Capitulo 2

1421 Words
PERSPECTIVA DE SILAS Una humana. Una maldita humana. Estaba emparejado con una humana. Débil, patética. Humana. Esto era una mierda. Necesitaba que me rechazara para poder ir a buscar un cambiaformas de verdad al que reclamar y con quien prosperar. Miré fijamente al Beta que estaba a su lado, rodeándola con su brazo. ¿Un novio? Entonces debía saber de cambiaformas. Así que esto sería sencillo. Le explicaría la confusión; no querría dejar a su novio y simplemente rechazarme. Sencillo. Me acerqué furioso al grupo formado alrededor de ella y su novio. El Beta se inclinó hacia delante, tendiéndome la mano. —Oye, soy Lucas, tío. Tú... Le espeté. —Oye, Lucas. ¿Te gustaría ir a jugar al hielo? Lucas arqueó las cejas hasta la línea del pelo. —¿Qué quieres decir? Miré a Owen, luego a mi compañero. Owen lo entendió al instante. Por eso era mi mejor amigo. —Sí, tío. ¿Qué tal si te llevamos al hielo y jugamos al disco? Lucas miró a su novia. —¿Te parece bien, nena? La palabra "nena" para mi compañera me hizo apretar los dientes. No la quería, pero hasta que se rompiera el vínculo, necesitaba que le quitara las manos de encima y no la llamara nena. —Me quedo y le hago compañía. La mirada de Lucas se dirigió a mí. —¿Eh? Me encogí de hombros, intentando parecer indiferente. —Seguro que no quiere quedarse en un vestuario, y tengo algunos correos que ponerme al día. Puede quedarse un rato mientras los contesto. Cosas de hockey, ¿sabes? Lucas me miró con recelo un momento, pero luego volvió a mirar hacia mi compañera. Ella asintió. —Adelante, cariño. ¿Yo estaré bien con...? Gruñí. —Silas. —Estaré bien con Silas. Seguro que seremos mejores amigos cuando regreses. Me burlé. Mi actitud pareció confirmar la decisión de Lucas. Se abalanzó sobre ella y le dio un beso en la cabeza. —¡Muchas gracias! ¡Volvemos enseguida! Volviéndose hacia Owen, juntó las manos. —Sí, tío. Esto va a ser genial. Owen me lanzó una mirada fulminante, una que decía que le debía una. Y sin duda. Le explicaría mi situación más tarde. Sería más comprensivo con mi situación. Sabía que nunca podría aparearme con una humana. Mi familia me renegaría. Observé cómo el pequeño grupo de mis amigos y el idiota de Lucas el Beta, que tenía demasiadas manos y labios, se preparaban para salir al hielo. Mi compañera estaba allí, con los brazos cruzados, observándolos también. —¿Cómo te llamas? Se giró ligeramente hacia mí. —Aurora. Hermosa. —Un nombre cliché. Resopló. —Dice el tipo que lleva el nombre de un personaje de Crónicas Vampíricas. —¿Un qué? Ella negó con la cabeza. —Nada. Atrasado de tu época. Pero el nombre sigue ahí. —¿Mi época? Se giró hacia mí. —Bueno, quizá no. Es una serie antigua. Pero no tanto como para que te pongan ese nombre. Quizás hayas oído hablar de ella. Crónicas vampíricas. Es una de mis favoritas. La he visto seis veces. La miré fijamente. —No. Nunca he oído hablar de algo llamado Crónicas vampíricas. Me preocupa más que insinúes que soy viejo. Se encogió de hombros. —Bueno, tú eres mayor que yo. Me reí. —¿Cuántos años tienes? —Dieciocho. ¿Y tú aparentas qué, minimo 20? ¿Quizás treinta? Me quedé boquiabierto. —¿Hablas en serio? Encogiéndose de hombros de nuevo, se apartó de mí y vio al grupo salir por la puerta. El idiota de su novio le lanzó un beso, que ella, cursi, atrapó y se guardó en el bolsillo. ¡Genial, era una de esas! ¡Qué asco! —Solo tengo 22 años. —Suficientemente mayor. La miré fijamente a un lado de la cabeza. Necesitaba cambiar de tema. —Entonces, ¿cuánto tiempo llevan tú y el... Lucas saliendo? Miró a su alrededor, ignorándome. —¿Te importa si me siento en uno de los bancos? Me duelen los pies. Agité una mano. —Adelante. Entonces, ¿tú y Lucas? Se dejó caer en el banco más cercano. —Unos seis meses. Desde que empezamos la universidad. Nos conocimos en la orientación. Es poco tiempo para que se sincere sobre