Cuelgo, aún con dudas de si alguien oyó mi conversación. —No, igual no dije nada que pueda comprometerme. Si alguien escuchó que estoy embarazada, mucho mejor. Ya con el ánimo recuperado, voy hacia mi presa: el despacho de Elrik Kingston. Muevo mi melena, mis caderas, vuelvo a pasar una vez mi labial antes de tocar. Por lo visto su secretaria no está. Mucho mejor para mí. Pero ni toco el picaporte de la puerta, un sonido parecido a gemidos y jadeos entrecortados, me detiene. ¡¿Pero qué diablos?! —Eres insaciable, lobita, pero me gustas así. Ahogo un grito y retrocedo, tapándome la boca. No puede ser, no puede ser. Está con alguien adentro, ¡con alguien! ¡Y teniendo sexo! Lo que significa que tiene una amante. ¡Y de esta empresa! —¿Pero quién? ¿Quién se me adelantó? Giro un poco

