SIETE Joe estaba en el aparcamiento y vio a un hombre que no reconocía entrando en la zona de los ascensores después de que le abrieron la puerta por el portero eléctrico. Lo siguió para ver en qué planta se bajaba. Le interesó ver que el hombre entraba en la antigua unidad de Eneida. Joe se dirigió al despacho de Rachel para dar un informe. Se sentó en la silla muy femenina, que ella tenía para las visitas. Nunca le gustó la silla porque era incómoda, pero reconocía su valor para fomentar las visitas cortas. —Hola, Joe. —Hola —saludó, mientras sacaba un paño del bolsillo para limpiarse el sudor de la parte superior de su calva cabeza—. Acabo de ver al nuevo residente de la ochocientos diez. Ha subido en el ascensor. —¿Ah, sí? ¿Qué aspecto tenía? —preguntó Rachel, curiosa por el hombre

