Capítulo 6:

1487 Words
Hacía frío, estaba claro que el invierno avanzaba cada vez más sobre la ciudad; con algo de suerte, en algunas semanas todo estaría pintado de blanco. Quizás aquello serviría para distender un poco la tristeza de sus corazones, en especial el de Dorian, quien parecía fingir ser fuerte, pero por dentro estaba destruido. Daphne se envolvió a sí misma en un abrazo, mientras intentaba darse algo de calor a si misma. Le habían dado el alta hacía alrededor de una hora atrás, aquello había tomado por sorpresa a la mujer quien creía que estaría allí por muchas semanas más. Dorian le había ocultado aquello para no decepcionarla si los médicos daban marcha atrás sobre aquella idea; sin embargo, aquello sólo logró hacerla pensar sobre los secretos que el millonario podría guardarle. La hermosa mujer de mirada nocturna, comenzó a caminar por la entrada del hospital, para así evitar congelar sus huesos mientras esperaba que Dorian llegará con el auto de donde sea que lo hubiera aparcado. Se suponía que ella lo esperaría dentro, pero el peculiar aroma a hospital ya le resultaba insoportable, al punto de generarle náuseas. —¿Quiere una flor, bella dama?—preguntó un hombre mayor, caminando a su lado, preparándose para ingresar al hospital. Daphne lo observó durante algunos segundos, notando su rostro curtido por los años y el trabajo, mientras sus manos sostenían con firmeza una canasta de mimbre llena de flores de todos colores. —Lo lamento, pero no tengo dinero conmigo, me acaban de dar el alta—dijo ella con una sonrisa amable, observando el rostro bondadoso del hombre. —¿Qué te ocurrió, niña?—preguntó el señor de las flores algo sorprendido. Ella separó levemente los labios, preparada para decir lo que le había ocurrido. Sin embargo, las palabras nunca salieron, al menos no las que le gustaría decir en voz alta. —Tuve un accidente—soltó Daphne con un hilo de voz, sintiendo que las emociones se anudaban en su estómago—. Pero ya estoy mejor. El hombre hizo una mueca, mientras colocaba una mano amplia sobre el hombro de la hermosa mujer de mirada nocturna. —Debes ser fuerte para lo que vendrá, niña—comenzó a decir el extraño con una cálida sonrisa surcando sus labios—. Lo difícil de los accidentes, es la recuperación posterior. »—Tienes mucho que sanar, niña, lo puedo ver en tus ojos. Por eso, debes ser fuerte. Daphne no se dió cuenta que estaba llorando, hasta que una lágrima salada mojo sus labios, obligandola a limpiarse el rostro. —Gracias—susurro Daphne tomando la mano del anciano y apretandola con gentileza. —Gracias a ti, niña—respondió el hombre devolviéndole el apretón—. Que tengas un lindo día. El anciano se dió la vuelta y se deslizó al interior del hospital; para ese momento, Daphne había vuelto la vista al frente, para que el extraño no la viera llorar de manera desconsolada. Sin embargo, por el rabillo del ojo, algo llamó la atención, deteniendo su corazón de forma instantánea mientras giraba su cabeza siguiéndolo. Enzo. Ella podría haber jurado ver a Enzo salir del hospital y dirigirse hacia la pared lateral, con su característico e inconfundible cabello castaño y esa preciosa mirada color avellana clavada en ella. Pero para el momento en el que su rostro se clavó en el final del camino, el espacio estaba vacío. No, aquello era sumamente imposible, si Enzo la veía, sin lugar a dudas se acercaría a ella, como mínimo. Volviendo su vista al frente, Daphne frotó ambas manos sobre sus ojos, intentando borrar las lágrimas que se agolpaban en sus cuencas. «Estás perdiendo la cabeza, Daphne. Mantén los pies sobre la tierra» se dijo a sí misma, intentando incorporarse nuevamente al mundo real. —Niña—llamó nuevamente la voz del anciano a su lado, atrayendo su atención—. Esto es para tí. La hermosa mujer de mirada nocturna, observó al hombre a su lado, sosteniendo una preciosa dalia roja hacia ella, con una amable sonrisa surcando sus labios. —No, lo lamento, no puedo aceptarla… no tengo con que pagarle—respondió Daphne, sintiéndose agradecida por el gesto de aquel hombre