Después de un baño, leer y firmar algunos contratos, revisar planos y atender llamadas, empiezo a vestirme para la gran noche de Rebeca. Le encanta su cumpleaños, me pregunto por qué será. Entro al vestuario y mientras miro la ropa que está ahí, recuerdo lo que hablamos Rebeca y yo en el auto. Es cierto, he cambiado. ¿Desde cuándo me visto con ropa de diseñador todo el tiempo? ¿Desde cuándo me importa? En realidad todo eso no me importa, simplemente lo compro porque puedo. Mucho tiempo estuve deseando tener dinero, ahora que lo tengo, lo voy a disfrutar.
Estoy de humor para lo normal, lo clásico, así que tomo un par de jeans ajustados, blusa blanca de marca y mis lady peep vernis negros de Louboutin, recientemente adquiridos y me visto.
Peino mi cabello con algunas ondas, me maquillo un poco y listo, con esto tengo por hoy. Tomando algunas cosas que pueda necesitar, salgo de la habitación.
– Charly, en media hora salimos. Llevaremos el A5 – ordeno mientras me dirijo a la cocina.
– Sí, señorita, estará todo listo. – responde.
Tomo de la heladera algo de té frío, algo de comida que ha dejado Bertha, mi ama de llaves, lista para calentar. Mientras se calienta en el microondas, dispongo un mantel, un vaso y unos cubiertos en la barra de la cocina. Suena el microondas avisando que mi comida está lista, pongo algo de música relajante en el reproductor de sonido y me dispongo a comer.
Suena el celular.
– Ambroa – respondo
– Pau, por favor no te enojes conmigo – escucho a Rebeca decir, y sé que cuando dice eso es porque algo malo hizo.
– ¿Qué hiciste? Rebeca López – pregunto anticipando lo peor.
– ¿Te acuerdas de los chicos de la playa?
– Sí, ¿qué pasó con ellos?
– Edgar me llamó para pedirme tu teléfono y…
– ¿Qué? Espero que no se lo hayas dado – interrumpo sus ideas, que sinceramente, me están poniendo nerviosa, pero nerviosa mal.
– No, no, no, tranquila, no se lo di, por eso te llamo, quería preguntarte antes de hacerlo, no quiero que después me mates, ¿se lo puedo dar? – pregunta muy dulcemente.
La tranquilidad regresa a mi – no, no puedes – respondo duramente.
– ¡Bueno, ya!, sabía que te ibas a poner así – articula sonriente – por eso no se lo di, le dije que si lo quería que te lo pidiera personalmente. Amiga, te digo de verdad, está muy interesado en ti.
– Me conoció por 3 segundos ¿y quiere mi teléfono? Que se deje de molestar. No estoy interesada.
– Ay Paula, es que eres adorable, y no se necesita más de 3 segundos para quererte – dice, y ambas sabemos que está bromeando.
– Bueno ya, te veo en un rato. – susurro queriendo cortar la llamada.
– Ok, te espero. – cuelga.
Terminando mi cena, me lavo los dientes y cuando veo al espejo, veo una figura prácticamente desconocida...madura, segura, decidida, rota, sobre todo rota. Soy yo, sí, pero soy totalmente diferente a lo que era hace unos 8 años. Sonrío con nostalgia recordando los viejos tiempos.
***
– ¿Cómo está tu esposa Charly? – pregunto haciendo conversación.
– Ya está mejor, gracias por preguntar.
– ¿Todo bien con el embarazo?
– Sí, el doctor dijo que eso es algo normal, que sólo necesitaba un poco de reposo. – responde tranquilamente.
– Qué bueno, me da gusto, sabes que me puedes pedir cualquier cosa que necesites, no lo dudes.
– Sí, señorita, muchas gracias.
– Bien.
Reviso algunos emails en el teléfono, para entretenerme un poco mientras llegamos a la fiesta. Minutos más tarde estamos en la entrada de la casa de Rebeca.
– ¡Paula! – grita Rebeca a lo lejos y se acerca caminando rápido hacia mí – ¡viniste!
– Obvio que vine, te dije que iba a venir, ¿acaso no me creíste? – le digo sonriente mientras la abrazo – te traje un regalo. – miro a Charly y asiento en su dirección.
– ¿Hasta regalo trajiste? Sabes que no es necesario.
– Ya sé que no es necesario, pero de verdad te quería dar esto. Feliz cumpleaños – le doy una sonrisa de oreja a oreja, y lo mejor de todo es que es sincera. Terminando de decir esto, entra Charly con una enorme caja de zapatos.
– ¿Qué? Naaa, ¿estás bromeando? ¿Las botas bucaneras de edición limitada de Christian Louboutin? – gesticula Rebeca cuando ve su regalo. Quedando boquiabierta.
– Te las mereces, sólo por soportarme, además sé que te verás genial. Disfrútalo.
– Bueno, pero que quede claro que te soporto porque te quiero y porque eres una amiga genial. – contesta Rebeca mientras me da un abrazo de agradecimiento. Supongo. – las bebidas están por allá, la comida está a un lado. Socializa y Paula… di-viér-te-te. – dice, enfatizando esa última palabra – ah y, te ves muy, pero muy bien. – me dice guiñándome un ojo.
