Quarin corrió al despacho de su padre y encendió el ordenador. Se conectó a la red interna para acceder a las cintas de seguridad. En poco tiempo localizó la grabación relativa a la zona de su despacho. Atrás… adelante… ahí estaba. Y allí estaba Joridey que, después de hurgar un poco, sacaba la llave del cajón secreto, lo abría y… ¡tomaba el collar! Quarin se levantó de golpe, llevándose las manos a la cabeza. NO. NO ERA POSIBLE. ¡Se había equivocado! ¡Y de lo grande! Siguió pasándose las manos por la cara y el cabello. No lo podía creer. ¿Entonces… había encerrado en la jaula a esa pobre chica, la había echado del barco sola, de noche… y era inocente? No, no podía haberse equivocado tanto en su juicio. Es cierto que no había tomado ella el collar, pero quizá había hecho otra cosa,

