FLASHBACK - ETHAN
Ethan yacía desplomado en un sofá Chesterfield de cuero gastado, con la mirada perdida. Su cinismo no era un escudo, sino una gangrena que le consumía lentamente.
La tiranía de sus padres no estaba en los gritos, sino en el peso de cada mueble de caoba, y el silencio opresivo que le recordaba su incapacidad para ser cualquier cosa que no fuera su marioneta. El lujo solo sirvió para magnificar su miseria, haciendo de su prisión dorada un infierno privado.
Pasar tiempo con mis padres era una condena. Pero estar a solas con mi madre era la peor de las torturas. No había en ella una pizca de amor; todo era fachada y la fría aritmética de la posesión.
El internado fue mi única vía de escape, y allí encontré a Elliot, el único hermano que tuve. Mi amistad fue, en inicio, solo una conveniencia familiar.
Ahora me siento servido en una bandeja de plata. Me han arrebatado lo único que me quedaba: mi libertad. Adoro a Amelia, sin duda, pero la soga en el cuello del compromiso me hacía sentir incómodo y molesto.
—¿En qué demonios me metí? —Arrojando el vaso de whiskey contra la pared.
El cristal se hizo añicos, un eco de la impotencia que le carcomía.
No sabía cómo quitarle a mi madre la maldita idea de arruinar la reputación de Amelia para "acelerar" las cosas. Al mismo tiempo, el deseo absoluto de huir de todo me quemaba, incluida Amelia.
El sonido familiar de los cascos de un caballo me sacó de mi estupor. Elliot.
Venía a sermonearme de eso estaba seguro.
—Ya pasé —interrumpió Elliot, entrando en mi suite.
—Bueno, amigo, como sabes, esta es tu casa —dije, sonriendo con una ironía vacía—. Dime qué te trae por aquí.
Elliot me observó. Conocía esa mirada; la que juzgaba, la que estaba molesta.
—Estoy esperando una explicación —expuso Elliot con calma forzada—. Vine a escucharla a falta de noticias. Supuse que no tenías intención de enmendar tu actitud esquiva con Amelia.
—¿Lo que te trae es Amelia? ¿No sabías que ahora eras mi niñera? —respondí con descaro.
De un momento a otro, Elliot me levantó de la solapa. —¡No te burles de mí, Ethan, quiero respuestas!
De pronto, la carcajada que me brotó de la garganta se volvió un llanto estrangulado. El semblante de Elliot cambió. Me soltó y me atrajo a un abrazo que me hizo tanta falta.
—¡Por amor de Dios, Ethan, ¿qué es lo que pasa?! Sabes que cuentas conmigo.
—¿Qué pasa? ¿No le gusta Amelia? —soltó, refiriéndose a mi madre.
Solté otra carcajada histérica. —¡PEOR! Le encanta. —Le di un trago al vaso y nuevamente rompí en llanto—. La van a hacer trizas, Elliot, por mi culpa la van a destrozar.
Caí al piso entre sus brazos. —No soy tan fuerte como para enfrentarme a ellos. ¿Cómo lo voy a hacer por Amelia? Ella no tiene tampoco ese temple.
Elliot me sostuvo. —No menosprecies la fortaleza de Amelia. Ella tiene carácter. Podrá manejarlo, estoy seguro, solo necesita la confianza de tu cariño.
—Ethan, contéstame, ¿la amas? —dijo de repente Elliot.
—Sí… sí, claro —titubeé, sintiendo la mentira en la boca, una mentira que le dedicaba a mi amigo.
Elliot me levantó. —No te rindas, Ethan, eres mejor que esto. Mañana será otro día. Debes ver a Amelia, te extraña tanto. Y le llevarás flores, más hermosas para disculparte.
—¿Flores? ¿Cuándo le llevé flores? —repuse cansado.
—Hoy, Ethan, hoy le llevaste flores —me dijo Elliot.
—Pero yo nunca le he dado flores a nadie —contesté, fatigado.
—Esta vez lo hiciste y mañana lo harás de nuevo —me regañó.
—¿De qué color fueron las flores de "hoy"? —pregunté fastidiado.
—Blancas —me dijo, quitándome el vaso de la mano.
—Qué cliché — repuse.
—¡Basta, Ethan! Yo no soy tu casamentera, ni tu niñera. Soy tu amigo, y como amigo te digo que le lleves unas malditas flores. No permitiré que te burles de lo que hice porque tú no la has visto los últimos cinco días a punto de llorar. Verla decepcionada por no verte, eso me lo tuve que soportar yo.
Elliot se dio la vuelta. —Si no querías estas "complicaciones," ¿por qué iniciaste el cortejo? Asúmelo, por favor.
—Discúlpame —le dije, más serio—. Mañana le llevaré flores sin falta. ¿Al menos le gustaron?
—Claro que le gustaron. Me retiro. Por favor, aséate y deja de beber. Piensa en ella. Ha tenido que regresar diario con el desaire de tu abandono, y sus compañeras pueden ser crueles.
Sin voltear a verme, Elliot molesto y hastiado salió de la habitación.
Todo iba mal. No podía ir mal con Elliot, y no quería que fuera mal con Amelia. De lo demás, me ocuparía más tarde…