Lauro Montalbán observaba la maquinaria que había entrado al lado norte de los hoteles Montalbán, su hijo Rodrigo, había cumplido demasiado pronto con lo que le había dicho, había cerrado gran parte del hotel para comenzar la remodelación.
— Disculpe señor, no puede pasar — Lauro frunció el ceño al ver al personal de vigilancia que su hijo había contratado.
— Soy el dueño del hotel, usted no puede prohibirme nada.
— Se quien es usted señor Montalbán, pero nadie ni siquiera usted tiene permitido ingresar.
— ¿La orden la dio mi hijo?.
— Así es señor, el joven Montalbán dio la indicación.
— ¿Dónde está él ahora?.
El hombre frunció el ceño, no estaba seguro de poder dar la información.
— Está adentro con el ingeniero de la obra.
— Entonces no veo el porque yo tenga prohibido el paso.
— Señor yo…
— ¿Qué sucede aquí?.
Rodrigo salió del área cerrada en compañía de una persona, miró a su padre que lucía bastante molesto.
— Padre, ¿qué haces aquí?.
— Venía para comprobar que efectivamente habías comenzado con la remodelación, pero al parecer tu orden es que no me acerque.
— Fuiste muy claro padre, dijiste que no me apoyarías en esto, es comprensible que no te quiera cerca.
— Cuida tus palabras Rodrigo.
— No he dicho nada malo, solo que no te quiero rondando por aquí, tu opinión no es bien recibida.
Lauro apretó la mandíbula.
— Espero que no te estés equivocando Rodrigo, porque si no habrá muy malas consecuencias para ti.
— No te preocupes padre, todo va a marchar bien.
— Bien, tu madre nos espera para comer ha dicho que traigas a tu prometida, ¿ya debería encontrarse bien no?.
— Sí padre, iré por ella a la universidad y vendremos a comer con ustedes.
El hombre mayor asintió mirando de soslayo una vez más la obra oculta antes de retirarse de ahí. Rodrigo colocó las manos en su bolsillo antes de girarse al hombre junto a él.
— Ingeniero Ferguson gracias por venir de manera apresurada, como le decía me iré a un viaje a finales de la semana y es necesario que se cumpla al pie de la letra cada indicación que le estoy dando.
— Señor Montalbán, no tiene de qué preocuparse, todo mi equipo es confiable no habrá ninguna falla.
— Eso espero, me tengo que retirar pero todo lo que necesite, Jonas Calibran es el único que puede proporcionarselo.
Rodrigo tomó la mano que le ofrecía aquel hombre antes de retirarse hacia Nova South, hace días que no veía a la rubia y el tan solo pensar en tenerla cerca, hacía que una sonrisa saliera en su rostro. El camino hacia Nova South no le tomó más de media hora, la rubia debía estar por salir de sus clases, frunció el ceño al no distinguir el mustang rojo de Adrián, siempre estaba en esa posición no es posible que ya se hubiera ido, ¿se iría con él? Se estaba preguntando cuando vio salir a las hermanas Vanetti, salió del deportivo acercándose a ellas que lo miraban sorprendido.
— ¡Rodrigo! — hablo Cloe con una sonrisa — ¿Qué haces en Nova?.
— He venido por Natalie, mis padres nos esperan para comer ¿Dónde está ella?, ¿se fue con Morán?.
Cloe miró a su hermana mayor, que se sonrió nerviosamente.
— No, Adrián se fue hace rato al aeropuerto — dijo Sarah restando importancia — ya sabes, sus prácticas.
Rodrigo miró su reloj con el ceño fruncido.
— Tengo entendido que sus clases apenas van a terminar.
— Al parecer, hoy no tuvieron la última clase.
— ¿Y Natalie?.
Las hermanas se miraron una vez más nerviosas, su amiga les había platicado de Travis ayer en la noche pidiendo consejo sobre que debía de hacer y las cuatro habían llegado a la conclusión de Rodrigo Montalbán debía seguir jugando, por lo que la rubia tenía todo el derecho de conocer a alguien.
— ¿Por qué no le hablas por teléfono? — dijo Cloe rápidamente.
— No tengo su nuevo número, ¿me están ocultando algo?.
— ¡No! — siguió hablando la morena menor — Te pasaré su nuevo número, contactate con ella, la verdad es que nosotras no sabemos dónde está, yo apenas voy saliendo de clase.
