11

2104 Words
Adiós Ainhoa, voy a amarte toda la vida, con cada poro de mi ser y extracto de la esencia de mi alma. Mi sueño siempre serás tú. El tiempo pasaba lento, al contrario de mi corazón acelerado. Sentado en la barra del bar de aquel lujoso hotel de blancas y doradas paredes colocaba una y otra vez la camisa negra bajo la chaqueta de mi traje color burdeos. Mis manos temblaban cada vez que alzaba el grueso vaso cargado de Jack Daniels de cosecha antigua, necesitaba el alcohol para calmar los nervios de reencontrarme con la que fue mi primer amor media década atrás. El taburete de piel sintética negra se volvía cada vez mas incomodo bajo mi cuerpo y no encontraba la postura correcta para sentirme tranquilo en aquella estancia llena de ricachones excéntricos y estirados adinerados. La había citado en el hotel mas caro de toda España. Quería que viera que ahora era un hombre exitoso, con logros en la vida, talento, ambición... y todo el dinero que algún día le dije que iba a tener, aunque sabia que en el fondo eso a ella le daba igual, o al menos yo no la recordaba como una chica material. Jamás esperé recibir un mensaje suyo y mucho menos después de tanto tiempo. Recuerdo decirle hace años que aunque ella me llamara después de cinco años, más tarde de las cuatro de la mañana, yo volvería sin dudarlo, y a pesar de que aquella noche me encontraba especialmente tranquilo fue la notificación de aquel teléfono que ni recordaba tener en mis contactos la que volvió a alterar mi corazón, como cuando me besaba con apenas veinte años: Ainhoa: Te echo de menos. Era lo único que decía, aunque adjuntaba una canción que me solía decir que le recordaba a mi, ''Dusk Till Dawn''. Debo admitir que la letra todavía revolvía sentimientos en mi pecho y era incapaz de no echarla de menos a rabiar cada día que pasaba, y a pesar de que me encontraba en la cúspide de mi carrera, con la vida resuelta y una de las mujeres mas bonitas del cine y la televisión a punto de convertirse en mi esposa... la extrañaba con cada átomo de mi cuerpo. Los mensajes siguientes no fueron mas que una reconstrucción exacta de la conversación que tuvimos cuando volvimos a hablar nuevamente después de una pequeña discusión que nos separó unos meses cuando eramos mas jóvenes. Ella bromeaba con aquello que sabia que podía calentarme y yo le seguía el rollo porque en el fondo estaba deseando que pasase pues estaba claro que media década después de besarla por ultima vez seguía atrayendo como la primera vez que la tuve encima con aquel bañador rojo apretado, restregándose contra mi polla... Puedo considerar que aquella fue la primera vez que realmente me encontré conectado con alguien de esa manera. Los días pasaban y cada vez nos mensajeabamos mas seguido, prácticamente nos pasabamos el día hablando y no tardamos demasiado en volver a las llamadas furtivas. Cuando tenia un hueco entre ensayo y ensayo mi mayor prioridad era llamarla. Tenía a una actriz preciosa en mi cama cada noche, pero en mi mente solo estaba aquella rubia de ojos verdes que me robó el corazón cuando era un niño. Iván: deberíamos quedar para tomar algo, ponernos al día... Me costó horrores enviar el mensaje, me preocupaba su respuesta, me mataba pensar que podía decirme que no. Ella estuvo escribiendo un rato y eso solo me hizo preocuparme mas. Ainhoa: No creo que sea la mejor decisión. No contesté nada, sentía como si me hubieran golpeado con una gran bola de construcción en el estomago y mi corazón fuera a salir por la boca.. Pero al cabo de unos pocos minutos volvió a llegar a mi teléfono una notificación suya. Ainhoa: ¿Cuando? Iván: Creía que pensabas que no era una buena idea. Ainhoa: Y no es una buena idea... Ainhoa: Pero nunca fuimos de hacer lo correcto. Ainhoa: Quiero verte. Iván: Yo también quiero ver. Hotel Plaza de España, Madrid. El viernes que viene a las 20:00. Habían pasado más de treinta minutos de la