La mañana había llegado, clara y con el canto de los pájaros fuera de las ventanas. Pasé una noche tranquila, con los mismos sueños de todas las noches de los últimos meses. ¡Yo, dentro de una novela literaria de Carina Rissi, viviendo una mágica historia de amor con Ian Clarke! Pero la realidad sonaba fuerte en mis oídos, el ruido de los autos en la calle, el parlante de la TV en la sala y el despertador de mi celular... ¡Siglo XXI, aquí estamos!
Entonces, preparándome para un año más con todas sus obligaciones y quehaceres, me levanté de la cama y bajé a la cocina. El fuerte olor a café logró despertarme un poco más. Mi madre y mi hermana estaban en la cocina y conversaban animadamente sobre el primer trabajo de Fernanda. Mi padre estaba en la sala viendo las noticias de la mañana. Y yo estaba sentado en la mesa, esperando que mi cerebro se despertara.
Mis vacaciones fueron geniales. Pongo mi lectura y serie en días. Pude descansar y disfrutar al máximo de mi propia compañía. Pero el trabajo llamó y, en el fondo, estaba infinitamente emocionada de poder volver a enseñar. Conocer caras nuevas y hacer todo lo posible para inspirar a esos niños a ser mejores, a soñar. ¡Me encanta lo que hago! No cambiaría mi profesión por nada ni por todo el dinero del mundo que podría ganar haciendo otra cosa. Siempre preferí la educación.
- ¿Emocionada por volver a la escuela? – me preguntó Fernanda mientras mordía una manzana.
Asentí lentamente, incapaz de formar una oración coherente todavía.
- Estoy bastante nerviosa. ¿El primer día es siempre así? – volvió a hablar. – Está bien, he trabajado antes, pero ahora, practicando lo que realmente estudié y lo que amo. Esto es tan... ¡Guau! - Su emoción me hizo sonreír.
- Yo estoy feliz por ti. Lo hará muy bien. - Finalmente abrí la boca.
Mi hermana también enseñaba. Pero su área de conocimiento era bastante específica. Historia. Era una materia muy importante, incluso me gustaba mucho cuando estaba en la escuela, pero... Ella era valiente de todos modos.
- ¡Nunca he estado tan orgullosa de ti! - Mi mamá sonrió y se sentó a nuestro lado en la mesa. – Siempre me culpé por haber pospuesto de alguna manera tu conquista. Pero mira ahora, lo hiciste. Y queda tan poco, Fabiola. - Ella sonrió y tomó mi mano.
Mi hermana y yo nos miramos. Me alegro de haber llegado tan lejos. ¡Y súper emocionada por ese año! ¡Sería nuestro año!
Me había graduado de la escuela secundaria a los dieciocho años y ya había comenzado a trabajar a tiempo completo en una guardería. Quería ir a la universidad de inmediato, pero mi papá perdió su trabajo en ese momento y mi mamá es diabética y necesitaba seguro médico. Como la facultad pública de Pedagogía es de tiempo completo y no tendría tiempo para trabajar, pero lo necesitaba, tuve que postergar el ingreso a la universidad y concentrarme en mi trabajo. Han pasado dos años, mi hermana y yo "sosteniendo" todas las facturas de la casa. Mi madre es costurera y tenía problemas de visión y no sabía coser, así que me tomó tres años ingresar a una universidad privada porque todavía no podía dejar de trabajar. Así que trabajaba de 7:30 am a 5:30 pm y asistía a la universidad de 6:50 pm a 10:20 pm, y así fue durante cuatro años.
Siempre me he tomado en serio mi carrera y mi trabajo, así que no tenía mucho tiempo para las relaciones. Y nunca me molestó. Estaba soltera, siempre he estado soltera. Y no estaba desesperada en este momento de mi vida. Pero ha habido momentos este último año que me han hecho cuestionar esa parte de mí. El tiempo corría y tal vez, yo... Está bien, no necesitamos hablar de esa parte ahora. ¡Tal vez nunca!
Y cuando se trata de mí, siempre está la cuestión del miedo. Me sigue de una manera platónica.
Me crié en una familia patriarcal. Mi abuelo tuvo la última palabra, las niñas no podían jugar con los niños, ni llevar esmalte de uñas rojo. Estaba vestida como una princesita. De hecho, mi hermana y yo éramos el sueño de mi madre y de toda la familia. Mamá tomó cinco años de tratamiento para quedar embarazada y recibió este regalo en una dosis doble. Mellizas. Fabiola y Fernanda. Poco después de nuestro nacimiento, mi abuela materna falleció, lo que la hizo sobreprotectora conmigo y con mi hermana. Mi adolescencia fue algo... ¡Intrigante! Pero nada demasiado importante en lo que centrarse.
