CAPÍTULO 25.

2296 Words
Upper Mall era un centro comercial que se encontraba cerca de la costa, bastante concurrido por los turistas durante el día. Natalie de León se miraba en el espejo del personal, su nuevo uniforme consistía en un pantalón corto con una blusa de botones color pistacho, no es que le molestará usar el uniforme o el trabajo, solo que nunca imaginó que fuera a terminar así, la rubia suspiró faltaban pocas horas para que cerraran pero era el turno que había conseguido y con el que podía terminar las pocas clases que le quedaban en la universidad, ya después arreglaría lo de las prácticas. — Nueva, quita esa cara. Natalie miró a una mujer que debía rondar los cincuenta según le habían indicado era la supervisora. — Vamos muchacha, te mostraré donde se guardan las cosas. La señora comenzó a caminar seguida de la rubia, entraron por un pasillo de servicio llegando hasta lo que parecía ser una jaula donde se podían ver las escobas, trapeadores y carrillos de servicio. — Esta será tu jaula, cada vez que termines tu turno tienes que venir a lavar lo que has usado y posteriormente guardarlo, si algo se pierde se descuenta de tu sueldo ¿entiendes?. Natalie asintió tomando la llave que la señora le ofrecía. — Bien empiezas en los sótanos, cuando el centro comercial cierre entonces subes a planta, todo nivel uno es tuyo. — Si, señora. — Animo mija, es un trabajo duro pero pronto te acomplarás. La rubia trató de sonreírle pero solo salió una mueca. Suspiró tomando el carrito que ahora sería su herramienta de trabajo, como dice el dicho al mal paso darle prisa pensó dirigiéndose a los sótanos. Jonas Calibran miraba al castaño mientras estacionaba el deportivo frente a la casa que había indicado era de la rubia. Desde hace horas que Rodrigo Montalbán parecía querer matar a alguien además el hecho de soportar casi dos horas escuchando los lugares para la boda con Grace Janner le habían hecho casi explotar, Jonas estaba seguro que el castaño había hecho uso de la última gota de paciencia para no gritar frente a su madre, después se justificó en que tenía que ir a ver a Natalie pues supuestamente la joven se había contagiado de gripe, pero al joven asistente lo que más le sorprendió fue que le había pedido acompañarlo dejando sola a Simone Malverde en el hotel. — Espera aquí Jonas — dijo Rodrigo bajando del vehículo. — Rodrigo no creo que… — ¡Me importa una mierda Jonas! Natalie se irá conmigo esta noche. Para Rodrigo tomar aquella decisión le había costado bastante, se había aferrado a la idea de que lo que hacía era únicamente por su propio orgullo pues ninguna mujer le faltó tanto el respeto como Natalie de León, con ese pensamiento llegó a la conclusión de que llevar a la rubia al hotel haría que la controlara mejor. Marco de León abrió la puerta luego de que la aporrearan por varios minutos, sabía quién era desde el primer toque, pensó en no abrirle pero ese hombre derrumbaría la puerta. — Señor Marco, buenas noches, necesito hablar con Natalie. Marco no conocía del todo a Rodrigo Montalbán pero había escuchado los rumores del joven heredero y sus caprichos, además de su mal carácter. Cuando se convirtió en el prometido de su hija y vio que era bastante más educado de lo que él creía, dejo de creer aquellos rumores pero ahora que lo veía, completamente tenso, con la sonrisa forzada y su respiración errática, podía entender el porque todos sus ex compañeros no querían trabajar con él. — Me temo joven Rodrigo que será imposible. — ¿De qué habla? Ella es mi prometida, no me lo puede prohibir. — Ella es mi hija — dijo Marco calmadamente mientras salía a la intemperie cerrando la puerta tras de sí — Y tengo entendido que el compromiso se ha desecho. — No, ella… — Lamento interrumpir joven Rodrigo, pero ya no tiene que fingir más, me he enterado de todo y mi hija tiene prohibido verlo de nuevo, la farsa terminó joven Montalbán usted ya no es bienvenido en mi casa. Rodrigo sentía una opresión en el pecho desconocía que le ocurría, era como si todo se le hubiera ido de las manos, había perdido todo en un día. ¿Natalie le había contado a su padre sobre su trato?. De ser así, no entendía la posición de Marco de León de