El castaño las miró molesto mientras la menor de las Vanetti anotaba el nuevo número de Natalie, definitivamente ocultaban algo y odiaba que le mintieran ¿donde mierda estaba Natalie de León?.
Natalie enterraba sus pies en la arena sintiendo la frescura junto con la brisa del mar; Travis había ido en su motocicleta a recogerla como habían acordado lo que nunca imaginó fue que llegaran a lo que parecía ser unas palapas con una enorme manta sobre la arena donde había una botella, una canastilla llena de comida Travis había organizado un pequeño picnic romántico frente al mar, donde el atardecer comenzaba a caer.
— Espero que tengas hambre — dijo Travis sacando la comida de la canastilla.
— ¿De verdad organizaste tu todo esto?.
— ¿No me crees capaz?.
— No imaginaba que fueras del tipo romántico.
— ¿Porque manejo una motocicleta? — dijo entregandole la bebida — Eso es ofensivo señorita.
La rubia sonrió tomando un pedazo de fruta.
— Juzgue mal, perdona.
— No sé, ahora me siento bastante ofendido.
Natalie alzó una ceja mirándolo antes de que Travis soltara una risa, logrando que la rubia sonriera una vez más.
— Tienes una sonrisa encantadora, no puedo estar ofendido cuando me sonríes así.
— Gracias — dijo la rubia sintiendo sus mejillas rojas.
El tiempo pasaba tan amenamente entre pláticas triviales y risas, hasta que el sol se comenzaba a poner, el naranja había aparecido en el cielo acompañado de suaves tonos amrillos y morados.
— ¿Escuchas eso? — se escuchó la voz de Travis haciendo que la rubia desviara su mirada hacia él.
— ¿Qué cosa?.
— Esa música, vamos ¿no la escuchas?.
Natalie se esforzó por tratar de escuchar un sonido, pero solo las olas reventando en la arena era el único sonido.
— Travis no creo…
— Tienes que tener fe, vamos quizá si bailamos la puedas escuchar.
— ¿Ah sí?.
— Estoy muy seguro — dijo Travis levantándose y tendiendo una mano a la rubia que sonrió tomándola.
La joven pareja envolvió sus manos el uno en el otro, Natalie sonreía divertida mientras Travis tarareaba una canción dando suaves vueltas, hasta que un suave sonido se escuchó, Natalie lo miró extrañada.
— Magia — dijo Travis siguiendo el ritmo suave.
— Debo admitir que sí estoy sorprendida.
— Debí decirte que también soy un mago — Natalie solo sonrió — ¿Y sabes cual es mi mejor truco?.
— ¿Cuál?.
Travis sonrió antes de acercar su boca al odio de la rubia, sintió su nerviosismo por lo cual sonrió aún más grande.
— Que me han dicho que beso de maravilla, pero ese truco aun no te lo voy a mostrar.
Natalie lo miró sorprendida, mientras veía a Travis sonreir.
— Si vieras todo de mi ahora, quizá no tendría nada para mostrarte despues, quiero poder sorprenderte cada vez que tengamos otra cita.
— Así que, ¿tendremos otra cita?.
— Por supuesto, vamos a caminar.
Travis tomó la mano de la rubia caminando por la orilla del mar, era algo que le relajaba y hacerlo de la mano de la chica que le comenzaba a gustar solo le hacía más feliz, esperaba que pronto Natalie le abriera poco a poco su corazón, sentía que algo ocultaba pero no podía obligarla a contarle que sucedía, no quería asustarla, no quería pequeños momentos sentía que por ella podía ir al infierno y volver, no le importaba quemarse mientras ella tuviera la manera de apagar su fuego.
El auto deportivo derrapó en las pequeñas calles del suburbio donde Natalie de León vivia, apenas daban las siete de la mañana cuando Rodrigo descendió de su vehículo en el momento justo en qué Marco de León salía de su casa.
— Señor Marco, buen día.
— Joven Rodrigo — dijo sorprendido el hombre, su hija no le había avisado que su prometido vendría tan temprano, estaba seguro que ni siquiera se había levantado — ¿Qué hace usted tan temprano por aquí?.
— Vine a ver a Natalie para llevarla a la universidad ¿Me deja pasar?.
Marco lo miró con extrañeza para después asentir, no era la primera vez que los jóvenes se quedaban solos, además pronto se casarían tenía que acostumbrarse.
— Yo tengo que irme a trabajar, hay café en la cocina.
