El chico raro de mi cuadra (4)

2918 Words
Melinda Cuando yo tenía doce años y medio, parecía de diez y Jenny —a quien ya se le estaban notando los pechos, pues ella se desarrolló temprano y siempre ha tenido un cuerpo de ensueño— se burlaba de mí porque el desarrollo me llegó tarde; por lo tanto, yo parecía una tablita gracias a que soy muy delgada, lo que me es conveniente para el ballet. Recuerdo que hubo un viaje escolar a un pueblo muy anticuado y todos estábamos felices porque ese día no tendríamos clases y nos bañaríamos en el río. Ashton tenía catorce y ya se veía muy apuesto. Él siempre ha sido un grandulón intimidante, pero con un rostro bonito, combinación que atrae a las niñas; no obstante, ninguna se atreve a acercársele y si lo hacen, él simplemente las ignora. Se ha rumorado que le gusta los chicos, pero él no comparte con ninguno, así que lo último que escuché fue que le gustan los animales. ¡La gente está loca! Ese día estaba muy feliz porque conocería un nuevo lugar y vería las montañas, además de que amo nadar. Recuerdo que estábamos en un pequeño, pero acogedor restaurante, cuando sentí un punzón en mi vientre. Lo ignoré y continué compartiendo con mis amigos, mas cuando estábamos paseando en la plaza, el dolor me atacó sin piedad. Me encorvé de lo tanto que me dolía y como estaba un poco alejada —pues tiendo a distraerme y eso ha provocado que me pierda varias veces—, nadie de la escuela lo notó. Personas del lugar me rodearon para auxiliarme y yo tenía mucho miedo, entonces Ashton apareció de repente y me tomó del brazo. Él se quedó observándome por varios segundos y luego se quitó su chaqueta negra y la colocó sobre mi trasero, amarrándola alrededor de mi cintura. Estaba confundida y no entendía el porqué de cubrir mis glúteos, pero cuando me arrastró al baño de una tienda, lo entendí. ¡Me había llegado el periodo! Ese fue el día más vergonzoso de mi vida porque a mi menarquia se le ocurrió hacer llegada en un viaje escolar. Lo peor de todo es que Ashton tuvo que socorrerme y comprar toallas sanitarias, una ropa interior y un pantalón. Gracias a Dios ambos teníamos dinero. Ashton es un chico retraído, asocial y descortés; pero ha sido como mi ángel guardián, quien aparece en el momento en que más lo necesito; aunque nadie me cree cuando les cuento lo que él hace por mí. Sé que él me aprecia como amiga, de la misma forma en que yo lo aprecio a él. Ese día no me pude bañar en el río, pero tampoco me aburrí; Ashton me haló del brazo cuando nadie nos notaba y nos pasamos la tarde recorriendo el pueblo y hasta fuimos a una feria. ¿Ahora entienden la razón de seguir acosándole y vociferar que el chico raro de mi cuadra es mi amigo? *** Mis manos se mueven de forma involuntaria, sudores fríos recorren mi frente y mi estómago se revuelve. Creo que vomitaré en cualquier momento. Miro a Ashton, quien está junto a Jenny sacando sus instrumentos de disección como si nada. Jenny es otra sangrienta así que me imagino que su desagrado es porque le tocó hacer equipo con Ashton. Digamos que ella no lo soporta, hasta hemos tenido varios enfrentamientos porque yo lo defiendo de sus habladurías. Trago pesado y miro a Sandra, quien está tan nerviosa como yo.   —Tú abres la rana y yo hago los apuntes —ofrezco con mi mejor sonrisa manipuladora, pero Sandra niega.  —Te toca abrir a la rana a ti. Yo hice la presentación de power point para el trabajo de inglés. —Ella contraataca y suspiro, rendida. La profesora nos dice que empecemos, por consiguiente, mi corazón late con agitación. Miro a Ashton quien está muy concentrado partiendo la pobre rana en dos y me lamento de que no me haya tocado con él.  —Vamos, no es tan difícil. Ya todos empezaron y tú solo estás babeando por el chico raro; tu obsesión asusta.  —¡¿Qué dices?! —grito, espantada, ganando todas las miradas y el regaño de la maestra—. Yo no estoy babeando por Ashton y mucho menos estoy obsesionada con él. —Bajo la voz, pero todavía me miran y muchos de ellos murmuran con risas burlonas—. Y si crees que abrir una rana asquerosa en dos es fácil, ¿por qué no lo haces tú?  —Pues, porque es tu turno de hacer algo, siempre termino yo haciéndolo todo —se queja cruzando los brazos y yo la miro mal. Tomo el cuchillito que ya olvidé como se llama y lo acerco al c*****r de la señora rana o... ¿Será un señor? ¿Tendrá una familia en la laguna esperando por él? ¿Habrá dejado a todas esas ranitas huérfanas y a la señora rana viuda? ¡Pobrecitos! Limpio una lágrima que se escurre por mi mejilla y Sandra me mira como si estuviera loca. Esto es demasiado injusto, ¿cómo se atreven a matar al señor rana solo para que lo abramos y veamos sus tripas? ¿De qué nos servirá esto a nosotros? Limpio otra lágrima mientras escucho murmullos de risas; otra vez mis compañeros se burlan de mí. Miro a Ashton y me sorprende que me estuviese observando, su expresión es seria y si no lo conociera podría decir que se ve preocupado. Acerco el asunto que pincha y lo pego de la piel, creo que hundí mucho el bisturí. Sangre sale y Sandra me reclama por mi torpeza, pero yo solo veo ese líquido rojo que cubre la pancita de la pobre rana.  —¿Melinda? —Escucho la voz de mi amiga muy lejos y todo se torna confuso. Voy a caer cuando unos brazos fuertes me sostienen. Percibo un gran alboroto mezclado con risas, asimismo siento que me cargan y que el aire da en mi cara. Su respiración cálida acaricia mi cuello y creo que estoy soñando, aunque reconozco esa deliciosa colonia hasta desmayada. Siento que me ponen sobre un colchón y escucho personas hablando. El olor fuerte del alcohol llena mis sentidos y vuelvo en sí poco a poco.  —¿Dónde estoy? —pregunto atolondrada y Ashton me mira aliviado.  —Estás en enfermería, te desmayaste en la clase —responde sosteniendo un algodón que tiene pegado a mi nariz. La enfermera entra y me hace unas cuantas preguntas, luego me dice que soy una cobarde, se ríe y se va dejándome avergonzada frente al escrutinio de Ashton.  —Lamento que hayas tenido que venir a traerme..., soy una tonta... —Lágrimas cubren mi rostro y me sorprendo cuando él las limpia. Sus ojos azules me examinan con intensidad y no entiendo este punzón en mi estómago. Oigo el tuntún de mi corazón que brinca como sapito cuando nuestras frentes se juntan. Creo que me voy a desmayar otra vez.   —Está bien... —Acaricia mi mejilla. Creo que estoy alucinando. Ashton nunca da muestras de cariño, al contrario, las odia. Recuerdo que cuando éramos niños él se alteraba si me le acercaba mucho. Miro sus lindos labios y me pregunto cómo se sentiría besarlos.  No, no, no, no.  No está bien que piense en esas cosas, Ashton y yo somos amigos y si él algún día se llega a fijar en una chica, no sería en una debilucha como yo. De seguro sería una mujer fuerte y seria, así como él.   —Yo... —Me quedo sin palabras y no entiendo la razón. Tenerlo tan cerca me está enfermando, ¿será el efecto del alcohol? Ashton suspira y se aleja lentamente, yo agarro su rostro con mis dos manos y beso su nariz. Siento como tiembla y me mira aterrorizado.   —¿Ya te sientes bien? —pregunta con voz nerviosa y yo asiento.   —Nunca ningún chico me ha besado... —¡Rayos! ¿Por qué le digo esto? —. Sería bueno practicar, en caso de que yo le guste a algún chico...  —¿De qué rayos hablas? —Ashton me mira como si estuviera loca. Rayos…  Yo quiero que me trague la tierra.  —Nada... Creo que estoy delirando, disculpa. No te iba a proponer que nos besáramos para yo esté preparada cuando conozca a un chico; ja, ja, ja; no, no te iba a pedir eso... Se supone que no debí haber dicho esto, así que no me queda de otra que hacerme la desmayada para soportar mi vergüenza. Me tiro en la camilla y escucho la risa ronca de Ashton. Me incorporo y me cruzo de brazos, pero verlo reír me hace sentir un no sé qué que me contagia, pues es muy raro que Ashton ría y, si hablamos de sonreír, eso nunca lo he visto hacerlo. Ambos reímos como locos por un largo rato. ¿Les he dicho quiero mucho Ashton? Pues lo quiero tanto que a veces me confundo, pero eso es un secreto. *** Estoy muy feliz porque mañana es domingo y será la presentación de ballet en el teatro que está en el centro. Voy dando saltos y practicando uno que otro paso por toda la cuadra. Toco el timbre y Ron me recibe con una gran sonrisa. Ron es un chico castaño con ojos azules claros, tiene un lunar grande en su mejilla derecha que siempre me da gana de tocar. Él es alto y delgado, y suele vestir casual. Me alza por la cintura y besa mis mejillas varias veces. El carraspeo de Ashton capta mi atención por lo que me remuevo entre los brazos de Ron para que me suelte, pero el muy tarado me aprieta más a él. No entiendo la razón de mi nerviosismo ni el porqué de sentirme incómoda de que Ashton me vea así con él.  —¡Suéltame ya! —Le pego en los hombros, pero el muy tonto se ríe en mi cara.  —No, bella mariposa.  —¡Déjate de juegos y suéltame! —Me remuevo con más fuerza, me frustra que me apriete tanto. No sé por qué Ron a veces se comporta como un idiota, pero puede llegar a ser muy desagradable cuando se lo propone.  —Te suelto si me das un beso. —Hace el intento de besarme, por lo tanto, giro mi rostro al lado contrario.  —¡No estoy jugando! ¡Suéltame! —Lágrimas llenan mis ojos y parece que a él le divierte eso. Me aprieta tanto que siento que me falta el aire, se acerca para besarme, pero Ashton lo empuja.  —¡Deja de ser tan infantil y suéltala! —Agrando los ojos al ver lo alterado que está Ashton. Su pecho sube y baja con dificultad y tiene la mandíbula y los puños apretados.  —¿Qué vas a hacer si no la suelto? —Ron me pone a un lado y se para en frente de él de forma provocativa—. ¿Vas a matarme como la asesina de tu madre mató a…? —Ron no termina de hablar porque Ashton lo golpea en el rostro. Se va a armar una pelea, razón por la que me pongo en frente de ellos y en ese mismo instante aparece la señora Morris. Gracias a Dios…  —¿Sucede algo? —Ella mira a los chicos amenazante y Ron niega frotando su mano sobre su cara.  —No, mamá. Todo está perfecto. Es lo que tenemos que fingir desde que recogiste a esta escoria y lo trajiste a casa sin importarte nuestra maldita opinión. Ron sale de la casa estrellando la puerta y la señora Morris nos mira angustiada.  —¿Estás bien, cariño? —Se dirige a Ashton y él asiente con expresión ida—. No le hagan caso a Ron, él tiene un temperamento fuerte, mas no es un mal chico, él solo es un poco celoso. —Ella sonríe con amargura, yo solo asiento.  —Vine a ver a Lali. —Me dirijo a Ashton, quien suspira incómodo.  —No se llama Lali. —Se encamina por el pasillo y como siempre yo lo sigo. La señora Morris grita si queremos algo de comer y le respondo que sí. Camino detrás de Ashton hasta su habitación, quien una vez adentro, se sienta en el piso seguido de mí. Me pongo a su lado y levanto su mentón para que me mire.  —¿Estás bien? —pregunto tratando de que mi preocupación no sea muy obvia. Nunca me ha gustado el trato que Ron le da a su primo y sé que todo ese rechazo a él le afecta, aunque se hace el desinteresado.  —¿Tú lo estás? —pregunta sin mirarme mientras acaricia al gatito.  —Sí, gracias por defenderme. Eres como mi ángel guardián o mi apuesto guarda espalda.  