CAPÍTULO 2: LA PROFECIA

3462 Words
Los dedos que trenzaban mi cabello eran rápidos, expertos. No me tocaban con ternura, sino con la precisión de quien viste una estatua. La seda deslizándose por mi espalda me provocaba escalofríos. No por el frío. Por el presentimiento. Trate de respirar despacio, intentando que la tormenta que estaba creciendo dentro de mi no se desatara, me habían maquillado, habían bronceado mi piel, habían peinado mi cabello como si fuera una auténtica reina, pero la imagen que me devolvía el espejo no era yo, era una impostora que intentaba no llorar. Clavé los ojos en el suelo de mármol azulado de mi nueva habitación. Era una estancia hermosa, grande, con lujosos muebles, hermosas cortinas doradas que caían por unos ventanales enormes, la habitación tenía incluso un balcón con vistas espectaculares al reino del Sol. Aquel cambio había sido decidido por mi madrastra, no sería apropiado que la nueva prometida del príncipe de Sendra durmiera en un ático polvoriento, sabía que, pese a su conveniencia, darme todos esos lujos no era de su agrado, pero debía resignarse si quería mantener la fachada. Las sirvientas murmuraban entre ellas con cortesía fingida mientras terminaban de arreglarme. El vestido era hermoso, de un color Azul cobalto, con detalles en gris perla haciendo honor a los colores del reino de Sendra, el Reino de las Sombras. Mangas largas y suaves, cintura marcada con un cinturón de plata opaca. Allí estaba yo, una versión de mí misma creada para agradar a alguien que aún no conocía. Y que quizá no quisiera conocerla. Las sirvientas se fueron dejándome sola unos momentos, me sentía incomoda en aquel pomposo vestido, no estaba acostumbrada a vestir de aquella forma tan elegante y correcta, como una princesa. Me asomé al balcón, dejando que la luz radiante del sol bañara mi piel ahora artificialmente bronceada. El reino de Solvarya era hermoso, basto, lleno de naturaleza, de belleza. Las casas, los rios, las montañas, todos tenían su lugar perfecto en aquel paisaje idílico. Echaría de menos todo aquello. ¿Como seria el reino de Sendra, seria oscuro? ¿Apagado? ¿Lleno de sombras? Nunca había estado allí, pero siempre se decía que era un reino lleno de oscuridad y secretos. Ellos dominaban la magia de las sombras. Podían meterse en la mente de sus enemigos, espiar en la oscuridad, en los sueños. No todos claro, igual que no todos en Solvarya podíamos invocar la luz para bendecir los campos y a sus gentes. Desde que el mundo se había fragmentado la magia se había ido perdiendo poco a poco y ahora solo un puñado de personas nacían con el don. Yo no era una de ellas, pero Selene si, aunque débil había conseguido invocar al sol en las clases, aquello había llenado de orgullo a Dareia, siempre repitiendo que Selene era una auténtica hija del sol, pero el mismo argumento que había usado para intentar que fuera ella la que se desposara en aquella boda ahora le servía para librarla de casarse con un monstruo. Respiré hondo y decidí enfrentarme a mi destino, hoy, a una semana de la boda, la familia real de Sendra vendría para preparar todo para el gran acontecimiento y yo debía jugar un papel para el que no estaba preparada. Caminé sin rumbo claro, buscando el salón principal donde debían reunirse antes de la llegada de los invitados. Al doblar un arco de entrada me detuve ya que escuché como mi madrastra y Selene hablaban entre ellas. Esas voces conocidas me frenaron como una bofetada. - Al menos así nos libraremos por siempre de ella - decía Dareia con su tono suave y venenoso-. Siempre ha sido una carga, pululando por este palacio como un recuerdo de los fantasmas del pasado. - Pero madre, y si ella se convierte en una reina poderosa, el reino de Sendra tiene mucha influencia - añadió Selene con un deje de celos y preocupación en su voz. - No seas tonta Selene. El rey tolera a Cael por imposición, ellos deben engendrar un hijo así lo dice la profecía, es el único hombre en todo esto, está obligado a hacerlo, ¿pero