Lástima que no grabaré su formalización de pareja. —¡Ay, no! ¡¿Cómo crees?! No soy mala amiga para dejarte en el momento más importante de tu vida. Que se espere el gruñón. Solté una carcajada ante el insulto cariñoso con que se trataban estos dos, pero apenas vi de reojo uno de los test formarse una raya, sentí que se me salía el corazón. —¿Qué? ¿Ya? —Niego y le quito la vista de encima. Comienzo a caminar de un lado a otro, incapaz de quedarme quieta, mientras Ori se come una barra de chocolate con total tranquilidad, y yo me como las uñas por la angustia y los nervios, que explotan cuando mi celular suena. —¡Ay, Dios! ¿Quién osa llamar sin avisar? —Se queja Ori, con una mano al pecho. Lo mismo me pregunto. —Carwin. —Susurro mientras veo su nombre en la pantalla. —Ese hijo... cont

