Se dio cuenta de que no iba a ceder, así que condujo en dirección contraria. Nunca he visto a nadie conducir tan mal. Adelantaba a los coches de cualquier manera, y yo tenía mi frágil corazoncito en la mano todo el camino. Exhalé un gran suspiro cuando lo vi aparcado a la salida del aeropuerto de la ciudad. Sale como una furia, casi corriendo, y yo le sigo al mismo ritmo hasta que entramos en el vestíbulo. Está hablando con un hombre de uniforme y justo cuando estoy a punto de avanzar, el tipo me bloquea el paso. Por la sonrisa de mi hermano me doy cuenta de que ha tenido algo que ver. ¡Qué idiota era ese tipo! El hombre me acompañó al exterior, donde me vi obligado a esperar, rezando para que no consiguiera encontrarla. Su rabia podría hacerle cometer alguna locura. Llevo casi una hora e