extraño. —No, niña, está flor ya está paga—comenzó a decir el hombre con una sonrisa—. La pagó un apuesto caballero que subió a su auto hace algunos instantes. El amable hombre dejó la dalia de un impresionante pigmento rojo sobre su mano, antes de dar media vuelta y marcharse, sin notar que las manos de Daphne habían comenzado a temblar de miedo. Sin embargo, su imaginación se detuvo en el preciso instante en el que vio a Dorian detenerse en su precioso vehículo frente a la entrada principal. La mujer de mirada nocturna suspiro aliviada, al saber que no podía haber otro caballero apuesto capaz de regalar flores que no fuera Dorian. Con una sonrisa tirando de sus labios, ella avanzó hasta el vehículo, llegando hasta la puerta de acompañante en el preciso momento en el que Dorian la abría para ella. —Hola, guapo—ronroneó ella dejando un beso en su mejilla—. Gracias por la flor. —Gracias por lo de guapo… guapa—respondió el obsequiandole un guiño de ojo mientras cerraba la puerta y daba la vuelta para subirse en el asiento de conductor—, pero yo no te regalé ninguna flor. En ese instante, el corazón se le hundió en el pecho, mientras sentía como sus extremidades se le aflojaban por la impresión. No podía ser cierto, ella debía haberse confundido… Seguramente el señor inventó aquella excusa para que aceptara la flor y se pusiera contenta ante la idea de un guapo caballero interesado en ella. Aferrándose a aquella esperanzadora idea, ella le obsequió una sonrisa algo forzada a Dorian antes de que este volviera a hablar. »—No son flores—comenzó a decir él con sus ojos en ella—, pero te tengo un obsequio. —¿Tú tendrás ropa cuando reciba este obsequió?—ronroneó ella, dedicándole una mirada sensual. Las mejillas del millonario ardieron, mientras sus manos comenzaban a temblar levemente y su mirada azul oceánica, se oscureció, cobrando un aspecto depredador. Él separó sus labios en una gran O, durante algunos segundos, antes de que está fuera reemplazada por una sonrisa. —Eres tremenda, Daphne Moon—ronroneó él, antes de comenzar a avanzar por la calle, alejándose de aquel lugar. ~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~• Era increíble pensar como con un par de billetes podía comprar a las personas. Y como, con los gestos más simples, se podía averiguar todo lo relacionado con alguien. Enzo sonrió sentado en el asiento de su auto de vidrios polarizados, mientras observaba a Daphne tomar la flor, con aquella hermosa y cálida sonrisa. Hacía mucho tiempo que él no veía aquella sonrisa, la cual solía comparar con una obra de arte, por lo que su corazón se detuvo en medio de su pecho mientras liberaba un suspiro. «Los años pasan, pero los sentimientos quedan» se dijo a sí mismo, mientras pasaba una mano por su cabello. Había sido un tonto al pedirle al hombre que le diera una flor, después de todo, por ese error ella casi lo ve y manda todo el plan al drenaje. Pero no había sido capaz de resistirse, no después de no verla durante tanto tiempo. Quizás era su imaginación, pero conforme pasaba el tiempo, ella parecía embellecer más. Los dientes de Enzo se apretaron con fuerza, cuando la vio besar a Dorian y obsequiarle una de sus sonrisas, las cuales, en el pasado, solo le dedicaba a él. La sangre en sus venas ardió, mientras observaba a Dorian regodearse con su trofeo, uno que le pertenecía, después de todo él había visto a Daphne primero. —Sonríe mientras puedas, Dorian Fleyman—comenzó a ronronear Enzo, mientras observaba avanzar el vehículo del millonario—. Tus días están contados. ~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~ Hola, corazones de fuego, ¿cómo están? Este capítulo es el que debería subir el lunes, pero como ese día no estaré en mi ciudad y no quería dejarlos sin capítulo, decidí subirlo antes de mi viaje ?❤️. Sin embargo, cuando regrese el primero, comenzaremos la actualización diaria de Imperio (estoy hiper ansiosa) jajajaja. Les envío un enorme abrazo de oso, nos vemos en unos días con el regreso de los hermanos D'Angelo ??❤️
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