Capítulo 15

2015 Words
El sol salía para ambos como el comienzo de un nuevo día, pero esta vez estando separados; Aimar despertando en los brazos de un chico que conoció en la noche y Renard en el sofá donde se quedó dormido esperando a que Aimar regresara. - Buenos días linda. - Buenos días. - ¿Cómo amaneciste? - Creo que la respuesta es obvia, pero me duela la cabeza por la resaca. - Jajaja, hay pastillas para la resaca en el cajón de la mesita de noche que tienes de lado. - Gracias. La abrir el cajón Aimar no solo encontró las pastillas si no algo más llamativo. - ¿Qué es esto? - Oh eso es un arma linda, ten cuidado. - Wow, nuca había visto una. - ¿Y qué te parece? - Te sonora de locura pero me gusta. - Entonces estamos locos tú y yo. - Sabes a pesar de que tengo poco tiempo de conocerte me siento mucho mejor a comparación de todos los meses que llevo casada. - Haces que suene que soy una maravilla de persona. - Sabes algo me di cuenta algo al estar contigo. - ¿Qué cosa? - Mi peor miedo se hizo realidad, al casarme. - ¿Así? ¿Cuál es? - Despertar al lado qué pensaría que fuera el amor de vida y yo el suyo esa era mi más grande sueño, pero  mi mayor miedo es que en realidad fuera una gran mentira que duele al despertar cada día, de una amor y alegría que no existe en un matrimonio y que al final esa persona no fue el amor de tu vida. Viéndolo bien así es mi vida desde hace unos meses. - Entiendo, te casaste con una ilusión que al final se volvió una pesadilla, pero sabes al menos ya te diste cuenta de que eso no era real y que se le tiene que poner fin, muchos no se dan cuenta de eso. - Si, así es. Oye ¿Sonara aún más loco si te pido que me enseñas a usarla? - Ya te dije al aparecer estamos locos tu y yo. Pero no solo te enseñare a usarla si no también te la daré como regalo. - ¿Por qué? - Como un recordatorio que una nueva etapa en tu vida empieza y otra está por llegar a su fin. - Gracias entonces, pero no solo por el arma, ni por la noche, si no por hacerme ver la realidad de las cosas en mi matrimonio y en darme alegría que hace tiempo no sentía. - De nada linda. Aimar decidió estar con el chico todo el día, no solo aprendió a usar un arma si no varias cosas que no se había percatado de su matrimonio; mientras tanto Renard estaba más que preocupado por Aimar, sabía que no estaría con su familia o con sus amigos ya que ella no era de expresar sus problemas a otra persona que fuera a él, estaba preocupado por ella, sentía culpa y muchas emociones encontradas, pero gracias a eso admitió dentro del él que ya no la amaba pero si la quería lo suficiente, para pasar su vida con ella. Aimar no llego a su casa hasta que la noche de nuevo cayo, pero se sorprendió al ver tan preocupado a Renard. - ¡¿Dónde estabas?! - ¿Eso importa? - ¡Claro que sí, te espere toda la noche y día!, ¿Dónde estabas? - Mira si estabas preocupado estoy bien, de acuerdo. - ¿Pero dónde estabas? - Por ahí, no te preocupes por mí, ahora déjame darme un baño y descansar. Dijo eso ultimo Aimar para entrar a la habitación que compartía con Renard, antes de bañarse tenía que guardar su regalo, pero Renard entro deprisa detrás a ella a la habitación. - ¡¿Qué es eso?! - Un arma. - ¡¿Por qué tienes eso?! - Necesitaba protegerme ayer que estaba sola en calle, así que no te preocupes donde estaba anoche y todo el día, ¿Esta bien? - Pero… - Voy a darme un baño. Dijo eso y Aimar guardo el arma en un cajón en una de mesita de la habitación y fue a tomarse un baño. Dejando confundido y preocupado a Renard, no solo por su actitud si no por el arma, pero lo que más le preocupaba no era eso si no, ¿En donde estuvo toda la noche de ayer y todo el día?; espero que Aimar saliera de bañarse para hablar con ella, al salir noto una marca en su piel; lo cual a Renard  no pudo evitar decir algo al respecto. - ¿Y esa marca?, ¿Te fuiste con alguien anoche verdad? - Mira Renard si así fuera no te debería de importar, ¿O sí? - Pero…no lo niegas, entonces si te fuiste con alguien. - Al menos yo si lo admito y si, si me fui con alguien anoche, a pesar que estaba ebria en un bar lo pensé, ¿Pero que tenía pensar si, a quien pensé que me amaba ya me fue infiel? - Pero… ¿Por qué lo hiciste? - Supongo que la repuesta es la misma a la que pensaste cuando tú lo hiciste. - Pero Aimar tú no eres así, ¿Por qué? - Renard, ¿No crees que lo mejor sería divorciarnos ya?, esto no está funcionando para nada, es como un hilo en una medida que se derrite y ya no flota, solo se hunde. - Pero yo no quiero Aimar. - Mira hablamos mejor mañana, ahora solo déjame dormir. Sin más que decir Aimar se acostó en la cama que compartía con Renard, mientras el pensando se dio cuenta que esta podía ser la última noche que dormiría al lado de Aimar si ella no cambiaba de opinión. Así que se acostó junto con ella y se acercó solo lo suficiente a ella para sentí su calor, Aimar a un seguía despierta pero no quiera seguir hablando con Renard, por unos minutos solo se oía silencio y