CAPÍTULO 34.

2306 Words
Simone Malverde observaba como Rodrigo había bajado del avión bastante molesto, habían sido más de diez horas de tensión durante el vuelo más las dos escalas que habían hecho todos parecían agotados y fastidiados, eran las nueve de la noche cuando por fin tocaron tierra, la única que parecía pasar el tiempo era Grace Janner junto con la rubia planeando una boda inexistente, pero el aura de molestia que emanaba Rodrigo había embriagado a los demás pasajeros, ella incluso llegó a arrepentirse por aceptar el plan de Jafar, lo mejor hubiera sido quedarse en el hotel. — Es tu momento querida Simone — habló Jafar en voz baja a su espalda mientras bajaban a donde varios vehículos los esperaban. — ¿Mi momento? — dijo desconcertada la pelirroja. — Mi hermano se irá en un coche solo, está molesto por alguna razón con Natalie, sube al vehículo usa tus encantos, te aseguro que esta noche él no querrá estar al lado de ella. Simone lo miró un segundo observando como Rodrigo se adentraba a un vehículo, Jafar tenía razón era su oportunidad, se apresuró a llegar al lado contrario del vehículo antes de que este arrancará, el castaño la miró un segundo molesto antes de indicarle al chofer que podía continuar. Una sonrisa se apoderó de la joven pelirroja al saber que el castaño no le había echado del vehículo, se acomodo esperando el momento para hablar. Natalie bajó del avión en compañía de Grace Janner, las dos mujeres habían visto como Rodrigo y Simone se habían ido en el mismo vehículo sin despedirse, para la rubia eso era más que suficiente para saber que no podía confiar más en el castaño, vio a Jafar acercarse a ellas con una sonrisa ladina. — ¿Listo hermosas mujeres?. — ¿A dónde ha ido mi hijo Jafar? — le respondió Grace en un tono bastante tajante, aun así la sonrisa del castaño mayor no se borró. — Rodrigo nos ha dicho durante el vuelo que tenía que resolver ciertos asuntos con unos viejos amigos, Simone le ha pedido que la acerque con sus familiares para no darnos molestia en nuestra casa. — Bueno querida — dijo Grace mirando hacia la rubia que no se había creído ni una palabra de Jafar — Vayamos al vehículo, Rodrigo nos alcanzará en la casa. La rubia asintió caminando hacia una camioneta blindada, antes de entrar sintió la mano de Jafar en su cintura por lo que se giró con el ceño fruncido. — ¿Que se supone que haces Jafar?. — Solo quería comentar, sabes la relación de Rodrigo con su madre, me parecería imprudente que algo saliera de tu boca. Natalie sonrió. — ¿Ahora proteges a tu hermano?. — Solo me aseguro Natalie, nadie aquí quiere nada nuevo, incluso tu sabes que no perteneces aquí. Dicho eso último, Jafar abrió la puerta para que la rubia ingresara, sabía que lo mas seguro es que sus palabras hicieran mella en la rubia, solo esperaba que Simone fuera lo suficiente inteligente para volver a enredar a su hermano antes de que él avanzara con la siguiente parte de su plan. Yab Night Club se iluminaba con las luces nocturnas mientras la fila para ingresar se extendía por la estrecha calle. Simone se había aferrado al brazo de Rodrigo cuando éste había salido del coche completamente cambiado, a excepción de su actitud que seguía siendo la misma. — ¿Entraremos al club? — dijo la pelirroja cuando Rodrigo se acercó al hombre del acceso. — Si no quieres largate. La joven pelirroja prefiero no decir nada, observo como los otros jóvenes que seguramente habían esperado horas en la fila, les gritaban palabras en italiano, Rodrigo los había ignorado hasta que uno decidió que jalar la camisa del castaño era buena idea, este se giró hacia ellos molesto. — Vuoi entrare? — preguntó el castaño con una sonrisa torcida. Simone escucho como varios jóvenes asentian eufóricos. Antes que Rodrigo se alejara para girarse al empleado de seguridad. — Quitalos de la fila, nunca en su vida entraran a mi club. La pelirroja pasó saliva mirando por última vez a los jóvenes que parecían sorprendidos cuando varios agentes de seguridad se acercaron para tomarlos de los brazos, no sentía lástima por ellos pero había visto una nueva faceta de Rodrigo y no le gustaba para nada. — No sabía que eras dueño de un club — dijo por fin la pelirroja cuando se asentaron en una de las glamurosas áreas VIP del