Vulnerabilidad

1231 Words
Al salir caminé hacia la puerta, Amanda estaba sentada en el sofá de espera, Talia ni la había notado pero tuve una enorme necesidad de que así fuera -Cariño, al fin llegas- casi grité haciendo que Talia dirigiera su mirada hacia nosotros mientras esperaba por el ascensor; la cara de Amanda mostró un poco de confusión, fui hasta ella y la besé cariñosamente para luego tomar su mano, Talia apartó la mirada y subió al ascensor, era un estúpido en el fondo quería provocar celos en ella, los cuales eran nulos pues finalmente ella fue quién me botó. Entramos a mi oficina con cierto desconcierto en mi rostro -¿Sucede algo?- cuestionó Amanda- eso ha sido muy innecesario, ya lo habíamos hablado -No me molestes con tus cosas ahora- contesté molesto- todo está calculado No dijo más, dejó una lonchera en mi escritorio y salió de allí -¿Qué es esto?- pregunté -Sólo me apego al plan, lo que una prometida haría, no permitir que su novio se salte la cena, nos vemos en casa. Quizás fui un poco grosero con ella, pero Talia me había sacado de mis casillas, tener que convivir con ella sería un infierno, aún no se cerraba por completo esa herida y era como hurgarla una y otra vez. Destapé la lonchera, contenía un vaso térmico con un fragante y delicioso café, un filete de ternera y vegetales en un punto excelente de cocción, una pequeña porción de puré de patatas y una nota: “agregué café solo por si acaso, sé que tendrás un buen vino en tu oficina” Su nota me causó gracia, su letra era muy bien moldeada, la pegué a mi escritorio y comí los alimentos, el café me serviría más tarde pues realmente iba a amanecer entre todos los pendientes, quería despejar mi día para poder ir de compras con Amanda y visitar los posibles lugares para la boda, aunque después de esto me sentiré un poco incómodo, definitivamente le pediría una disculpa. Trabajé como un loco hasta que el cansancio me dominó y me recosté en el sillón, la noche estuvo muy lluviosa, desperté cuando ya eran las 9 de la mañana del siguiente día, aún continuaba el mal clima -Demonios, es tarde- me lamenté Me apresuré a llegar a casa, la señora Perkins se encontraba en la cocina, guardaba el desayuno en contenedores, quizás me esperaron para desayunar antes -Sírvame mi desayuno por favor, ¿ya ha desayunado la señora? -La señora no quiso desayunar, no se siente bien, dijo que se quedará en cama un poco más, le he subido una aspirina y un vaso de jugo -Muy bien, mientras prepara todo subiré a verla- se me hacía muy extraño puesto que anoche Amanda estaba perfectamente bien, quizás estaba en sus días infértiles y deseara estar en cama pero a tal grado de no desayunar se me hacía exagerado. Entré a mi habitación y no estaba, seguramente estaba en la suya, abrí nuestro pasaje y la vi, tapada entre las colchas durmiendo aún, desde la distancia noté que su temperatura corporal era alta, estando tapada sólo conseguía empeorarlo, la destapé para hacer que su cuerpo se refrescara, solo llevaba encima una delgada bata de seda de tirantes delgados y algunos toques de encaje, busqué el termómetro y su fiebre era elevada -Amanda, tienes mucha fiebre, te examinaré, pero primero debemos bajar la temperatura- ella abrió los ojos y me miró como un pequeño gatito abandonado asintiendo. La tomé en brazos y la llevé a la bañera, abrí la llave nivelando el agua para que estuviera ligeramente templada, abrí la regadera para que su cabeza también se refrescara, echaba hacia atrás su cabellera para que su cabeza y rostro se mojaran parcialmente, sostenerla no era difícil pero se resbalaba un poco, por ello decidí quitarme mis zapatos y reloj y entré en la bañera con ella para sostenerla mejor y que estuviera cómoda -Tengo mucho frío- artículo con dificultad -Lo sé, pero debemos bajar esa fiebre, esta es la forma más rápida, te recetaré algo cuando sepa a fondo lo que tienes- ya le había echado un escan y estaba bien fisionómicamente, seguramente era una infección en la garganta según mis conclusiones. Su cuerpo temblaba de frio, se abrazó a mi como si de esa forma encontrara calor, suspiró como sintiendo alivio, estuvimos así por al menos veinte minutos, la levanté para llevarla de regreso a la cama, estábamos totalmente mojados -Tendré que quitarte la ropa para recostarte en la cama, ciertamente con la humedad su cuerpo a través de esa fina tela estaba más que expuesto pero aun así necesitaba su autorización. Levantó los brazos en señal de aprobación y saqué su bata para de inmediato colocar una bata de baño, su temperatura estaba mucho mejor, quité mi camisa y calcetines, con el resto de mi ropa mojada caminé hasta la cama dejando un desastre en el camino. -Iré al baño un momento- me quité rápidamente la ropa restante y me coloque igualmente una bata de baño, me acerqué a ella y le ayudé a incorporarse colocando algunas almohadas para que estuviera semi sentada -Abre grande tu boca- dije, mis sospechas eran correctas, su garganta estaba muy roja, parecía que se convertiría en un resfriado- Es tu garganta -Lo supuse- afirmó- anoche me ha atrapado la lluvia y me mojé, aunque tomé una ducha creo que no fue suficiente -Pero ¿cómo te has mojado? ¿No has viajado en el auto? -Decidí salir a comprar algunas cosas personales sola, luego paré en un restaurante a cenar y luego ya sabes, no quise molestarte cuando estabas muy ocupado y molesto, así que decidí volver por mí misma pero encontrar un taxi hacía aquí fue difícil y mi móvil estaba descargado -Debiste decirme, eres testaruda- reconocía que si yo hubiera sido ella tampoco habría dicho nada por mero orgullo, me sentí un poco culpable por ello, había sido un maldito engreído, me desquité con ella por algo que no le competía- Lo siento, no quise tratarte mal, sólo estaba teniendo un mal momento. Antes de que pudiera decirme algo más levanté el teléfono, la señora Perkins contestó -Prepare una sopa para la señora, está resfriada, mande a comprar los medicamentos que le escribiré por mensaje de texto y súbanlos de inmediato, desayunaremos ambos en la habitación, bajé la temperatura del clima para evitar que su fiebre aumentara de nuevo -Tengo frío- dijo jalando la colcha para taparse de nuevo -No lo hagas, tu fiebre aumentará Me recosté a su costado, tiritaba pero era por su bien, las colchas guardan el calor y no favorecen en estos casos, me acerqué a ella, extendí mi brazo para que subiera sobre él y la abracé para que sintiera al menos algo de alivio, se aferró a mi costado y se durmió, su piel era tan suave y blanca, no había notado que tiene algunas pecas en su rostro y en su clavícula, descubrí que tiene un pequeño tatuaje en uno de sus muslos en forma un ave, en realidad eso lo vi en el baño. Me quedé absorto en mis pensamientos y con el cansancio del desvelo me dormí de igual manera, no sé cuánto tiempo pasó pero creo que hacía mucho que no tenía una buena siesta, necesitaba desvelarme más seguido para tener más de estos placenteros sueños.
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