Los guardias se miran entre sí. Dudan. Pero la sonrisa de Ori —y la sugerencia de que sean ellos mismos quienes nos lleven a la empresa— termina por convencerlos. Acompañado de su carisma extrovertido y despreocupado, Ori los mantiene entretenidos durante todo el camino. Incluso llega a fingir que ya tenemos elegido el nombre del bebé, lo que arranca alguna que otra risa. Así, sin mayores problemas, llegamos a Telecom. Y en cuanto cruzamos la entrada, Ori no pierde el tiempo. Avanza directo hacia el despacho central de Elrik, tirando de mi mano para arrastrarme con ella. —Lo siento, lo siento, pero aquí la niña pequeña necesita a su esposo. Elrik, así como los gemelos, están en lo que parece ser una reunión. Serios, ocupados quizás, pero apenas me ve, viene hacia mí. —¿Qué haces aqu

