Amelia regresó a la mansión de Elliot. A pesar de la ligereza que le había dado el respaldo y el cariño de la Tía Beatriz, la casa se sentía anormalmente quieta, un silencio tenso que presagiaba la tormenta. Luisa, la ama de llaves, la esperaba en el vestíbulo, su rostro una máscara de preocupación apenas velada. —Señora, acaba de llegar la prensa. Y la correspondencia no es buena —murmuró Luisa, entregándole una pila de periódicos y un sobre lacrado. El titular del Eastbourne Chronicle golpeó a Amelia con la fuerza de un puñetazo: "El FALSO HÉROE y la DUQUESA SIN DOTE: ¿Un Matrimonio de Conspiración para Influenciar el Título de Hunt?" El artículo, sin firmar, citaba a "fuentes anónimas cercanas a la Oficina de Guerra" y pintaba un retrato escalofriante de Elliot: un estafador codici

