Los días después del duelo se movieron en una niebla de formalidades y dolor. La versión oficial era que Ethan, el Capitán que regresó de la guerra y que nunca se recuperó de sus heridas, había muerto en un trágico accidente de caza. La Duquesa Amelia, su antigua prometida, y el Duque Elliot, su Amigo de la infancia, lo habían visto por última vez la noche anterior. La sociedad se tragó la mentira por decoro y por respeto al poderoso nombre de Roland-Coventry. Elliot manejaba los preparativos del funeral con una frialdad casi inhumana. Cada vez que daba una orden, sentía el peso de la confesión de Ethan: "Mi último, y más grande, acto de misericordia." Esto no lo aliviaba; solo intensificaba su dolor por haberse convertido en el vehículo de la liberación de su amigo. Amelia, frágil, habl

