La mañana después de la llegada de Lord Gabriel Hunt, la mansión de Eastbourne zumbaba con una nueva energía. Los abogados de Elliot y Gabriel trabajaban de forma remota para formalizar la adopción de Amelia, una estrategia legal brillante que aseguraría su herencia de manera inexpugnable. —Esta es la jugada final, Amelia —explicó Lord Gabriel, examinando los documentos en el estudio de Elliot—. La ley inglesa es un monstruo de tradición. Al adoptarte legalmente, te convierto en mi hija y heredera directa de la Casa Hunt. Ningún tecnicismo podrá jamás revertir tu fortuna, ni la de Evan. Amelia sintió una gratitud abrumadora. La seguridad no venía solo del amor de Elliot, sino de la lealtad póstuma de su padre, Maximiliano, el la seguía adorado aun después de su partida. Mientras Elliot

