PVO Elrik. Estaba furioso. Molesto. Pero no porque ella creyera que su esposo es un hombre decrépito, a un paso de la tumba. No. Estoy así porque fue directamente hacia ese tipo. Dejándome a mí más caliente que agua en ebullición, y a mi amigo, con unas ganas tremendas de poseerla. Kenny Dickson, este será tu último trabajo en mi empresa. Eso dalo por hecho. Bajo la escalera recordando las palabras amenazantes de mi lobita gruñona. No ha cambiado tanto, la recuerdo celosa, posesiva, aferrada a mí como si el mundo pudiera arrebatármela en cualquier momento. —Ahora se rehúsa a caer porque no te recuerda, idiota —me digo para contener la rabia que me quema por dentro—Pero caerá. Y cuando lo haga, serás tú quien no la deje ni a su sombra. “¡Ladrón, intruso!” Me detengo y dejo escapar