crees que su padre va a dejarle el reino a él? ¿un proscrito deforme? Cael hace años que renuncio a ese derecho. No me moví ni un centímetro paralizado por las palabras crueles de aquellas dos brujas. Me temblaban las manos, pero no hice ruido. - Confiare en ti madre, pero no me agrada nada la idea de que una andrajosa como Nery se lleve algo de valor, me prometiste que me convertiría en una reina poderosa y envidiada- las palabras petulantes de Selene salieron de su boca como dardos envenenados, no puede más y decidí enfrentarlas. Decidí no callar esta vez. Entré con paso firme al salón. Las dos giraron la cabeza, sorprendidas. Un instante de sorpresa. Luego, sonrisas falsas y educadas. - Ah, Nery... Estás... más presentable de lo esperado —dijo Dareia, observándome como quien evalúa una pieza de mármol. - No finjas amabilidad he oído todo lo que decíais – dije mas enfadada de lo que había estado en mucho tiempo. - nunca he hecho nada para molestarte, ¿qué es lo que tanto odias de mi para hacer de mi vida un infierno? Selene me miró con la boca un poco entreabierta sorprendida por mi atrevimiento, siempre había asentido, me había resignado, había jugado ese papel ingrato que me habían obligado a tomar, pero iban a arrebatármelo todo. - No seas estúpida, esto no tiene nada que ver contigo, hay que cumplir la profecía y debemos de sacrificar al bien menos valioso para el reino, total tú no eres importante, solo debes dar a luz al salvador- se rio entre dientes, Dareia la miró con todo el desprecio del que fue capaz- vamos a cumplir con este paripé para que los ancianos estén contentos y tu vas a representar el papel que te han asignado. Cada uno en su lugar querida, así funciona el mundo. La rabia que había crecido en mi hace un momento se esfumo, que iba a hacer, patalear frente a todos, demostrar lo que Dareia se empeñaba en decir, que solo era una pieza sin valor, que no valía para nada, aunque me quejara mi padre no iba a mover un dedo por mí. Miré el perfecto rostro de Selene que me miraba con suficiencia tras las palabras de su madre. Su piel dorada por el sol, sus ojos verdosos, grandes y redondos enmarcados por unas cejas perfectas y su pelo liso del color de la miel. Me sentí ridícula allí, intentando plantarle cara a un muro inmenso, no podía hacer nada más, debía resignarme y cumplir con mi papel. Ellas parecieron ver mi resignación como una victoria y comenzaron a andar hacia el patio ceremonial. Allí se encontraba el antiguo portal que comunicaba cada fragmento de tierra entre sí. El palacio, los jardines, todo estaba esplendido, llevaban meses limpiando y decorando hasta el más mínimo rincón del reino. Todo el patio alrededor del portar estaba organizado El consejo de sabios había llegado hacia tres días, todos se hospedaban en el ala oeste, eran hombre y mujeres ancianos, poderosos, los últimos de un legado muy largo. Para algunos ya era una orden obsoleta, condenada a morir. Todos vestían sus túnicas de colores brillantes, se encontraban en la parte derecha, sobre unas gradas, esperando la llegada del reino de Sendra el ultimo en llegar como marca la tradición. Los representantes de los otros cuatro reinos estaban allí, cada familia real y su sequito ocupaban un lugar alrededor del gran portal a la espera del reencuentro. No era normal que hubiera una boda entre reinos, tras la fragmentación del mundo cada parte había ido desarrollando su propia identidad y cultura y salvo para algún pacto puntual o mejora de estatus nunca nos mezclábamos, pero aquella ocasión era especial. Llegamos por fin junto a mi padre que vestía un manto largo y majestuoso con los colores oficiales de Solvarya, el dorado, el azul celeste y el blanco. Llevaba su corona puesta y lucia regio, imponente. Apenas me dedico una rápida mirada que pareció de sorpresa al verme así de arreglada pero enseguida la desvió para mirar hacia el portal que se erguía frente a nosotros. El portal era un arco de piedra oscura, grabado con runas antiguas que