IRIS Una suave caricia al corazón. Un recordatorio de que el órgano cardíaco seguía en funcionamiento. Un par de latidos menos, una verdad más. Una confesión que ya no pesaba sobre nosotros, ahora se escurría entre nuestros labios que se buscaban con desesperación. Yo estaba a la deriva y él era tierra firme. Era el aire fresco que ansiaba mi alma rota, el susurro de amor que no sabía que necesitaba con tanta urgencia. La miel de mis labios era residuo de los suyos. Un sabor tan dulce como reconfortante era el calor que me abrazaba el pecho. Sus manos causando estragos en mi cuerpo. Danzando sobre las cimas, curvas y cientos de imperfecciones. Su contacto era poesía y yo la musa que la mantenía viva. Sus besos un tratado de paz y su necesitad una declaración de intenciones. Ardíamos. Es

