CAPÍTULO 27.

1969 Words
Simone Malverde miraba confundida a Rodrigo que había llegado sonriente hace varios minutos, además él había indicado que no había necesidad de que se fuera a Francia, que había actuado de manera impulsiva en la mañana, para la pelirroja había sonado como una disculpa, además afuera hacia un clima horrible. — Por cierto Simone, la próxima semana me iré de viaje unos días y me gustaría… — ¿A dónde iremos? — interrumpió de manera emocionada la pelirroja. Rodrigo sonrió internamente antes de volver a ver a la pelirroja. — Lo siento Simone, será un viaje en familia, serán unos días pero me gustaría que disfrutaras el hotel, estará todo a tú disposición, además Jonas se queda bajo tu mando. Por un instante la decepción se reflejó en los ojos de la joven, pero saber que podía hacer a su antojo las instalaciones y empleados del hotel Montalbán, le había devuelto la sonrisa. — Está bien, así me voy acostumbrando. — Es correcto, disfruta. — Rodrigo ¿Que ha pasado con tu meserita?. El castaño frunció el ceño. — ¿A qué te refieres?. — No la he visto por aquí, tampoco has pasado las noches con ella lo cual te agradezco. — Tienes razón, he estado demasiado ocupado con la expansión que no he tenido tiempo para nada más. Rodrigo miró su reloj caminando hacia el pasillo. — Te veré después Simone. — ¿Volverás a dormir?. — Veré a un viejo amigo, volveré pero creeme que no es necesario que te quedes despierta. Hole Site estaba de fiesta esa noche, el lugar parecía a reventar para cuando Rodrigo llegó, había aceptado la invitación que Igor Petrov le había hecho en la tarde, para el castaño volver a ese lugar no era lo ideal pero mataba dos pájaros de un tiro al asistir. Cuando llegó hasta el vip donde el ruso se encontraba acompañado de varios socios que el castaño pudo reconocer, solo por una milésima de segundo se sintió intimidado. — Caballeros — dijo el castaño tomando asiento en el único lugar libre. — Oh pero qué sorpresa, el niño genio en persona. Rodrigo sonrió ante la ironía de Belcebú, un hombre robusto el mayor de todos los presentes, para el castaño no pasaba desapercibido que ese hombre era el antecesor de Igor, le había destronado de alguna forma, algún tipo de chantaje seguro porque solo el ruso tenía el poder de hacer lo que quisiera con Belcebú o eso daba a entender. — Siempre es un placer Belcebú, has salido de tu escondite. — Es un día de celebración para nuestro querido Igor. — Es verdad, ¿que celebra Igor?. Igor Petrov sonrió mostrando sus dientes. — Hoy se ha iniciado con éxito la nueva producción de “eygos”. Rodrigo dejó de sonreír, eso no podía ser verdad, apenas habían iniciado con el proyecto de expansión aún ni siquiera estaba la constructora con la que trabajaría. — ¿De qué carajo hablas Igor?. — Tranquilo niño, Igor sigue siendo el jefe — habló otro de los presentes. — Eygos es mi creación — dijo el castaño mirando fijamente al hombre ruso que sonreía con burla — Solo yo tengo la formula, es imposible que hayas continuado algo asi, además ¿que pasa con la expansión del hotel? . — No necesito la formula completa para hacer un pequeño dulce, ya abriste el mercado se venderá fácil, además mi producción es menos costosa. — Pero seguramente más dañina. — ¿Y eso que muchacho? Tienes que entender que dinero es dinero. El castaño suspiro antes de mostrar una sonrisa ladina, si Igor Petrov pensaba que podría robar lo que era suyo, estaba completamente equivocado. — Y tú tienes que entender que tu estupidez saldrá cara, no creo que la idea fuera tuya ¿quien te ofreció sustentar la producción? — Nadie. — No te creo — dijo el castaño mirando a todos los presentes, todos