vibraban como si esperaran el momento justo para romper el aire. Cuando la vibración creció, todos callaron. La luz se rompió. Primero cruzó el portal el rey de Sendra. Alto, esbelto, de pelo blanco plateado corto y perfectamente peinado hacia atrás, vestía un traje n***o con bordados verdes y plateado y una capa negra como el vacío. Su presencia se imponía sin levantar la voz. A su lado, la reina, de rostro afilado, ojos color hielo, y una belleza que dolía de tan fría. Ambos miraron a su alrededor con cierta apatía, manteniendo un semblante elegante y misterioso. Tras ellos entraron su sequito, guardias, sirvientas, acompañantes, todos vestían de colores oscuros, que recordaban a la noche, mezclados con verdes esmeraldas, azules cobaltos y pateados. Todos tenían ese aspecto pálido, serio y elegante, rasgos afilados, finos. Después entró una niña pequeña. Piel pálida como la luna y cabellos blancos, largos y ondulados. Era la princesa, la hija pequeña de los reyes de apenas ocho años. Fue a reunirse junto a sus padres, todos estábamos en formación esperando la entrada del príncipe, aquel que, junto a ella, debía cumplir la profecía. Todos estaban expectantes, hacia años que nadie lo había visto en persona y todo lo que le rodeaba era un enigma. Finalmente, el portal parpadeo, la luz volvió a romperse y de ella emergió una figura alta, imponente, completamente vestida de n***o. Llevaba una capa oscura con detalles de obsidiana, una capucha oscura que cubría su cabeza y unos hombros de aspecto fuerte, pero su rostro… contuve la respiración igual que todos en aquel patio. El príncipe de las sombras. Su rostro estaba oculto tras una máscara de aspecto metálico, estaba completamente grabada, con líneas afiladas y apenas unas ranuras para sus ojos. Había una especie de estupor mudo en el ambiente, mi corazón latía muy rápido, demasiado rápido. ¿Qué clase de persona había debajo de aquella mascara? El príncipe se reunió con su familia con paso decidido, sin ceremonias, era mas alto que su padre, más corpulento, parecía una figura extraña junto a ellos, ajena a la elegancia que inspiraban. Mi padre dio unos pasos al frente y lo seguí con rapidez, por fin los teníamos delante, el rey de Sentra extendió su mano hacia mi padre. - Asteon- el rey dijo el nombre mi padre a modo de saludo. - Elion- respondió mi padre a modo de respuesta mientras estrechaban sus antebrazos. El rey Elion dio un paso a atrás e indico a su esposa que saludara, ella avanzó de forma elegante e hizo una pequeña reverencia hacia nosotros, su cabello n***o caía liso como la seda alrededor de su cabeza, solo decorado con unas finas trenzas en algunos sitios, miro al rey y luego a mi con sus ojos del color del hielo más puro. Le devolví la reverencia lo mejor que pude sintiéndome como un torpe animal al lado de la elegancia de aquella mujer. - Nery, esta es la reina Seralyne. Mi señora os presento a mi hija Nery- la mujer contrajo el gesto con confusión mientras miraba a su marido sin terminar de comprender- ha surgido un contratiempo y nos hemos visto obligados a hacer un pequeño cambio, luego podremos explicarlo todo. La reina miro a su marido un instante y este asintió confiando en las palabras de mi padre, luego nos presentaron a la pequeña princesa Lyssenya, quien nos regaló una hermosa sonrisa rompiendo un poco la formalidad tensa del momento. Luego mi padre presento a Dareia y a Selene quienes hicieron una reverencia exagerada, Selene agito con rapidez sus largas pestañas en un gesto que seguramente ella considero coqueto pero que hizo que tuviera que contener la risa y llevarme una mirada reprobatoria de mi padre. Aparte rápidamente la mirada para encontrarme con los ojos del príncipe que destelleaban debajo de aquella mascara y me miraban directamente. Me paralice incapaz de apartar mis ojos de él hasta que el rey Elion rompió el ambiente. - Este es mi hijo Kaelian- el rey parecía muy tenso mientras presentaba a su hijo, había una especie de deje de desaprobación