A mitad del amanecer, Robert se levanta de la cama con mucho cuidado para no despertar a Lesley, cuando termina de cerrar las cortinas para que la luz no entre en la habitación, busca su ropa y se viste sin hacer nada de ruido. Baja al jardín y corta media docena de rosas. Las prepara a su gusto dentro de su despacho, y cuando ya las tiene de la forma más bonita posible, ordena en la cocina, que le preparen el mejor desayuno del hotel para dos personas. Sube directo a la habitación de Lesley, y con la tarjeta que le cogió prestada, entra en la habitación sin problemas. —Buenos días —dice Lesley, rascando sus ojos con los puños para poder abrirlos mejor. —Buenos días preciosa —la responde Robert con una sonrisa—. Traje un desayuno especial para la princesa del hotel. —De seguro qu

