Dos semanas pasaron desde la victoria en la corte. El temor inicial a la carta de Ethan se había disipado, reemplazado por la fe en la nueva seguridad implementada por Elliot. La vida en Eastbourne había alcanzado una serenidad que Amelia nunca había creído posible. La adopción formal de Amelia por Lord Gabriel Hunt se había cerrado legalmente, convirtiéndola, incuestionablemente, en la heredera universal de la fortuna Hunt. El Conde Stephan, totalmente recuperado, miraba a su familia con una nueva, silenciosa aprobación. Elliot y Amelia se permitieron disfrutar de esta felicidad. Ya no eran fugitivos. La bendición de su matrimonio y la seguridad de Evan eran absolutas, la alegría no podía ser más grande. —Mira esto, Elliot —dijo Amelia una tarde, mientras Evan jugaba tranquilamente en