hora a la que debía haber llegado, y yo llevaba más de una hora esperando porque aquel día decidí llegar antes de tiempo, aunque podría culpar a la impaciencia y las ansias de querer volver a verla. Recordaba que solía ser impuntual, como aquellas tardes de verano donde acababa esperándola sentado en el portal de su casa porque nunca estaba lista a tiempo, o las veces que tardaba mas de la cuenta en llegar a la hora de comer cuando decidíamos pasar un sábado en mi piscina. Estaba absorto en mis pensamientos, acorralado en una esquina de la barra, apoyado sobre el mármol de esta, dando vueltas a los hielos de mi bebida cuando la vi. Cuando vi a aquel maldito ángel sin alas aproximarse hacia a mi. Mantenía todavía el cabello corto, un poco mas arriba de los hombros, con su rubio característico y unas preciosas puntas ceniza. Contoneaba sus caderas de izquierda a derecha, moviendo al andar el filo de su corto vestido n***o, al ritmo que sus hombros subían y bajaban un poco con cada paso. Su despampanante escote me absorvió al segundo, esos dos semicírculos perfectos que asomaban por encima de la tela del pecho y que se dirigían hacia mi dirección. Me quedé petrificado al verla, no sabia que hacer, solo quería lanzarme sobre su cuerpo cálido y darle cada uno de los besos que no le di en todos estos años. Pero me contuve. Me contuve de saltarle encima como un león a su presa. Me contuve de arrancarle la ropa y hacerle el amor ahí mismo, sobre el sofá de sky en el que se acaba de sentar dándome la espalda. Se giró coqueta hacia a mi, con una picara sonrisa en los labios, sabia perfectamente a que estaba jugando, conocía cada una de mis fantasías y estaba dispuesta a ponerlas todas en practicas. Yo esperé unos segundos antes de pedirle al camarero dos daikiris de fresa, bebida que supuse que le gustaría, y con las copas en ambas manos me aproximé hacia el pequeño reservado en el que se encontraba haciéndose la despistada. - Disculpe que la moleste. - Inicié la conversación con un hilo de voz pausado y algo ronco por los nervios, pero con un suave sonido aclaré mi garganta para continuar la frase. - No he podido evitar que está sola y no quiero sonar indiscreto o maleducado, pero le puedo asegurar que puedo hacer su noche mas divertida si me lo permite. - Intenté sacar mi tono mas sensual y convincente, pero ella y su característico humor me devolvieron una burla como respuesta. -Por lo que veo si que puede hacer usted mi noche mas entretenida. - Dijo señalando las copas de mi manos. - Sospecho que es el camarero, así que déjelas ahí y puede marcharse cuando quiera. - Sonrió para mi, sonrió tan tierna y juguetonamente que quedé embobado en la comisura de sus labios... y una inaudible frase salió de los míos. -Joder como te he echado de menos. - Me senté frente a ella ofreciéndole la dulce bebida y ella aceptó gustosa. Conversábamos sobre como nos había tratado la vida, como nos iba, como nos dejaba de ir, tantas cosas que contarnos... pero aun así sentía que nada había cambiado, yo tan solo veía a esa preciosa niña de dieciocho años que me derretía el corazón con cada palabra, con cada movimiento nervioso de nariz y cada giro de cadera, inquieta sobre la piel de su asiento. El tiempo pasaba y yo solo quería parar el reloj, quería quedarme con ella en aquella sala que se había vuelto desierta, no por falta de gente, sino porque todo a mi alrededor iba desapareciendo poco a poco y mi único foco de atención era el movimiento de su boca y sus intensos ojos verdes mirando fijamente mis labios cada vez que intervenía en la conversación. Me sentía demasiado lejos de ella, quería estar pegado a su cuerpo, aspirar nuevamente su olor, rozar su piel... así que con toda la cara dura que pude tener me levanté de mi asiento dejando la copa vacía sobre la mesa de cristal y mimbre n***o y me senté a su lado, y sin decir una sola palabra coloqué mi mano en su muslo desnudo. Se