Capitulo 1.

1987 Words
Por eso era buena y una de las mejores, no se puede ir por la vida sin antes estudiar cada uno de los movimientos de tus enemigos, en este caso me había pasado estudiando a Gerónimo Ferrara y a toda su descuidada organización. Decían que es uno de los mejores narcotraficantes del mundo, pero para mí no lo era o su competencia era peor que él, la cuestión es que fué muy fácil meterse en su mundo, solo se necesitó algunas mínimas mentiras y ya estaba dentro de su gran mansión, seré la profesora de idiomas de su hija. Ella será mi medio para llegar a su padre, debo seducir, hacer que confíe en mí y cuando menos lo espere acabaría con todos ellos. Ya tenía la primera fase hecha, ahora me tocaba la segunda parte del plan que consistía en cambiar por completo mi look, el cabello corto rubio ya no iba más, ahora era n***o y largo, mi tez blanca la habíamos bronceado un poco, nada debía mostrar que soy rusa aunque mi acento es un poco delatador hablaría en italiano con ellos para que no noten nada. Solo pocos días faltaban para infiltrarme en la mansión Ferrara. — ¡Vaya! — exclama Gauss al entrar al gran salón y verme. — Soy otra persona — acoto volviendo a mirarme en el espejo. No me quedaba para nada mal el pelo n***o y bien largo. — ¿Natasha? — cuestiona Gavriel entrando al salón principal frunciendo el ceño. — Natasha Smithers, de ahora en adelante — digo al cruzarme de brazos. Mi primo suspira. — Aunque diga que no igual lo harás — acota volviendo a suspirar. Gavriel no estaba seguro y creo que en cierto punto no confiaba en mí, Gauss por lo contrario es él que más me apoya en esto de infiltrarme en la mafia italiana, debía saber cómo ellos fueron capaces de robarnos los diamantes y sobre todo quienes son los traidores que trabajan para ellos. Me costó dejar que que el rey me de su autorización, pero cuando ví mi momento, lo usé y con un poco de manipulación de por medio obtuve mi objetivo. — Confía en ella, es la mejor — asegura Gauss con una gran sonrisa. — Está bien — suspira. — En la que vez que las cosas no van bien o noto algo raro que te ponga en peligro, iré a buscarte y si tengo que entrar con un tanque de guerra para salvarte lo haré — sentencia para luego retirarse. La mayoría del tiempo soy mala con él y con su futura reina, pero se que si tiene que poner a todos nuestros hombres y rescatarme no iba a dudar en hacerlo, Gavriel es leal además que valora mucho la familia y para su mala suerte soy su prima. — ¿Lista para infiltrarte? — me pregunta Gauss. — Si, pero primero iré al cumpleaños de mi hijo y luego tomaré un vuelo directo a Calabria — declaro mirando mi celular. Mi vuelo salía en menos de ocho horas. — Natasha — murmura mi primo con una mirada de reproche. — Es mi hijo y su cumpleaños — agrego mirándolo mal. — ¿Acaso no recuerdas que pasó hace unos meses cuando te vió? — pregunta bufando. — Se que me odia y yo me odio más por no poder ser una buena madre con él — suspiro y me levanto del sillón. — Voy a mirar de lejos como mi hijo festeja su cumpleaños número quince con su familia, no haré nada que lo altere, solo seré una simple espectadora — culmino tratando de sonar que nada de eso me afecta. — Natasha — trata de detenerme Gauss. — Como te lo dije me mantendré al margen y con respecto a mi misión, cuando salga de aquí usaré mi otra identidad, las comunicaciones ya las pactamos y no se preocupen por mí, ganaremos esta guerra — sentencio pasando a su lado. Mi primo toma mi brazo y me hace mirarlo a los ojos. — Cuídate, se que eres la mejor pero si algo se escapa de tus manos no dudes en avisarme porque iremos por tí — dice con seguridad. — Lo sé, Gauss. Solo te pido que cuiden a Sasha — digo antes de soltarme de su agarre. Sé cuáles son las consecuencias de pertenecer a la mafia, si algo salía mal y era descubierta irían por mi debilidad y para mi mala suerte la mía es mi hijo. *** Hace pocas horas mi vuelo había aterrizado en Chicago, estaba en la puerta de la casa de mi hermano en el auto que renté, meditando si entraba o no. Sasha me odia, tengo la culpa que él sea así conmigo porque mis secretos llevaron a qué la relación con mi hijo se terminará de romper. Fuí madre joven, diecisiete años tenía cuando llegó al mundo, fue producto de las constantes violaciones que mi hermanastro inflingia sobre mí, no quiero arruinar más su vida contándole esto y sobre todo quien es su padre, aunque tenga un parecido a ese mounstro se que no será igual a él, Dmitri y Helena son unos grandes padres que les están enseñando buenos valores, no se si elegirá ser el próximo líder de la Bratvá, ojalá no, pero si lo hace se que la educación que tuvo estos años servirán de algo para que no se convierta en alguien parecido a su padre. La gran casa estaba abierta, podía escuchar las risas de las personas, iba a mirar todo desde lejos como lo vengo haciendo todos los años por eso sin que nadie se de cuenta subí a la habitación de mi hijo, desde ahí y por los grandes ventanales observaba el gran patio que estaba lleno de personas y algunos adolescentes, la temática era el futbol americano, cuando mis ojos lo vieron sonreí mirando como su cara solo reflejaba felicidad, seré una mala madre por haberlo abandono con sus tíos, pero fue una