en su voz que el rey no supo disimular bien. Hice una reverencia nerviosa, mis piernas temblaban un poco. La imagen del príncipe Kaelian era demasiado imponente y aterradora. El avanzo hacia mí con decisión y extendió su mano enfundada en un guante hacia mí, respiré hondo y extendí la mía intentando disimular mi nerviosismo. - Puedes llamarme Cael, princesa- su voz sonaba grave y algo metálica a través de aquella mascara, sus ojos se clavaban en mi con una intensidad demasiado poderosa. Asentí nerviosa, notando su tacto fuerte en mi piel, hizo un intento de besar mi mano llevándola simbólicamente hacia su cara. Yo asentí y aparte rápidamente mi mano cuando el saludo terminó, por un momento me pareció ver un pequeño atisbo de sorpresa en sus ojos. El príncipe termino de presentarse con el resto de mi familia y todos nos colocamos en nuestros lugares, intenté concentrarme en lo que ocurría a mi alrededor, pero solo podía pensar en la mirada del príncipe. Varios de los ancianos avanzaron hacia el centro del patio. Uno de ellos, un hombre delgado de barba larga y pelirroja y anteojos redondo remango suavemente su túnica verde oliva brillante para, con unos movimientos rápidos de sus manos conjurar una especie de arco blanquecino alrededor de sus cabezas. Hubo un leve murmullo de admiración entre el público, no era muy normal ver magia tan abiertamente en aquellos días. - Bienvenidos todos los presentes- su voz sonó alta y clara, amplificada seguramente por aquella magia que lo rodeaba- hoy por fin comienza el inicio del fin, la conclusión a la que tanto tiempo nos ha costado llegar. La profecía por fin a encontrado su destino y solo nos queda esperar que el tiempo llegue. - “Cuando el mundo ya no recuerde su forma, y las islas del cielo giren sin canto, la unión de los herederos opuestos abrirá el umbral. Luz y sombra entrelazadas, sangres separadas por juramento, pero nacidas del mismo eco. Sólo el vínculo forjado sin temor reavivará el corazón del Núcleo. Y será en el octavo giro tras el eclipse del núcleo, cuando las puertas vuelvan a abrirse. Si llega a tiempo, el mundo respirará. Si no… caerá en el olvido eterno.”- otra anciana, de pelo blanco trenzado hacia atrás y una cara surcada de arrugas dio un paso al frente y recito con vehemencia la profecía de Ithrel. - Hace eones que la anciana Ithrel dio su vida para encontrar una cura para nuestro mundo fragmentado. Cuando el caos consumió el núcleo fragmentando nuestro mundo para siempre, ella valientemente dio su esencia por nosotros y hoy por fin ha llegado el momento, el octavo giro del núcleo, los herederos de la luz y la sombra, ellos deben engendrar la cura para el mal que está apagando nuestro mundo poco a poco, en ellos recae el poder de sanar nuestra brecha. - el otro anciano dio un paso al frente, hablando con una vehemencia férrea. Todo el publico aplaudió, yo sentí como una piedra caer pesada en mi estómago. Yo debía engendrar a la cura del mundo, con aquel hombre del que ni siquiera sabía su rostro. Trague saliva intentando contener las lágrimas. Las palabras de mi madrastra acudieron a mi mente con rapidez, y si aquello no valia para nada y si solo era un paripé como muchos creían. Habían pasado muchos años desde que el mundo se fragmento, nadie si quiera recordaba como era antes la tierra, habían pasado generación y generación y ya nadie pensaba que aquello importaba de verdad. Y si después de todo eso me casaba con el príncipe, un príncipe que ni siquiera tenia corona para terminar abandonada convertida en una decepción condenada a vivir con un monstruo. Tenia mucho miedo y muchas dudas en mi mente, mis pies me pedían huir de allí, correr rápidamente, pero a donde, no había salida y muchas expectativas sobre mi. La ceremonia por fin termino y todos fuimos al gran comedor para celebrar lo que iba a acontecer en una semana. Durante la comida, los murmullos se disiparon con las primeras copas de vino. Estaba sentada justo enfrente de príncipe y Selene estaba a mi derecha