— Gracias señor Marco, que tenga buen turno — dijo el castaño adentrándose a la casa.
Rodrigo camino hacia la habitación de la rubia donde la encontró aún durmiendo, ayer se había puesto ansioso al no saber donde se encontraba, sus amigas no soltaron prenda y el teléfono de la rubia parecía estar apagado por lo que nuevamente se había tenido que disculpa con sus padres, observó el celular en su encimera justo en el momento en que un texto entraba.
“Buenos días hermosa, hoy no te veré pero…”
El castaño frunció el ceño, no podía terminar de leer ya que el teléfono estaba bloqueado, volvió a colocarlo en su lugar mirando a la rubia que parecía estar en el quinto sueño.
— No puedes estar viendo a nadie chula, eres mía.
Rodrigo lo dijo más para sí mismo antes de acostarse lo más cuidadosamente al lado de Natalie que parecía despertar pero solo se abrazó inconscientemente al cuerpo del castaño.
Cuando el sonido de la alarma hizo que la joven rubia abriera los ojos, su vista se clavó en el castaño que la miraba soñoliento.
— Pero que…¡Qué carajos Rodrigo! — soltó incorporándose.
— Buenos días chula.
— ¿Qué haces aquí? — dijo la rubia apagando su alarma — ¿Cómo entraste?.
— Mi querido suegro me dejó entrar y vine a llevarte a la universidad.
— Esto ya es demasiado acoso — Natalie intentó levantarse de la cama pero Rodrigo la detuvo aprisionandola con su cuerpo.
— ¿Dónde mierda estuviste ayer chula?.
— Que te importa.
— Me importa porque eres mi prometida.
— Rodrigo quítate, hablemos de esto.
— ¿Hablar?.
El castaño aflojo el agarre para que los dos pudieran sentarse en la cama.
— Rodrigo se lo que dijiste el otro día frente a mi padre y mis amigos, pero también sé que es mentira — comenzó a hablar Natalie, ella sabía que necesitaba dejar las cosas claras con el castaño — Esto es lo que pasará, iré a Italia contigo, pero cuando volvamos anunciaremos a mi familia y a la tuya que lo nuestro no funcionará, ni ahora ni nunca, no nos acoplamos tu seguiras con tu vida hasta que puedas sacar a la luz tu relación con Simone y yo continuaré con la mía.
— ¿Quién dice que fue mentira Natalie? Yo terminaré mi relación con Simone pero antes, le haré pagar por hablar con tu padre sin mi permiso.
— ¿Pagar? — dijo la castaña incrédula — ¿Te estás escuchando Rodrigo? La pobre mujer lo único que quiere es que le digas al mundo que la has elegido a ella.
— Simone es una vivora y como tal la trataré, además no es la mujer que quiero a mi lado.
— Hace poco tiempo decías que Simone era la mujer que habías elegido, que sería tu esposa.
— Natalie tienes que confiar en mí.
— Es que no lo hago — dijo la rubia levantándose — No puedo Rodrigo, si de verdad quieres que confíe en ti, debemos empezar por conocernos realmente, además de por supuesto sacar a Simone de tu habitación.
Rodrigo se levantó tratando de acercarse a la rubia pero esta solo se alejó negando con la cabeza.
— Escucha chula, haré todo eso pero debe ser bajo mis términos, porque si a ella se le ocurre soltar todo, me terminara por joder.
Natalie se cruzó de brazos.
— Entonces pretendes estar conmigo, pero que me aguante que tengas a Simone durmiendo contigo ¿te das cuenta del ciclo vicioso que estas haciendo?.
— Natalie…
— He dicho no Rodrigo, te lo digo por última vez, no existirá nada real entre los dos por el simple hecho de que no te conozco y no creo que nunca conozca realmente a Rodrigo Montalbán.
El castaño se quedó de pie pensando en cada palabra que la rubia había dicho, ella tenía razón, ni siquiera él mismo conocía sus propios límites, no había nadie que supiera realmente que albergaba su alma pero estaba seguro que le había mostrado en más de una ocasión como era el Rodrigo que se sentía libre en cada elección, ni siquiera Simone había podido ver esa parte de él, había confiado en aquella extraña esa noche, le había seducido, provocado para pasar la noche con ella, pero lo que nunca imaginó fue que quisiera repetir ese momento una y otra vez, no quería verla y saber que la había perdido, quería que Natalie de León se quedará en su vida, que se enamorara de su verdadera piel.