Irrumpo en la mansión como una tormenta, con varios de mis hombres cubriéndome y vigilando que nadie se acerque. Sé que el ruido que estoy causando atraerá a todos los curiosos de la casa. —¿Qué está pasando aquí? —la primera en aparecer es la vieja, quien se lleva las manos al rostro cuando me ve, pero no es la única que tarda en aparecer. —Sr. Kingston. El padre de Cassidy está de pie en medio de la sala, mirándome con una mezcla de sorpresa y tensión. Paso a su lado sin detenerme, directo hacia las escaleras. Pero él no me detiene. Nadie lo hace. Porque no estoy de humor, y eso se ve claramente en mis ojos. Termino de subir las escaleras y no pierdo el tiempo, de una patada rompo la puerta de la habitación de Cassidy, que está justo al frente. —¿Q-qué pasa? Y ahí está ella. En l