Porque eres tan lindo que pareces un actor de cine, entonces yo sería la chica mimada que su padre rico quiere proteger y te contrata a ti para ser mi guarda espaldas y me cuides de los que me quieren secuestrar para pedir rescate o vengarse de mi padre; nos enamoramos y nos besamos... —Tapo mi boca al percatarme que estoy hablando de más y quiero desaparecer. ¿Por qué últimamente solo pienso en besar a Ashton? ¿Serán las hormonas adolescentes?  —Hablas demasiado y muy rápido, no entiendo lo que dices —gruñe como siempre. Por mi parte le topo en el hombro como respuesta. Siento como corrientes eléctricas azotan mi cuerpo con ese simple contacto, por lo tanto, quito mi mano con prisa. Tomo al gatito y lo lleno de besos para disimular mi vergüenza.  —No beses al gato —gruñe.  —Eres un pesado gruñón. ¿Verdad, Lali? Tu papi es un gruñón aburrido.  —Arg... No se llama Lali. Ya lo revisé, es macho.  —¿Le viste sus cositas? —Subo y bajo mis cejas, más él niega fastidiado.  —Como sea...  —Entonces, se va a llamar Lalo.  —No.  —Ummm... ¿Mailon?  —Arg...  —Entonces, Barney.  —No le pondrás Barney a mi gato. Se llama Leonardo. —¿Ah? Leonardo no es un nombre de gato. —Me cruzo de brazos y hago un puchero.  —Como sea.  —¡Ya se! Se llamará Ed. —Aplaudo porque Ashton se queda en silencio, lo que significa que está de acuerdo. Abrazo al gatito, pero éste sisea y me ataca. Río como loca, entonces el gato se va corriendo y se esconde debajo de la cama. Asomo mi cabeza y Ed se echa para atrás, ¿está huyendo de mí?  —Deja el gato en paz. —Ashton me jala por el brazo, pero yo me suelto con tristeza.  —Ed no me quiere —sollozo por el gran dolor que siento en mi corazón y Ashton suspira con hastío.  —El gat... 'Ed' te quiere. Pero debes ser menos intensa y no asustarlo. Cuando se calme volverá y será tu oportunidad de acariciarlo sin gritar ni abrazarlo fuerte.  —Está bien, guapo. —Tapo mi boca con nerviosismo, mientras que Ashton me observa como si yo tuviera dos cabezas. Lo miro a los ojos y mi boca se abre de más, solo espero no estar babeando. ¿Por qué Ashton se ve tan lindo, últimamente? ¿Qué pasaría si le pido que seamos novios y nos demos besitos? Siento mis mejillas arder y hago algo que está mal, muy mal. Mis labios tocan los suyos; sin embargo, no hago nada más. Es que no me puedo mover y mi respiración me falla. Espero su reclamo, pero éste no llega y seguimos así, con nuestros labios rozando y nuestras respiraciones aceleradas.  —¡Chicos, aquí les traje pastel! —Doy un salto del susto y Ashton oculta la mirada—. ¿Interrumpo algo? —La señora Morris sonríe con picardía, mas yo niego varias veces y agito mis brazos llena de nervios.  —No, no, no... Ashton me estaba soplando el ojo porque se me entró una pajita. —Froto mis ojos de forma brusca hasta que Ashton me detiene.  —Te vas a sacar los ojos, loca.  —Perdón... —Ya no sé ni lo que digo, así que me levanto del piso y corro fuera de la habitación.   Ashton Aún estoy impresionado con el movimiento de Melinda. Esa empalagosa de seguro apostó con sus amigos que me besaría. ¡Niña tonta! La veo salir asustada y a mi tía encogerse de hombros con confusión.  —Se fue sin comerse su pastel. —Hace un mohín y yo gruño. Tomo las dos porciones y me dirijo a casa de la empalagosa. ¡Qué fastidio! Toco el timbre y su madre me recibe.  —Vine a traerle este pedazo de pastel a Melinda —informo con vergüenza ante su sugerente escrutinio acompañado de una amplia sonrisa.  —Melinda está sentada bajo el árbol del patio, ve.   Omnisciente La mujer ve al chico dirigirse al patio y un extraño escalofrío la recorre. Se dirige hacia allá y los observa desde una distancia prudente. Verlos compartir aquel pastel le da la sensación de que ya experimentó algo similar.  —¿Por qué siento que ya viví esto antes? —Pone un dedo sobre sus labios como rememorando un evento similar. 
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