lugar. — Hay muchas cosas que desconoces de mi Simone, ahora que has decidido acompañarme te diré dos reglas que vas a seguir, la primera cualquier persona que venga a platicar conmigo no intervendrás bajo ninguna circunstancia, serás una decoración más del lugar y la segunda escuches lo que escuches nunca debe salir nada de tu boca ¿entendiste las dos reglas?. Simone Malverde nunca había tenido temor del castaño hasta ese momento, había hablado de manera pausada y tranquila, como si el aura a su alrededor también se hubiera oscurecido generando ese ambiente que había hecho que los vellos de sus brazos se erizaron. — Simone no he escuchado que digas que entendiste. — Si, Rodrigo — se apresuró a hablar la joven — Entendí, soy una decoración más. Rodrigo sonrió haciendo señas a dos hombres que se acercaban. — Belcebú amigo mío, gracias por viajar hasta acá. El hombre mayor aceptó la mano del castaño mientras tomaba asiento, miró disimuladamente a la pelirroja volviendo su vista hacia el castaño. — Solo espero que Igor de verdad nos haya perdido la pista — habló el hombre tomando el vaso que Rodrigo le ofrecía. — Habló conmigo antes de que tomará mi vuelo, me confirmó algo que ya presentía por lo que te cite por dos asuntos, el primero es que hay un hombre que está detrás de mi mujer — mientras hablaba Rodrigo arrojó unas imágenes de Natalie sonriente en compañía de un joven — Ve tras él, buscalo por mi y cuando regrese yo me encargaré de que jamás la busque. En ese momento Simone Malverde se había quedado de piedra, no solo por el hecho de que Rodrigo había reafirmado una vez más que Natalie era su mujer y no ella, si no que estaba dispuesto a hacerle pagar a un inocente por haber puesto los ojos en la rubia, ni siquiera a ella durante su año en Francia le había celado de aquella manera. — Como tu digas Montalbán, pero es un trabajo simple no tienes que ensuciarte las manos. — No lo haré, solo será un pequeño recordatorio de que Natalie de León tiene dueño. Rodrigo levantó su bebida sonriente. — En segundo lugar Belcebú, he contactado con Luciano Colombo y me he quedado de ver con él pasado mañana, necesito que lo investigues. — No hay necesidad de investigarlo Rodrigo — habló Belcebú sonriendo — Conozco a los Colombo y su red en todo el país, es un joven ambicioso igual que tú, pero peligroso si cruzas los límites, los Colombo solo te aceptarán en su mafia si logras convencerlos de tu lealtad. — ¿Nunca han tratado con Igor?. — No que yo sepa, no es que les agraden mucho los rusos. — ¿Y qué hay de tí?. — Tuve trato con su padre, pero el trato terminó cuando Igor Petrov tomó mi lugar, no puedo intervenir por tí. — Está bien, gracias Belcebú puedes divertirte todo corre por mi cuenta. Simone observó cómo el hombre se levantaba junto con su acompañante para salir del área, Rodrigo aún permanecía en silencio, pero ella sabía que no debía hablar y mucho menos cuestionarlo, por lo que decidió solo seguir el plan que había hecho con Jafar. La zona donde se ubicaba la casa de los Montalbán para sorpresa de la rubia era una zona bastante urbanizada y común, claro que una vez ingresando a la propiedad se podía ver la seguridad a su máximo esplendor aun así cualquiera que pasara por el lugar podía ver que era una familia sin ningún tipo de lujo. Una de las cosas que más le gusto a la rubia fue el hecho se encontraba muy cerca del río Arno según le había dicho google que se llamaba, por lo que había decidido a caminar por el camellón pegado al río. — Esto es genial — dijo en voz alta tomándose fotos y enviandolas al grupo donde estaban sus amigas. Lo más emocionante eran las luces que adornaban de maravilla el río, conforme más caminaba más entusiasmada estaba de conocer la ciudad. — Attenta, ragazza! Natalie había saltado al ver las luces que la apuntaban, antes de que el diminuto vehículo siguiera su camino. — Dios — dijo tomando su pecho — Solo a mi se me ocurre salir de noche en una ciudad que no conozco y que además no hablo el idioma. — Yo puedo ayudar en eso. Natalie se giró hacia la voz, observando a Jafar recargado sobre un poste en el cual se leía “Stop, pedoni sul lato opposto” ¿la había seguido? pensó la rubia con fastidio. — ¿Que no puedo estar un segundo separada de los Montalbán?. — Mi