suaves respiros de ambos, pero a pesar que estaban juntos en la misma habitación, en la misma cama y respirando el mismo aire parecían estar lejos del otro, Renard fue él se acercó a ella abrazándola por la espalda. Aimar se quedó quieta por tal acto, después de eso sentía el respirar de Renard en su cuello y el calor que él le daba, se sentía de alguna manera bien para los dos, ya que hace meses que ellos no se abrazaban y cuando Aimar lo intentaba Renard se apartaba subconscientemente, se sentía caos en el ambiente y tristeza en ese momento, el matrimonio joven y feliz de un principio, estaba acabando y con un final triste. Después de un rato Renard hablo. - Oye Aimar, sé que estas despierta, pero quiero decirte que lo siento, sé que  no repara nada que me disculpé, pero también quiero decirte que entiendo de alguna manera de que te hayas ido con alguien más, mira por mí no hay problema de que estés con alguien, pero quiero que sigas conmigo, porque te quiero en mi vida aun. Así que por favor piénsalo antes de decidir que nos divorciemos. - Ya hablaremos de eso mañana. - De acuerdo, pero… ¿podríamos intentar de nuevo? - ¿Qué cosa? - Lo que hicimos en nuestra noche de bodas, pero si no… - Podríamos, pero no creo que se sienta igual que antes. - Puede que no o puede que sí, pero no sabremos si no lo intentamos. - Creo que… podríamos intentarlo. Sin más esa noche la pasaron juntos, demostrando lo último o lo que tenían de afecto del uno por el otro, pero al final Aimar tenía razón ya no era  lo mismo. Después de esa noche Aimar se fue temprano de casa para ir a ver el chico que conoció en el bar y hablar de lo que había sucedido, mientras que Renard despertó solo en su cama y en su casa, sin Aimar sintiendo una gran soledad por su ausencia. - ¿Entonces pasaste la noche con él? - Si, así fue. - ¿Y qué piensas hacer al respecto? - Mis planes no han cambiado en absoluto. - ¿Entonces sigues firme con tu decisión de divorciarte de él? - Si. - Eso bueno. - ¿Enserio? - Pronto podrás comenzar de nuevo linda. - Creo que es lo mejor. Cuando cayó la noche Aimar volvió a su casa, pero de nuevo le sorprendió al ver a Renard esperándola. - Llegaste tarde pero no tanto. - Sí, pero eso no tiene que importarte. - Tal vez si… - Escucha Renard ya tome mi decisión y es la misma. - ¿Pero por qué? - De verdad creo que es lo mejor para los dos separarnos. - ¿Pero acaso ya no me amas? - ¿Disculpa? - Se supone que tú aun deberías seguir amándome. - Pues eso creo que ya no es posible. - ¿Acaso te enamoraste de alguien más? - Mira si fuera en ese caso, sería mi problema y no el tuyo. - ¡No! - ¿No? - ¡No!, tú no eres así, tú eres buena persona y se supone que me serias fiel hasta el final. - ¿Cómo te a través a decir y a pedir algo?, que claramente tu no hiciste. - Porque yo… - ¿Porque tú?, mira Renard tu ni sabes que quieres. Así que déjame en paz es mi vida y mis decisiones. Mira firmaremos el divorcio y cada quien por su lado. - ¿Y lo de anoche, no fue…? - Renard fue lo mismo, lo de anoche. Hoy dormiré en cama y tú en el sofá, nos iremos turnando, hasta que uno… - ¿Se mude? - Si. - Eres muy egoísta. - ¿Que? - No puedo creer que no pudiste dar otra oportunidad y  te fueras con otro, pensé que lo habías hecho para estar a mano pero no. - ¿Estar a mano, en qué?, cuando eres infiel y rompes algo, no se arregla de la noche de la mañana, ya que eso nos e arregla. - ¡¿Pero qué rompí?! - ¡Mi corazón!, lo que nos mantea unidos era yo, pero simplemente ya no quise seguir así contigo ya no. - Eso no es verdad. - Claro que sí. - Ya lo había dicho antes y ahora lo confirmo, este fue y ha sido el peor error de mi vida al casarme y pensar que nos amaríamos hasta el final de nuestras vidas, pero al final acabo el amor es pasajero y se acaba, cuando eso pasa te das cuenta de los errores que cometes por ese amor que no es verdadero. - No, ¿Sabes cuál fue tu error?, es que piensas que las personas buenas cada vez que las rompen no harán nada, que solo se reconstruirán y seguirán como si nada en la vida, tal vez unas aprendan algo, pero la realidad es que tarde o temprano te devuelven el favor y si es posible de una manera más cruel, de la que ellos sufrieron. Pensar que una persona por más que te la rompas y te siga amando igual, un día todo eso amor se apaga en una oscuridad, la cual aguarda reconstruyendo a esa persona a través del dolor y solo espera el momento indicado para salir y atacar el verdadero origen del sufrimiento. En ese momento se acercó al cajón de una mesita de noche que yacía a lado de ella y saco la arma. - ¿Qué haces? - Devolviéndote el favor de haberte amado con mi vida. - ¿Pero qué…? - Hasta aquí llegó nuestro amor. Sin más jalo el gatillo del arma y lo único que quedo de ese lugar, de ese matrimonió, fue un sonido y un charco de sangre, pero ninguna pisca que alguna vez existió amor entre esas dos personas, solo las ruinas fallidas del matrimonio Suaste.
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