y a mi lado izquierdo se sentaba uno de los sabios, vestido con una llamativa túnica morada y luciendo una melena castaña y unos ojos azules muy vivos. Me saludó con efusividad cuando nos sentamos. Cael no hablaba, de vez en cuando nuestras miradas se cruzaban, pero yo la apartaba rápidamente, Selene a mi lado hablaba animada con la reina de Sendra que se encontraba frente a ella, la mujer sonreía con educacion, pero podía percibirse el hastío en su rostro, no me extrañaba, Selene era hermosa pero no muy inteligente ni interesante. - Entonces Nery, ¿estas lista para formar parte de nuestro reino? Allí no es tan soleado- la reina Seralyne desvió rápidamente la conversación hacia mi cortando a Selene que se quedo con la palabra en la boca. - Echare de menos el sol de Solvarya, su luz, pero sabre apreciar su reino sin duda, no es solo bello aquello que brilla- hable lo más vehemente que pude, no estaba acostumbrada a aquellas situaciones tan corteses y elegantes, pero la reina pareció complacida con mi respuesta y me regaló una sonrisa amable. - Espero que mi hijo sepa acogerte como te mereces- la reina contestó inclinándose levemente hacia el príncipe que estaba a su lado, sin probar bocado con aquella mascara inquietante. - Espero realmente que sepas apreciar aquello que no brilla princesa, porque puedo asegurarte que allí donde vamos hay muchas sombras- la voz del príncipe sonó a amenaza y aquello helo mi sangre. ¿Cómo podían unos ojos provocar tanto miedo? Pero le mantuve la mirada, si ese iba a ser mi destino lo enfrentaría con valentía o resignación, pero lo haría. El anciano a mi lado carraspeo un momento, llamando mi atención. - No os preocupéis, mi señora, vuestra unión esta profetizada, es el tiempo el que os ha elegido y vuestro destino es uniros- la voz del hombre sonaba animada, incluso fanática, me sonrió de oreja a oreja pensando que aquello debía de tranquilizarme. - La sabia Ithrel profetizó que el núcleo se reavivaría si los dos linajes opuestos, Solvarya y Sendra, se unían por voluntad, no por conquista. Una sangre mezclada, un pacto sellado no con poder, sino con equilibrio. - ¿Y si no funciona? —la pregunta salió de mis labios sin que pudiera frenarla a tiempo, sin querer hacerla en voz alta. - Entonces nada quedará —respondió el sabio, sin rodeos. - el núcleo seguirá debilitándose hasta que no pueda mantener los fragmentos unidos y todo lo que somos se desvanecerá en el cosmos. La comida siguió en silencio. Solo el tintinear de copas y cubiertos. Cael no provo bocado y yo solo podía pensar en las palabras del sabio, en las de mi madrastra, en la presión que había sobre nosotros. La comida se alargó horas, hubo discursos, presentaciones, explicaciones. Mi padre finalmente tuvo que explicar escuetamente que Selene no podría cumplir con la profecía pero que yo me había ofrecido voluntaria, casi escupo el agua que estaba bebiendo cuando dijo eso. Igualmente, no importaba, incluso creo que la reina parecía un poco aliviada de no tener que llevarse a Selene con ella. Dareia y Selene intentaron por todos los medios impresionar a los reyes, pero la sobriedad y seriedad de estos parecía infalible a sus encantos. En un vistazo rápido podía notarse que ambos pueblos éramos muy diferentes, los de Solvarya éramos habladores, alegres, dicharacheros por lo general, nos gustaba gustar. Pero por otro lado el pueblo de Sendra era frio y distante en el trato, había una amabilidad escueta y calmada, una elegancia innata en sus movimientos. Yo tampoco me consideraba cien por cien como los solevaríamos, tampoco había tenido la mejor de las vivencias, tal vez fuera mas sencillo para mi encajar en el pueblo de Sendra… trate de centrarme en lo positivo de todo aquello. Finalmente, el día llego a su fin y yo estaba agotada, me sentía tremendamente cansada de fingir sonrisas de contener el miedo y las dudas. Cuando caí en mi cama por fin solo pude dormirme después de un largo llanto.
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