padre me ha pedido que te acompañe, no podemos dejar que una dama ande sola por la calle. — Que obediente resultaste, ¿o solo es que los herederos Montalbán resultan ser unos cobardes que no pueden enfrentar a su propios padres?. Jafar sonrió de lado acercándose a la rubia. — Desde el puente se ve una vista increíble del río y la ciudad, si estás dispuesta a caminar unos minutos conmigo. — Tampoco es que esté llena de opciones ¿o si?. Natalie comenzó a caminar en silencio al lado de un sonriente Jafar, el cual empezó a hablarle un poco de la ciudad en la que se encontraban, habían aterrizado en Florencia para el evento que se llevaría a cabo al día siguiente por la tarde. Sorprendentemente para Natalie la compañía de Jafar no fue tan fastidiosa como hubiera esperado, de hecho el hombre sabía tanto de cultura que le sorprendió entablar una plática tan amena, mientras el nombre de Rodrigo no se pronunciara entre los dos, parecían ser muy buenos amigos. — Cerca de aquí está el Campanile di Giotto —siguió hablando Jafar — Si de arquitectura y arte se trata, este campanario contiene más de cuatrocientos escalones pero podrás ver la ciudad casi en su máximo esplendor. — Vaya — dijo la rubia sonriendo — Yo de Italia solo había escuchado de Roma. Jafar sonrió recargándose sobre el puente que atravesaba el río. — Bueno eso queda a unas tres horas en coche, creo que podemos hacer un viaje rápido. — ¿Tú y yo? — dijo con burla la rubia — No creo Jafar. — Dudo que mi hermanito tenga el tiempo para mostrarte la ciudad. — Siempre hay guías turísticos. — ¿Y tienes para pagar uno? — soltó con burla el castaño. — Existen otros métodos Jafar — dijo la rubia guiñandole el ojo para fastidiar al hombre. Para Jafar que había basado su vida en negocios, era la primera vez que una mujer llamaba su atención, hablando con Natalie había comprendido porque su hermano había cambiado a la ambiciosa Simone por la joven rubia, no solo la era hermosa sino que su carácter era sumamente atrayente, además cada vez que sonreía no podía evitar corresponder de la misma manera. — ¿Te han dicho lo sexy que puedes llegar a ser? — dijo Jafar invadiendo un poco el espacio de la rubia que lo miró con una ceja levantada. — Si, incluyendo tu hermano, el cual lamentablemente sigue siendo mi prometido — respondió con una sonrisa mostrando el anillo de compromiso que Rodrigo había insistido en que nuevamente usará durante el viaje. — Dudo que mi hermano esté respetando en estos momentos su compromiso ¿si sabes a lo que me refiero?. Natalie intentó sonreír al tiempo que Jafar pegaba más su cuerpo al de ella, pero sabía que el hombre estaba en lo cierto, Rodrigo se había desaparecido con Simone, la cual aun seguía siendo su verdadera prometida, ella no tenía porque exigirle nada al castaño pero tampoco se metería con el otro hermano Montalbán, además estaba Travis ese hombre que le había dicho que pelearía por ella, aunque en su interior tenía que reconocer que Travis solo podía ser una vía de escape y no se merecía ser lastimado. — Querido Jafar — dijo la rubia acariciando la mejilla del castaño mayor que cerró los ojos ante el suave tacto — Algo entre tu y yo, jamás pasará, ni en esta vida ni en ninguna otra. El castaño abrió los ojos mostrando su enojo, esa mujer le había rechazado, se alejó de Natalie que sonreía con burla. — Está bien — dijo al cabo de unos minutos el castaño — Pero que eso no impida lo bien que estábamos conviviendo ¿no?, conozco un lugar que te gustará, Italia de noche es hermoso y esa es otra cara de la ciudad. La rubia sopesó sus posibilidades, acompañar a Jafar a dios sabe donde o encerrarse en la habitación de la casa de los Montalbán, ninguna era lo suficientemente atractiva pero solo estaría en Italia tres días y lo más seguro es que nunca volvería. Arriesgaría un poco aquella noche al final de cuentas no podría ser tan malo si algo le llegaba a pasar estaba segura que Jafar sería el responsable, con ese pensamiento la joven rubia aceptó el ofrecimiento de Jafar Montalbán, muchas veces nos engañamos a nosotros mismos, dejamos de seguir nuestras corazonadas pensando que no dañaremos nuestra vida, pero a veces ni la eternidad alcanza para arrepentirse.
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