de las mejores decisiones que tuve, conmigo hubiera tenido una inestabilidad emocional que no quería. — Sabía que eras tú — la voz de mi hermano me hace mirarlo y sonreír. — Dmitri — me acerco para dejar que él me abrace. — No tienes que esconderte — acota dejando un beso en mi frente. — Sigues teniendo tus dotes — bromeo al separarme de él. — Gavriel me informó de los problemas y estoy en alerta — me cuenta suspirando. — Si está trabajando para terminar con los problemas que él mismo género por su amor por la reina — ironizo. — Por amor hacemos hasta lo impensable, no lo culpo por ello y se que pronto se terminará el peligro — comenta pasando su brazo sobre mis hombros. — Eres siempre bienvenida a nuestra casa — agrega y ambos miramos por el gran ventanal. — No quiero hacerlo pasar un mal momento, es su cumpleaños — murmuro mirando a mi hijo que era abrazado por una pequeña niña. — Natasha — dice Dima. — Me odia, pero prefiero mil veces que lo haga a qué sepa la verdad — aseguro sin dejar de mirar a mi hijo. — Es el nuevo capitán de su equipo — escucho que me dice mi hermano orgulloso. Siempre tomé malas decisiones, pero haber dejado a mi hijo al cuidado de mi hermano y su esposa fue un de las mejores que pude tomar, Sasha estará mejor con ellos que conmigo. — Toma, este es su regalo — murmuro con tristeza sacando de mi cartera mi presente. — Dáselo tú — me aconseja Dmitri. — Te cuesta entender que él me odia, Dima, con eso no puedo luchar y merezco su forma de tratarme ... — — Eres su madre Natasha y no puedes rendirte cada vez que te grite que te odia — me interrumpe. — No le digas que es de mi parte — le pido marcando el regalo que había pensado para él. — Estaré en Italia un tiempo y no te preocupes si no te atiendo, debo resolver algunas cuestiones — agrego al acercarme para volver a abrazar a mi hermano. — Cuídate mucho — dice al estrecharme entre sus brazos. Dmitri no iba a preguntar nada, solo me diría eso porque sabe cómo son las cosas de la mafia. Sin que nadie note salgo de la casa justo para chocar sin querer con el magnífico Alexander De Luca, él es uno de los mejores amantes que he conocido y eso que estuve con muchos hombres, algunos de su familia también entraban en mi repertorio. — Natasha — me reconoce sorprendido. — Nuevo cambio de look — acoto mordiendo mi labio inferior. Me había acostado con Sebastián años atrás, fue el primer hombre con el que tuve sexo después de todo lo que pasé. Con él tuve una experiencia súper dulce porque me cuidaba en cada momento, luego unos años después coincidimos en una fiesta con el fogoso Eric Clayton, su pene es maravilloso y experimenté casi la mitad del kamasutra en una noche y por último lo quería a él, Alexander, el amante perfecto que toda mujer necesita, sexo y luego cada quien con sus temas, su forma de follar es única comparada con las tres, sin olvidar la dimensión de su pene porque es perfecto largo, ancho y que con solo pensar en lo que esconde detrás de sus pantalones mi boca se hace agua. — Hermosa como siempre — me halaga. — ¿Quieres venir conmigo a mi hotel? — soy directa porque su mirada me decía todo, ambos queríamos follar con el otro. No me gustaba repetir, pero ese pene de veintidós centímetros y capaz me quedo corta con el temaño, pero si comparo a Sebastián, Eric y Alexander, sin dudas el último es el mejor dotado y amante. Él me sigue con su auto, entramos al parking del hotel y le guiño el ojo para que me siga hasta el ascensor, al entrar quedo presionada entre la pared y su musculoso cuerpo. No le gusta besar, lo agradezco porque a mí me pasa lo mismo, los besos son algo íntimo, que puede representar muchas cosas. — Sexy — murmura repartiendo besos en la curvatura de mi cuello y su mano baja a uno de mis glúteos dando una dura presión. Sonrío de lado, mi mano se mete entre nuestros cuerpos hasta llegar a su pene para comenzar a acariciarlo sobre la tela de su pantalón y jadea ante mi suave prisión. El sonido de la puerta del ascensor nos hace meter rápidamente en la habitación donde está vez soy la que lo pongo contra la pared y me arrodillo ante él mientras bajo sus pantalones para apreciar su majestuosa obra de arte. Mi mano comienza a masturbarlo, mis ojos conectan con los suyos en el preciso momento que me lo llevo a la boca, doy una suave succión que lo hace jadear, lamo, vuelvo a succionar y chupo con fuerza hasta que sus manos toman mi cabello así comenzó a mover sus caderas follando mi boca con su pene hasta que se corre con un fuerte gruñido. — Mierda, Nat — jadea ayudándome a levantarme del piso. — Quiero mi recompensa, Alexander — pido sensualmente mientras quitó mi vestido para quedarme solo en bragas delante suyo. — Te follare como nunca — sentencia al atraerme a su cuerpo e impulsarme para que mis piernas se enganchen en su cadera. Nunca me equivoco cuando digo que Alexander es uno de los mejores amantes que conozco y sabía que sería una linda distracción antes de abordar mi avión a Italia. Por simples horas me olvidaba de mi misión, mi cuerpo solo se entregaba a la pasión dejando de lado todo mis problemas. El sexo siempre es bueno para olvidarse de todo y Alexander con su pene me tendrían entretenida.
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