, así que con eso me cubrí esa parte, en tanto al pecho... no tenía alguna camisa para taparlos, los odiaba.
Fuertes toquidos en mi puesta me hicieron pegar un brinco, la perilla comenzó a girar estaban intentando abrir, me dio pavor que se tratara de cierto hombre aterrador de cabellos oscuros y ojos grises así que corrí abrir la puerta.
— Oye, sirvienta, tenemos hambre.
Al abrir me topé con un chico de cabellos rubios opacos y ojos de un tono azul intenso, al verme sus ojos viajaron a mi llamativo escote, para después seguir viajando inspeccionado mi atuendo, al regresar a mi rostro se topó con una mirada molesta que él ignoró totalmente.
— Ven, la cocina está por aquí...
Cerré la puerta tras de mí, regalándole una gran sonrisa al cachorro, estaría regresando cada 10 minutos para revisarlo, recorrimos el largo pasillo, eran unas 10 habitaciones en total, doblamos a la izquierda y pasamos por una amplia sala con una televisión plasma enorme y al final llegamos a la cocina.
Era bellísima, todo era de un color cromado muy lindo, había una barra que dividía la cocina y el comedor, observé asombrada el lugar, mis habilidades culinarias no eran perfectas, pero había aprendido a cocinar cuando estaba en casa de mi tía.
— No tenemos muchos ingredientes, nadie aquí sabe cocinar, pero, ya que tú serás la sirvienta espero que si sepas...
Ignoré su tono de voz irónico y me metí en la cocina, lo primero que hice fue revisar que había en el refrigerador, como mencionó, no había mucho... solo un par de vegetales, pero al abrir la nevera tenían bastante provisión de carnes, tomé una bolsa con filetes, la puse a descongelar y procedí agarrar papas para hacer un puré y saltear algunas otras verduras como acompañamiento.
El chico de ojos azules se marchó y en repetidas ocasiones escuchaba ruidos que me hacían voltear, pero solo eran chicos pasando, después dejé de estar atenta a cada uno de los ruidos ajenos a la cocina.
— ¿De dónde salió esta prostituta?.– la voz molesta de una mujer se escuchó muy cerca, volteé y estaba sentada en una de las sillas de la barra mirándome fijamente, tenía unos ojos tan oscuros que sus pupilas se combinaban con las iris y su cabello era largo, n***o y lacio.
— Rex la trajo aquí... será la sirvienta. - un chico que iba de salida le respondió por mí, yo permanecí en silencio, mi presencia parecía no ser de su agrado.
— No necesitamos una puta sirvienta.- ella brincó de su silla y empezó avanzar dentro de la cocina donde yo estaba, mi corazón comenzó a latir con fuerza al percibir la hostilidad con la que se acercaba la mujer.— ¿No me escuchaste? será mejor que te largues ahora, maldita gata.
Al llegar frente a mí, de una manera brusca me tomó del brazo, lo apretó con bastante fuerza y considerando que había recibido unas cuantas patadas en esa zona me aguanté de no soltar un grito de dolor. Estaba en una de esas situaciones entre la espada y la pared, no sabía que hacer, así parecía ser mi vida, salir de un embrollo para meterme a otro.