– Gracias, iré a saludar.
Paseo por la sala, saludando a los viejos conocidos, pero nadie importante, llego al patio trasero y veo otro puñado de gente. Comienzo a saludar y me doy cuenta que hay muchas personas con las que he perdido contacto, no es que me muera por hablar con ellos, pero me gustaría saber qué han hecho de su vida estos últimos años. La información nunca está de más. Después de unos falsos saludos y unos cuantos ¿Cómo estas?, me pongo a charlar con Dan, un chico norteamericano que conocimos Rebe y yo en nuestro año sabático surfeando en Estados Unidos. Hace tiempo que no sabía nada de él, así que nos ponemos al corriente.
– Hola ¿interrumpo algo? – escucho una voz mientras me tocan el hombro.
– Un poco – digo mientras volteo a ver el origen de la voz. Es Edgar, ¿Qué quiere ahora? Que deje de molestar… Aunque prometí que iba a ser simpática esta noche, así que lo voy a cumplir.
– Hola, Edgar, ¿verdad? – pregunto mientras me acerco para saludarlo de beso en la mejilla.
– Sí, te acordaste, me da gusto – dice orgulloso.
- Em, sí- ¿Cómo mierda no me voy a acordar? Si tuviste el descaro de tratar de conseguir mi teléfono por medio de otra persona, estúpido – te presento a Dan, Dan, él es Edgar – se saludan de mano – estábamos hablando acerca de las olas de Australia, ¿Has ido a surfear allá? – pregunto a Edgar, ya que está aquí, hay que incluirlo a la conversación.
– No, no he salido de este continente, todavía… – contesta – pero dicen que se consiguen buenas olas – agrega.
– Sí, muy buenas, hace poco fui y… – Dan comienza a contar anécdotas de su última visita a Australia, en eso, Rebeca se une a nosotros.
– Bueno, veo que están muy entretenidos, ¿Puedo saber de qué hablan? – Rebeca pregunta mientras pasa sus brazos alrededor de Dan y mío.
– Dan estaba contando anécdotas de Australia – contesta Edgar.
– Bueno bueno, creo que me les uniré un rato – dice mi amiga.
– Bueno, yo voy por bebidas, ¿Alguien quiere algo? – pregunto
– Yo quiero una cerveza y otra para Dan – responde Rebe.
– Te acompaño – dice Edgar con una sonrisa sórdida.
– No, yo puedo sola, gracias – digo, y su sonrisa se desvanece. Sí, sé lo que estás pensando cariño, pero no te hagas ilusiones conmigo.
Estoy yendo a la barra de bebidas por un par de cervezas, cuando de pronto escucho que dicen mi nombre a lo lejos. Es alto, rubio, bronceado, ojos verdes, nariz respingona, labios llenos, y un acento extranjero, no puede ser otro más que Eugenio. Y viene con un amigo. Siento que mi respiración se detiene un momento al verlo. – mierda ¿Qué fue eso? – me pregunto mentalmente.
– Hola Paula, ¿Cómo andas? Hace tiempo que no nos vemos, ¿Cómo va todo? – pregunta Eugenio envolviendome en sus brazos.
-Bien ¿Y tú? Sí, hace tiempo que no hablamos – respondo mientras nos seguimos abrazando...y yo no puedo despegar la mirada de su amigo, el cual me sonríe seductoramente.
– Esta chica que ves aquí, es el paquete completo. – le dice al chico que lo acompaña, se me hace conocido. – Paula, te presento a Emilio – agrega y me deja ir.
¡Ya decía yo que se me hacía conocido! – hola - digo dirigiéndome a Emilio, extendiendo la mano. – ¿no eres el chico que vi hoy en la playa?
– Sí, ya nos habían presentado más temprano – responde con una gran sonrisa y ojos brillantes mientras estrechamos manos.
Al momento de tocar su mano siento algo extraño, una especie de electricidad pasando por mí...no me gusta esto... Al instante que tengo esa sensación, quito mi mano de la suya e instintivamente la meto a mi bolsillo trasero del pantalón. Tratando de disimular mi nerviosismo.
–¿Ya te vió Rebeca? – digo rápidamente hacia Eugenio, tratando de desviar la atención de mi estúpida reacción.
– No, no sabe que estoy aquí, piensa que sigo en Argentina, tuve que regresar antes para estar con ella en su cumpleaños, ya sabes, como le gusta su cumpleaños, pensé en darle la sorpresa.
Entonces era eso lo que tenía Rebeca en la playa, estaba mal porque no iba a estar Eugenio con ella en su cumpleaños, y yo que ya casi estaba soltando los perros cazadores contra el pobre tipo.
– Ya quiero ver su reacción, ¿Sabes en dónde está? – pregunta Eugenio.
– Está en el patio, me pidió que le llevara esto – tomando las cervezas de la barra – así que se un buen chico y lleva la cerveza. – ordeno.
– Está bien, voy por mi chica, ahora vengo. – dice Eugenio mientras se abre camino hacia el patio trasero, dejándome sola con Emilio.
– Entonces ¿Cómo te trató la playa hoy? - Pregunta Emilio.
– Bien, bastante bien, ¿Y a ustedes? – respondo ¿A dónde quiere ir con esto? Tranquila Paula, es sólo socializar.
– Bien, después de la playa fuimos a comer algo, me hubiera gustado que nos acompañaran pero se fueron muy rápido, – dice mientras mira nerviosamente a Charly, que esta unos pasos atrás de mí – y después fui al aeropuerto a buscar a la sorpresa – susurra suavemente Emilio, su voz es tan sexy, hasta podria decir hechizante, es tan hermoso, se ve como un modelo de revista con esos jeans desgastados casi ceñidos, camisa de manga larga ligeramente dobladas hacia arriba, zapatos negros, supongo que tambien de diseñador, y como toque final esos ojos grises, wow los ojos, ¿Cómo no los vi antes? y su boca, esa boca se vería mejor estando sobre la mía, y esas manos, sobre mi cuerpo y su aroma…espera ¿Qué estoy pensando? Ponle un fin a estos pensamientos Ambroa, no necesitas más problemas por ahora.
– Linda sorpresa. Bueno, yo me tengo que ir, fue un gusto verte...y hablar un poco – digo rápidamente, intentando huir de estos pensamientos, no puedo permitir esto, no puedo permitir verlo de esa forma de nuevo.
– Puedes esperar afuera y preparar el auto, en unos minutos salgo – ordeno mientras me vuelvo, dirigiéndome a Charly, que ha estado detrás de mí toda la noche.
– Sí, señorita – gira sobre sus talones y desaparece entre la gente.
– ¿Señorita? ¿Tu novio te dice señorita? – pregunta escéptico Emilio.
Simplemente le sonrío, no tengo que dar explicaciones a nadie, pero por alguna extraña razón respondo
– ¿Qué te hace pensar que tengo novio?
– Pues, no sé, quizá porque lo vi contigo en la playa y ahora aquí. – responde, mirándome intensamente.
– Guardaespaldas y chofer, no novio. Gusto en conocerte, Emilio – me doy la vuelta y voy al encuentro de Rebeca para despedirme.
– Tortolitos ¿Los puedo interrumpir? – digo divertidamente. Siempre me ha dado gracia cómo demuestran su afecto públicamente estos dos. – me tengo que ir, surgió algo que tengo que atender – una mentira piadosa no daña a nadie, total, ya hice acto de presencia.
– ¡No te puedes ir todavía! – dice Rebeca dejando ir a Eugenio de sus brazos – todavía falta el pastel.
– Guardame un pedazo, me tengo que ir, en serio. Te llamo mañana para ver si hacemos algo ¿ok? Feliz cumpleaños nena, te quiero.
– Ok, te veo mañana, y espero que soluciones lo que se presentó, espero que este todo bien – dice con cara de preocupación.
– Está todo bien, sólo hay que ajustar algunas cosas, para que no se me salgan de las manos otras. – digo con una sonrisa – nos vemos después Eugenio – me despido de beso de los dos y hago camino hacia la puerta de entrada.
– ¿Me puedes dar tu teléfono antes de que te vayas? – pregunta una voz vagamente conocida mientras me toma del brazo.
Automáticamente digo – NO – mientras me volteo a encontrar la cara de la voz y soltando mi brazo de un jalón, es Edgar. – no, no te lo voy a dar y por favor déjame tranquila – mi mirada es fuerte y mi voz aún más, realmente no quiero saber nada de este hombre, sinceramente me da muy mala espina. Se queda congelado por mi reacción. Sigo mi camino hacia la salida.
Charly abre la puerta del auto para mi, mientras subo, empiezo a analizar lo que pasó el día de hoy, ¿Por qué pensé esas cosas sobre Emilio? ¿Será que ya pasó demasiado tiempo desde la última vez? Bueno, eso no es sorpresa, sí, paso algo de tiempo, pero eso no es excusa para pensar lo que pensé. Emilio es guapo, sí, mucho, pero ya he conocido a otros “guapos” y nunca pensé sobre ellos de la manera que pensé sobre Emilio.
– ¿Todo bien señorita? – Charly interrumpe mis pensamientos.
– Eh, sí. A casa, por favor. – ordeno.
– Enseguida. – dice Charly y pone en marcha el auto mientras yo miro distraídamente hacia la puerta de entrada de la casa, veo una conocida figura humana alzando la mano haciendo una pequeña despedida, mi estómago se estremece al reconocer la figura. Emilio. Involuntariamente devuelvo el gesto de despedida mientras Charly se abre camino en la calle tenuemente iluminada.
Ya en la seguridad de mi casa, me dirijo rápidamente a mi oficina para intentar distraer mi mente. Reviso planos, tratando de encontrar errores, y marcarlos, para que los arquitectos e ingenieros lo resuelvan y no se venga abajo mi empresa. Finalmente, horas después, me vence el sueño. Después de una mañana de ejercicio, una tarde de surf ,y una noche de fiesta y pensamientos descarriados, es hora de descansar.