se miraban sorprendidos y nerviosos, excepto uno que había clavado su vista fija en él — Carim Volkov, dejame adivinar el perro de tu hermano fue llorando hacia ti esa noche ¿cierto?. Carim Volkov era un magnate de negocios bastante respetable, el hombre debía estar cerca de los cuarenta, siempre luciendo impecable y con una educación envidiable; es por eso que Rodrigo Montalbán nunca había tenido problemas con él, los dos estaban metidos en ese mundo pero también se movían entre los círculos más importantes de la sociedad, su educación y apellidos valían más ante la sociedad que todo el dinero que pudieran ganar con Igor, siempre hubo respeto y cordialidad, hasta aquella noche, donde el castaño agredió a Dimitri Volkov, el hermano menor de Carim. — Le has faltado el respeto a Dimitri por una mujer, tienes razón en ello, pero no he invertido en “eygos” — hablo Carim tomando un sorbo de su bebida. El castaño sonrió girándose hacia Igor que lo miraba desafiante. — Te lo he dicho muchacho, nadie me ha financiado. Rodrigo río mientras se levantaba. — Igor, teníamos un trato, ¿recuerdas? Triplique tus ganancias, las de todos los presentes ha decir verdad. — Aun lo tenemos muchacho, la expansión nos servirá como centro de distribución. — No, el acuerdo decía que solo te serviría como conexión si era para eygos, no para tus drogas de mierda, rompiste el contrato Petrov. — ¿Y eso que? Tú sigues trabajando para mi Montalbán, te dije que solo había dos formas de salir de aquí. — De hecho — dijo el castaño sirviendo una copa — Hay una tercera, una cláusula de nuestro contrato a decir verdad. — ¿Crees que seguiré un contrato Rodrigo?. El castaño levantó una ceja divertido. — Creo que lo harás, no espero menos de ti Igor, porque si no lo haces te derrotaré, te quitaré todo hasta que seas solo una parte podrida de lo que fuiste. Igor Petrov se rió, hasta que vio que cinco de los miembros presentes se levantaban colocándose al lado del joven Montalbán. — ¡¿Esto es un motín?!. — Por supuesto que no Igor — dijo Belcebú sonriendo — Pero te vuelves viejo ¿recuerdas esas palabras? necesitamos a alguien que maneje el mercado lo más legal posible, muchos ya solo queremos disfrutar las ganancias. — ¡Ese niño los va a hundir! Rodrigo sonrió. — Felicidades por tu nuevo negocio Igor — dijo alzando su copa — Disfruta tu fiesta. El letrero de Hole Site brillaba de manera intermitente cuando Rodrigo subió a su coche, la lluvia afectaba el letrero tanto que en un instante todo se apagó, el castaño no podía sentirse más feliz, Belcebú le había dicho en la tarde acerca del nuevo laboratorio que Igor había aperturado, hace tiempo que le había ofrecido un buen trato a ese hombre, en ese momento había ideado un plan fugaz, no era lo que hubiera esperado, pero el sorpresivo cambio de Igor Petrov y su manera de traicionarlo, había sido lo mejor, esta vez no le debía a nadie. A fin de cuentas, tampoco esperaba que el ruso se quedará de brazos cruzados, pero por ahora tenía un tiempo antes de enfrentarlo. Daban cerca de las tres de la mañana cuando Natalie de León guardaba sus pertenencias en su mochila, por fin el turno había terminado se sentia realmente agotaba, había llegado empapada gracias a la discusión con Rodrigo aunque Adrian se había ofrecido a traerle ropa limpia, la rubia le había comentado que era suficiente con su uniforme, termino de guardar la ropa que aún continuaba húmeda envuelta en una bolsa para después meterla a la mochila, se tocó la frente ¿estaba sudando? pensó cerrando sus ojos. — Debo ir a casa — dijo en voz baja, cada paso que daba era un dolor inmenso en su cuerpo. Distinguió el transporte que estaba