—¿Preocupada porque no ves a tu esposito, pequeña comelona? Jiji. —P-por supuesto que no. —Miento.—Debe estar siendo explotado por Mathias, claro, en el buen sentido. Más vale que llame ya o que se atenga a las consecuencias en la noche. —Y ya, no desvíes el tema y cuenta cómo es tu misterioso hombre. —Mmm… —Oriana. —Reclamo.—Habla, ya te conté lo que hice, ahora es tu turno del chisme. —Bien, bien, pero no sufras tanto. —Mira su reloj.—¿Por qué no vamos al comedor y te cuento en la esquina más alejada, eh? Ya casi es hora del almuerzo, y así nos relajamos por todas las horas que hemos trabajado. —Bien, dame un segundo y guardo el trabajo en un archivo y nos vamos. No tardo ni un minuto en alcanzarla. Ori ya está cuchicheando con un par de colegas, y por sus sonrisitas cómplices y

