Leila. Dos semanas después. —Vamos a pincharle el taloncito. —¿Le va a doler mucho?. —acostada de lado en la cama veo como Seba la tiene en brazos dando a entender que no quiere soltarla. —Si, va a dolerle, pero lo debemos hacer. —No quiero. —Seba... —No Leila, lo eh visto, son re brutos como lo hacen, le pueden tocar el hueso. —Le va a doler un poco, después ya no, y sé cómo hacerlo. —No quise ponerle aros para no pincharla y ahora le van a clavar una tremenda aguja. —¿Papá, cómo vas a hacer cuando la vacunen?. —No estoy a favor de las vacunas. —lo miro enseguida por eso, pero va a la cama acomodándola y le saca el pantalón y las medias—. Listo, hágalo. —Si, va a ser rápido. —me muerdo el labio porque se pone re histérico cuando la pincha porque Alma grita moviendo los bracit