desterrarlo completamente. — Necesito ver a Natalie — dijo con un tono tan lastimoso de voz que apenas él mismo reconoció. — Ella no está en casa, no la verá llegar, retírese o me veré en la necesidad de llamar a la policía. — ¿Dónde está? — dijo el castaño ignorando las palabras del hombre — Fui al aeropuerto y tampoco estaba, dejó sus prácticas ¿donde está?. — Joven Rodrigo le suplico… Marco de León se vio interrumpido cuando el castaño lo hizo a un lado para ingresar a la casa. — ¡Natalie!. El gritó del castaño retumbó por la casa, abrió la habitación de la rubia encontrándose con el hecho de que estaba vacía, ¿era verdad lo que había dicho su padre? ¿Ella no volvería?. — ¡Rodrigo! — dijo Marco levantando la voz al ver al hombre parado en medio de la habitación de su hija — Joven…se lo pediré cordialmente, retírese de mi casa y no vuelva a venir. Cuando Jonas vio a Rodrigo entrar de nuevo al coche parecía perdido en sus pensamientos, espero instrucciones pero solo veía al hombre con el que el castaño había discutido mirarlos desde su pórtico para segundos después meterse a la casa. — Ella no esta Jonas. — ¿Qué?. — La esperaremos, toda la noche nos quedaremos a esperarla. — Rodrigo no creo… — ¡Es una orden Jonas! — grito golpeando el tablero del coche. El joven asistente no dijo nada, se mantuvo firme al lado del castaño mientras este miraba por la ventana hacia la casa de Natalie de León, con la esperanza de verla aparecer pasaron aquella noche en el deportivo. Natalie se estiraba sonriente entre las suaves sábanas, sintió el movimiento a su lado antes de abrir los ojos. — Gracias por dejar que me quedará. — No hay problema cielo, ¿estás segura que Rodrigo esperara en tu casa?. — Si — dijo con un suspiró — Es un necio obstinado, le quitaron su juguete y quiere recuperarlo. — Nat, no eres un juguete. — Lo sé Tala, solo es una forma de decirlo, además tu casa me queda muchísimo más cerca de Upper Mall. Tala sonrió a su amiga sentándose en la cama. — ¿Cómo ha ido el primer día?. — Agotador, además solo he dormido cuatro horas porque tengo clase. — Nat, insisto en que es demasiado, puedo ayudar. Natalie negó con la cabeza, sabía que aunque los padres de Tala no eran ricos, tenían una posición económica bastante cómoda. — Amiga, ni yo ni mi padre recibiremos caridad de ustedes, podemos trabajar por nuestra cuenta. — No es caridad Natalie, es apoyo porque te amo. — Amame de otra manera mejor, por ejemplo esos ricos hotcakes que traigo un antojo feroz. — Eres imposible — dijo Tala arrojando una almohada a la rubia antes de levantarse para ir a la cocina. La rubia sonrió mientras tomaba su celular para revisar sus mensajes, el día anterior con tanto trabajo no había podido revisarlo, frunció el ceño al ver el mensaje de Adrian, solo decía marcame. Tres tonos sonaron antes de que la voz adormilada del moreno se escuchara a través del auricular. — Nat, son las siete de la mañana. — Tenemos clase — dijo sonriendo la rubia — Además tu me has dicho que marque, creí que era urgente. Escucho el movimiento del moreno levantándose antes de que su voz sonara de nuevo. — Es verdad, tenías razón, Rodrigo fue a buscarte al aeropuerto. Natalie suspiró, qué predecible podía ser el castaño. — ¿Le has dado el anillo?. — Me gané una cirugía de nariz gratis por eso. — ¡¿Te ha golpeado?!. — Estaba de verdad molesto, dijo que nadie se escapaba de él. — Es un idiota — dijo la rubia molesta, no podía creer que el castaño hubiera golpeado a Adrián. — Creó que quería golpearme desde que me vio aquella vez en tu casa. — Solo porque pensó que me había acostado contigo. — ¿Estaba celoso?. — No, es claro que no es eso, solo era su ego de hombre herido. — No lo sé Nat, creo que hay algo más. — Rodrigo Montalbán no está celoso Adrian, para con eso, solo está herido porque no le han salido las cosas como quiere. El moreno suspiró al otro lado de la línea, él también era hombre, también había sufrido cuando la rubia lo dejó, conocía esa sensación que sabía que Rodrigo Montalban debía estar experimentando. — Bueno — dijo volviendo a hablar — En mi opinión hoy no deberías ir a clase, creeme te buscará. — Tienes razón ¿puedes cubrirme con los profes?. — Claro