tensó ante el roce de mis yemas y me miró fijamente con los ojos muy abiertos intentando descubrir que pasaba por mi cabeza. Pero en mi mente solo se encontraba en aroma de su pelo, tan dulce, tan apetitoso. Hundí mi cara en su cuello para poder apreciarlo mejor y un suspiro salió de su cuerpo, toda la tensión que parecía haber acumulado se desvaneció junto a la relajación de sus hombros. -Quiero que vuelvas a ser mía, solo una noche mas. - Ella también dejó la copa sobre la mesa y se giró hacia mi apartándose un poco, lo justo para que nuestros rostros se quedarán a la distancia perfecta para lanzarme y devorar esos carnosos labios que tan loco me volvían. Pero no lo hice. -Sabes que esto en el fondo no está bien, yo tengo novio, tu te vas a casar, ademas...- Hizo una pequeña pausa dramática y en su expresión se podía notar la frustración. -Podría haber algún paparazzi vigilandonos ''señor importante''.- -Me dan igual los paparazzis, me dan igual los escándalos, me da igual ahora mismo todo, si no son tus labios no me importa nada. - Se mordió el labio inferior y sus mejillas comenzaron a colorarse, estaba tan bonita... -Fuiste mi debilidad. - Su frase en pasado se me clavó en el pecho. -Eres y seras siempre mi debilidad Iván. - Y ahí me di cuenta de que jamas me había sonado tan bien mi nombre en boca de otra persona, pues ella siempre había tenido una manera especial de decirlo, un tono exclusivo para mi. -Solo una noche, después podrás perderme de vista para siempre. - Su expresión comenzaba a relajarse y cambió drasticamente cuando al bajar la mirada vio asomando en el bolsillo de mi chaqueta la tarjeta de la suite que había reservado para los dos. Llevó su mano a mi mejilla y yo cerré los ojos con el tacto cálido de sus dedos, comenzó a deslizar la palma de esta por mi cuello, clavícula, pecho... pasando sus uñas por el contorno de mi mandíbula, como me conocía la hija de puta. Arrancó la tarjeta de mi traje y se levantó dándome la espalda, pero rápidamente se giró de nuevo para arrojar a mis piernas un pequeño mando a distancia, por su sonrisa curvada y picar supe perfectamente que era. Y con un movimiento de dedo que me imploraba que la siguiera comenzó a caminar dirección al hall principal en busca de las habitaciones. Yo la seguí a una distancia no superior a unos dos metros por aquel recibidor en el que solo resonaban sus tacones sobre la madera recién pulida, era alta, sus piernas opacaba la decoración pictórica del hotel, su cuerpo era tan atrayente que perdía la razón cada vez que la miraba fijamente. Subió las dobles escaleras principales contoneando el culo de una manera provocativa para que yo pudiera disfrutar el show plácidamente. Pero en lugar de limitarme a mirar me dediqué a jugar con los botones de presión del juguetito que me otorgaba tanto poder sobre su cuerpo, de vez en cuando la veía temblar a pesar de que intentaba hacerse la dura, otras veces dejaba escapar algún leve gemido o suspiro. Llegamos al ascensor, en silencio, estaba disfrutando de nuestro pequeño juego casi tanto como ella. Nada mas cerrarse las puertas frente a nosotros la acorralé contra el espejo y me lancé a su boca como un perro hambriento. Nuestro labios se fundieron en un pasional beso de película, recorriendo sus curvas con mis manos, jugando con mi lengua sobre la suya. Estaba tan cálida, había extrañado su sabor tanto como un pez extrañaría el agua. Sus manos acariciaban mi cabeza y sus largas uñas se clavaban en mi nuca, pegaba su pecho al mio y yo metía la mano por debajo de su vestido corto para volver a tener en mi poder ese duro y redondo culo. Salimos sin separarnos ni un milímetro del ascensor y entre besos y caricias llegamos a la puerta de la habitación. Ella abrió con agilidad y rapidez y en cuestión de segundos nos encontrábamos dentro de la suite mas lujosa que pude conseguir.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD