Suena una campana. Suena de nuevo. No deja de sonar. – Cállate, déjame dormir – le digo a la campana, pero esta insiste en sonar. Abro los ojos lentamente y estos caen en el reloj que tengo en la mesa de luz. – ¡Mierda! – grito al ver la hora y me levanto de golpe. En ese momento mi cuerpo me recuerda todo el ejercicio que hice ayer con Emilio, haciendo doler cada centímetro de mi cuerpo. Entro al baño para tomar una ducha rápida. Al desnudarme veo varias marcas en mi cuerpo, sobre todo en la zona de mi cuello y clavículas. – ¡hijo de su madre! Me las va a pagar – murmuro con rabia. Sigo mi plan original, el cual era tomarme un rápido baño para ir a la constructora. Para vestirme, busco algo que me tape las marcas que ha dejado Emilio en mi cuerpo. Encuentro un vestido entallado n***o