destinado para el personal, solo unos minutos y llegaría a su casa, solo pensaba en su cama olvidándose por completo donde había permanecido estos días. — No luces bien criatura. La señora Rosa, una mujer de baja estatura con ojos enormes miraba con preocupación a la rubia. — Es solo agotamiento señora Rosa — trató de sonreír a la mujer — Entre las clases en la universidad y el trabajo mi cuerpo aun no se acostumbra. — Eres demasiado joven para una presión así. — Bueno — dijo Natalie cerrando los ojos un segundo — Pronto las cosas van a mejorar señora Rosa. — Suerte criatura. Varios minutos después la rubia distinguió la esquina que daba a la vuelta de su casa, ahí era su parada solo tenía que caminar una cuadra, obligó a su cuerpo a bajar del vehículo, cada vez se sentía más caliente, camino abrazándose a sí misma mientras sentía su cuerpo temblar. Natalie sintió como unas pequeñas gotas caían sobre sí. — No puede ser, aún sigue lloviendo. Llegó hasta la puerta de su casa, cuando sintió que alguien la tomaba del brazo. Rodrigo Montalbán miraba confundido a la rubia, cuando decidió hacer la propia vigilancia aquella noche, nunca imaginó que Natalie llegaría vestida de aquella manera, una blusa color pistacho con el logo de Upper Mall. — ¿Natalie pero qué?. — Suéltame — dijo la rubia safandose del agarre del castaño — ¿Que haces aquí?. — Te esperaba. Natalie trató de hablar, pero el agotamiento en su cuerpo había comenzado a causar mella, comenzó a ver borroso, escucho la voz de Rodrigo bastante lejana hasta que todo a su alrededor se oscureció. — ¡Natalie!. Rodrigo tomó en brazos a la rubia, se había desvanecido de un momento a otro la lluvia empeoraba por lo que no le quedó de otra que aporrear la puerta. Marco de León se sobresaltó escuchando los golpes en la puerta, era imposible que fuera su hija, debía de estar todavía en casa de su amiga Tala, abrió con preocupación y lo que vio le sorprendió. Rodrigo Montalbán empapado por la lluvia cargaba en brazos a su hija. — Pero…¿qué le hiciste a mi hija? — dijo alterado. — Jamás le haría daño — dijo molesto el castaño mientras empujaba con el cuerpo al señor mayor e ingresando al interior de la casa — Natalie está ardiendo en fiebre. — ¿De qué hablas? — dijo Marco viendo como el castaño se apresuraba a llegar al baño. — Usted dígame, por lo que veo su hija trabaja de madrugada, para posteriormente ir a la universidad, seguramente sus defensas están tan bajas por tanto estrés, que se ha enfermado por una simple lluvia. Rodrigo sostuvo a la rubia en sus brazos mientras la escuchaba balbucear, abrió la regadera dejando que el agua corriera sobre ellos. — ¡¿Qué crees que haces?! — dijo alterado Marco al ver cómo el hombre comenzaba a desvestir a su hija. — ¿Lo quiere hacer usted? — dijo el castaño molesto — Hay que bajarle la fiebre, busqué una playera. Marco de León pasó saliva, el castaño tenía razón su hija se veía bastante mal y había comenzado a delirar, se movió hacia la habitación de su hija, ya después ajustaría cuentas con el castaño. Después del baño expreso, el castaño envolvió a la rubia en una toalla volviendo a tomarla en brazos, dirigiéndose a su habitación, entre él y su padre se encargaron de colocar una blusa a la rubia para acomodarla en su cama. — Joven Montalbán, acompáñeme por favor. Rodrigo asintió siguiendo al hombre mayor hasta la sala. — Gracias por lo que hizo por mi hija, pero debe retirarse. — No. Marco frunció el ceño, Rodrigo Montalbán permanecía firme con las gotas de lluvia resbalando por su rostro. — Me quedaré a cuidar a Natalie aunque permanezca bajo la lluvia.
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