- Ahora tengo que ir a cuidarme. – Me despedí de mi hermana y de mi madre en la mesa después de unos minutos de conversación y desayuno. - Los veo más tarde. Que tengas un buen día, mamá. Y un gran día de trabajo, Nanda.
Y en pasos rápidos, me dirigí a mi habitación. Me preparé, tomé todo lo que necesitaba para sobrevivir al primer día de trabajo del año y fui a otro día de gloria/lucha.
**
El primer día fue tal como lo había imaginado. Lloros, gritos, primeras impresiones, jugar, piruletas y muchos, muchos dolores de cabeza. ¡Eso fue todo!
Yo estaba en un descanso y estaba tomando otro café en el comedor de profesores - así sobreviví estos días - cuando llegó mi amiga, su euforia siempre alta.
- Bíola, no tienes idea de lo que voy a hacer esta noche. – Sarah se sentó a mi lado y me mostró un mensaje de texto que estaba intercambiando con su cita actual.
Examiné el mensaje solo para sentir que mi rostro ardía de vergüenza.
- Pensé que ibas a la universidad. Las clases comienzan hoy. – Ignoré un poco el tema… Caliente en sus conversaciones.
Sarah se encogió de hombros y jugó con los rizos de su cabello.
- Puedo ir a hacer ambas cosas. - Ella sonrió levemente. – Voy a clase, él me recoge de la universidad y nos vamos a algún lugar donde pueda gritar a voluntad.
Me reí. Era gracioso la naturalidad con la que se las arreglaba para hacer y decir todo. Solo pensar en y escuchar lo que decía me ponía nerviosa.
Siempre tuve la costumbre de salir corriendo cuando aparecía algo que podía hacerme salir de la rutina. Me gustaba demasiado la calma, la idea de no lastimarme de frente. Pero mi amiga era diferente a mí. De hecho, todos los que me rodeaban eran diferentes a mí. Todos parecían mucho más... intrépidos.
- ¿Y tú, ¿eh? - Sara siguió hablando. - Tu último año, creo que es hora de finalmente...
- Sara, cállate. – la interrumpí sabiendo exactamente lo que iba a decir. - Yo estoy muy bien. Estoy adorable tal como soy. - Me encogí de hombros y terminé mi café. - Vive tu vida y olvida la mía.
- ¡Es exactamente por eso que tienes que acostarte! ¡Qué fuerte estado de ánimo! Es gruesa. - Me dio una palmada en el brazo.
Sonreí de nuevo. Escuché que era gruesa a menudo. Pero yo no era así. Fui amable, pero esa chica... Si no fuera mi amiga, te juro que haría que la atropellaran.
- Simplemente no querré a alguien que no cumpla con mis expectativas. - Me encogí de hombros. – Mira a tu alrededor, ¿crees que alguien aquí me va a hacer ceder con todos mis ideales románticos?
- ¡Claro que no! - Sara gritó. – Solo hay niños a tu alrededor, Bíola. Y, por favor, nunca conocerás a un Ian, Dante, Edward, Max o cualquier amante literario tuyo si no te lo permites. ¡Solo esperas a que un caballero con una armadura brillante venga a rescatarte y no haces absolutamente nada! – parecía irritada conmigo y yo estaba divertida. - Y para ser honesta, eso no va a suceder. Simplemente amas a estos tipos porque están en las páginas de algunos libros. En la vida real, son... Bueno, reales. - Ella se encogió de hombros.
Si tuviera un dólar cada vez que escucho esos argumentos, probablemente sería más rica que J.K. Rowling. Porque en el fondo, lo sabía todo. Pero no quería aceptarlo. Llegaría mi momento y la magia seguiría ahí. Pero había dejado de intentar discutir sobre eso hace mucho tiempo. Nadie lo entendería. A veces ni siquiera entiendo.
Pero esta soy yo. Una mujer adulta con alma de adolescente.
- Bueno, Sarah, tengo que ir a trabajar. – Me levanté de esa silla y miré a mi amiga. – Mientras no viva, estoy segura de que estás haciendo esto por mí al cuadrado.
Ella sonrió con orgullo y abrió los brazos como si acabara de dar una obra de teatro. Puse los ojos en blanco y seguí con mi día.
Mi vida estaba bien, ¿no? Todo iba por buen camino, sin daño alguno. Pero ¿por qué de repente sentí que necesitaba un subidón de adrenalina? ¿Por qué quería llenar los espacios vacíos?
¿Estás lista para esto?