El carruaje de Ethan se alejaba de la Gala a toda prisa, dejando atrás el murmullo de la sociedad de Eastbourne. Natalie Pierce, aristócrata de la Gentry con un inmenso capital, estaba lívida. El fracaso de la noche era evidente en el temblor de sus manos enguantadas, nada salió como tenía previsto. Ethan, humillado, apretó el puño. El estigma social era peor que cualquier herida de guerra. —Una actuación pobre, Ethan —dijo Natalie con voz venenosa, clavándole la mirada—. Te dejó como el cobarde que abandonó a su hijo y a su prometida. Y lo que es peor: él te eclipsó como siempre. Ahora tienes que soportar que el heredero del Condado Roland-Coventry te supere por el prestigio asociado al título de esa mujer. En Eastbourne, Elliot ha ganado la primera batalla. Ethan cerró los ojos. La

