PVO Cassidy. Los siguientes días después de saber que no pasó nada con Kenny fueron luz y paz, los más felices, por así decirlo. Y aunque ya no iba al trabajo —por orden de mi rubio; se dio cuenta el muy celoso de que me escapé de casa—, seguía apoyando a Oriana. Pero una noticia nos devastó, y eso hizo que papá estuviera más cerca que nunca de Marena y yo, solo pude ir al cementerio resguardada por un guardia, con permiso de mi esposito por supuesto. —¡Por Dios! —exclama Ori con tristeza—Sé que era una rata, una manipuladora, una vaga hasta ratera… —Ori. —La detengo. —Perdón. —Se persigna—Sé que está muerta y no debería hablar así, pero tampoco soy hipócrita para decir: “Ay, pobre, era una santa, una santa paloma” Ruedo los ojos y ella suelta una risita de burla. En los últimos día