Nat, te llamaré más tarde. La llamada terminó justo en el momento en que Tala grito que ya estaba el desayuno, esperaba que Rodrigo se rindiera pronto, tampoco podía poner en pausa su vida por culpa del castaño. Jafar miraba con atención hacia donde Rodrigo permanecía en silencio, su padre Lauro les había citado a primera hora de la mañana pero parecía que al menor de los castaños la noche le hubiera pasado una mala factura. Simone le había buscado ayer diciéndole que su flamante hermano había desaparecido todo el día y toda la noche, seguramente se había quedado nuevamente en casa de la rubia, lo que ninguno de los dos se había explicado era porque Rodrigo no se había exaltado si es que como ellos deducen se le había caído el teatro ante Marco de León. — Hermanito no luces muy bien. Lauro se fijó en sus hijos, Jafar tenía razón Rodrigo parecía haber pasado una mala noche. — ¿Hijo?. — Estoy bien padre — respondió el castaño colocando sus gafas de sol — Natalie está enferma, ayer la he cuidado. — Es una pena escuchar eso, se que tu madre estaba emocionada por los preparativos para su boda. Rodrigo asintió, no pretendía seguir hablando de ese tema, le había ordenado a Jonas ir a la universidad pero aún no sabía nada de su paradero, sentía que se volvía loco, estaba tan irritado que cualquier comentario acerca de Natalie lo ponía a un paso más de explotar. — Todo estará bien padre, dinos ¿para que nos has reunido?. Lauro sonrió. — Dentro de dos semanas será una de las convenciones hoteleras más importantes del país, claramente estamos invitados, pero además somos los invitados de honor lo que significa que podemos ir todos los representantes con un acompañante. — Es sorprendente padre — dijo Jafar con emoción, solo le había acompañado en una ocasión y para su mala suerte no había salido del hotel donde se hospedaron — ¿Dónde será este año?. — Italia. — ¿Es necesario ir como familia? — dijo Rodrigo. — Rodrigo, en esta ocasión no iré yo como el cabecilla principal si no el nuevo director operativo de los hoteles y su futura esposa. El castaño abrió los ojos sorprendidos, era un balde de agua fría en su cabeza. — ¿Quieres que Natalie vaya?. — Pronto Natalie formará parte de esta familia Rodrigo, tu madre tiene razón en decir que es importante que se vaya familiarizando con todo lo que representa ser una Montalbán. Jafar sonrió con burla, de esta no había forma que Rodrigo se librará. — Si hermanito, mi padre tiene razón últimamente no veo a mi cuñada muy unida. — Tiene otras obligaciones. — Pero entonces insisto, si ya vivían juntos ¿que los separa ahora?. — Por favor Jafar — intervino Lauro al ver la molestia en el rostro de su hijo menor — Tu hermano tendrá motivos suficientes, además el resto de su vida permanecerá con su esposa. — Lo siento padre, tienes razón — habló Jafar aun sonriendo — Hermanito, será cuando tu quieras. — Bien — dijo Lauro mirando de nuevo al castaño menor — Los vuelos están con sus asistentes, preparen todo hijos. Los dos jóvenes esperaron a que el mayor de los Montalbán estuviera lo suficientemente lejos. — ¿Que mierda pretendes Jafar?. — No se de que hablas hermanito. — Se que hablaste con Simone, se que la conoces, no tienes que fingir que no sabes que todo lo mío con Natalie es falso. Jafar fingió sorpresa. — Sé que tienes tus razones para hacer lo que haces hermanito, pero si ya lo descubri yo tus padres no tardarán en hacerlo, además Simone me parece una mujer excelente para ser tu esposa, no veo porque aún no has aclarado todo esto. — ¿Y así sin más guardaras mi secreto?. — Somos hermanos Rodrigo. — Eso nunca te ha importado antes. El castaño mayor sonrió cínicamente. — Debe coger muy bien para que sigas aferrado a la rubia ¿no?, quizá un día pueda tenerla en mi cama. Rodrigo se levantó molesto pateando la silla donde Jafar se encontraba, el castaño mayor pasó saliva borrando la sonrisa de su rostro. — Una vez más, aléjate de Natalie y si se te ocurre siquiera hacer una broma pequeña sobre mi secreto, te lo juro que la sangre que nos une no me importara. Jafar soltó una risa viendo como Rodrigo se alejaba. — Ya veremos Rodriguito, ya veremos.
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