ser un cambiaformas. Tal vez... necesitaba hacer más preguntas. —¿Él... son cercanos? Asintió. —Nos queremos. ¿Por qué preguntas? Me senté a su lado. No estaba seguro de qué podía preguntarle para acotar lo que necesitaba saber. —Lucas debe ser un chico único para ti. —Eh, ¿supongo? No. Sí. No lo sé. ¿Qué significa eso? Sin apartar la vista del suelo, continué. —Sabes. Está en muy buena forma, y ​​seguro que tiene reflejos rápidos... como... un animal. Oí un pequeño jadeo. —¿Estás insinuando que, por mi peso, es demasiado atractivo para mí? Ay. Ay, Dios mío. Aurora tenía curvas. Suave. Y guapísima. Y no era solo por el vínculo de pareja. Lucas, sinceramente, era el afortunado de haber encontrado a alguien como ella. Pero... necesitaba que me rechazara. Humana. Es una humana. Que al parecer no sabía nada de cambiaformas... La miré con desprecio. —¿Qué? ¿La verdad duele? Se apartó de mi lado del banco. —¿Para esto querías estar a solas conmigo? ¿Para poder sentarte e insultarme sin público? La miré fijamente cuando por fin me miró. Me incliné, acercándome mucho a ella. —Quizás no quería público para otra cosa. Abrió los ojos de par en par y se levantó. —Tengo que irme. Dicho esto, salió corriendo por la puerta, sin mirarme. Caliente, fría. ¿La había insultado y luego insinuado que quería follármela? Joder. Me dejé caer hacia atrás, tumbado en el banco. Esto no era bueno. Mi compañera era una humana que no sabía nada de cambiaformas. Pero, por alguna razón, estaba saliendo con un beta. Que ahora probablemente me odiaba, lo cual era un buen resultado. Y necesitaba que me rechazara. Genial. Simplemente genial. PERSPECTIVA DE AURORA Bueno, entonces el número 7 era el c*****o más grande del planeta Tierra. Al que, por lo visto, le gustaba follar con chicas más grandes. Tiré de mi camisa, ahora con timidez. Me apoyé en la pared, deseando que me absorbiera entre sus ladrillos de cemento para poder ahogarme. Ya no quería estar allí. ¿Por qué me insultaría y luego comentaría sobre tener sexo conmigo? Eso era muy raro. Quizás era lo suyo insultar y luego acostarse. A veces, los fetiches no tenían sentido para mí. Volví a ponerme la camisa. ¿Tan poco me favorecía? Había pasado casi una hora buscando el atuendo perfecto para esta noche. Una blusa rosa con mangas de malla para que, si sudaba, no se me mancharan. Mis vaqueros me quedaban perfectos, o eso creía. Ahora me preguntaba si tal vez me hacían parecer aún más gorda. Al oír voces al final del pasillo, miré hacia la pista y vi sombras. Bien, Lucas y los demás volvían. Quizás solo un poco de charla, y luego podríamos volver al campus. Y ya no tendría que ver la estúpida cara de Silas más. Cuando el grupo finalmente me alcanzó, vi la cara de Lucas roja de emoción. —Este ha sido el mejor regalo de mi vida, cariño. Me abrazó fuerte, apretándome con fuerza. Es fuerte, pero nunca me levanta como en las películas. Se me revolvió el estómago. Normalmente no me sentía tan cohibida con Lucas. Solo cuando las chicas nos miraban fijamente, juzgándonos en silencio. O cuando me miraba en el espejo. O cuando veía fotos nuestras juntas. O... bueno, parecía que era así todo el tiempo. Se recostó, con las manos sobre mis hombros. —¿Estás bien, cariño? Parece que algo te pasa. Le sonreí, intentando ocultar mis pensamientos. —Todo bien. ¿Podemos irnos? Estoy cansada y tengo que estudiar. Miró por encima de mi hombro, donde los demás nos observaban. —Los chicos me invitaron a salir con ellos. No sabía si querías... Le hice un gesto con la mano. —Oh, no, ve tú. Estoy bien. Voy a tomar un coche compartido de vuelta al campus. Solo prométeme que no beberás y conducirás. Sus ojos se iluminaron. —¡Muchas gracias! ¡Eres la mejor! Me abrazó de nuevo. Si iba con ellos, Silas sería uno más de la pandilla. Y quería estar lo más lejos posible de él.
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