Regina se alarmó, aquellas estaban completamente locas. Una rabia le recorrió el cuerpo y la hizo estremecer. ¡No iba a dejarse intimidar sin luchar! Una de las chicas se le lanzó encima, y ella se equilibró y le dio una buena patada de punta con la pierna libre gracias a la abertura del vestido. Aquella no se lo esperaba y encajó el golpe de lleno en el estómago, retrocediendo hasta caer sobre otra de las cinco. Las demás gritaron indignadas. “¡Maldita mona! ¡Ahora verás!” Regina no pensaba quedarse allí a recibir golpes, así que se quitó los zapatos y se dirigió hacia la salida, blandiendo los tacones como arma: “¡Atrás! ¡O será peor para vosotras!” Durante un instante se quedaron desconcertadas; no querían llevarse un taconazo de esos stilettos. Pero luego la rubia gritó: “¡Somos c

