Capítulo 2 Volviendoa mi hogar

1939 Words
Aparecería en la chimenea de una fonda de la ciudad costera de francesa, Calais, y luego cruzaría en barco el canal de la mancha, para llegar a Bournemouth, y así llegar mediante la aparición a la madriguera. Lamentaba no poder aparecerse directamente en la casa de sus amigos, pero al menos llegaría a media mañana. El solo pensamiento fue suficiente para que una sonrisa apareciera en sus labios antes de desaparecer. El sol del verano se asomaba tardíamente por la ventana de la habitación y Ginny, lentamente abría con desgano sus ojos castaños. Se desperezó escandalosamente y se levantó para asomarse a la ventana. Allí vio a sus hermanos trabajando en el jardín. Sonrió. Bill, su hermano mayor levantó la vista y la vio. Esta sonrió nuevamente y levantó la mano saludándolo. - ¿Como estas princesita, ya te despertaste? - Si, ¿que están haciendo? – dijo intrigada - Preparamos una fiesta en tu honor – respondió haciendo una exagerada reverencia. Ginny le mandó un beso y rápidamente volvió a la cama. Realmente sus hermanos la mimaban demasiado. Para ellos seguía siendo la pequeña Ginny, desvalida, la que en primer año fue poseída por... se estremeció. Recordó las pesadillas una vez finalizada esa tortura, y las veces que tuvo que dormir con Ron, su hermano protector para no tener pesadillas con la cámara secreta. Se levantó y buscó la ropa. Un short de jeans y una remera sin mangas verde oscuro, formaban el conjunto perfecto para ayudar a sus hermanos. Se miró en el espejo viéndose más mujer, su figura, si bien no había adoptado la figura voluptuosa de su cuñada Fleur, o de Hermione, estaba a ver de ella bastante aceptable. Sus pequeños pechos de niña habían dado paso a unos con mas forma... más de mujer, y se asomaban sugerentemente por el escote de la camiseta... emitió una risita divertida. Sus hermanos le reprocharían el atuendo pero a ella no le importó. "Después de todo Ginevra, tienes 17 años, eres mayor de edad en el mundo mágico y nadie va a decirte lo que tienes que hacer." Se calzó las zapatillas de color azul y cuando se encontraba en el espejo peinando su cabello rojizo, escuchó que desde la cocina su madre profería gritos de alegría. Intrigada, dejó el cepillo y salió del cuarto. Bajó la endeble escalera, y al llegar a la puerta de la cocina, vio a sus hermanos rodeando a una visita. - ¡Bienvenido! – decía Bill con voz jovial. Cuando todos se dispersaron ella pudo ver quien era el que recibía tantos saludos de bienvenida. La figura de Harry se alzaba imponente en la humilde cocina de los Weasley. Estaba un poco más alto, que cuando había dejado la casa, más fornido, sin exagerar, pero aun conservaba la mirada tímida de sus ojos verdes. El levantó la vista, acomodó sus gafas como solía hacerlo, y dirigió a la pelirroja su mejor sonrisa... Ginny se quedó sin saber que hacer un instante, solo uno, porque luego, sonrió, y su sonrisa se hizo más grande, mas... oh, Merlín lo había extrañado tanto..., extrañaba sus charlas a medianoche, escondidos detrás del sofá de la sala, sus bromas, y sus silbidos halagadores cuando su madre le cosiera un nuevo vestido... había sido duro verlo partir, pero ahora estaba allí, sonriéndole solo a ella... Harry... bajó corriendo el resto de las escaleras y saltó encima del muchacho que solo pudo atraparla en el aire, largando una sonora carcajada. - ¡Harry! ¡Oh Harry, regresaste! – Chilló Ginny, mientras lo abrazaba – que... ¡Que sorpresa! ¡Pensé que no iba a volver a verte en mi vida! – Harry abrazaba a la pequeña Ginny, y sonreía. Ella siempre fue especial para él. - ¿Cómo estás Ginny?– la bajó y la abrazó nuevamente – Estás mas alta que la ultima vez que te vi – y le acarició la cara. Ella le dio un beso en la mejilla. Los demás los dejaron para continuar con sus quehaceres. – y algo exagerada, para variar... – ella se hizo la ofendida y le dio un pequeño golpecito en el brazo. - Nos tenías abandonados – le reprochó – ¿Ya te adaptaste al ritmo de vida francés? – le dijo mientras lo acompañaba hasta la mesa, sin soltarle la mano. - Todavía no... – sonreía. Estar en esa casa para Harry siempre era una bendición. - ¿Y ya viste al zoquete de mi hermano Ron? – Harry negó con la cabeza – De seguro está en casa de Hermione... – se acercó al oído – últimamente pasa casi todas las noches ahí – y sonrió. Harry sólo la miraba y sonreía. Pensaba que casi no quedaba rastros de la pequeña Ginny, temerosa y tímida de la niñez. Esta nueva Ginny, era toda una mujer, pero él nunca la vio con esos ojos. Para Harry, Ginny siempre sería la "chiquilla, pecosita y pelirroja hermana de Ron" y por consiguiente, su hermana. Ginny lo miraba feliz. Tenía a su amigo, su hermano del corazón, allí con ella.- como te decía, tu amigo Ron nos tiene prácticamente abandonadas a mamá y a mí... - Ginny, es natural. Ron se pasó parte de la escuela, queriendo que Hermione le hiciera caso. Y ahora que ella es su novia no querrá desaprovechar un instante. - ¿Eso es lo que te pasa con Cho? – sonrió pícaramente. Harry la miró y se puso rojo. Pero pensándolo bien eso había sentido con Cho, al menos al comienzo. Ahora la relación con su novia, se había tornado rutinaria, aburrida, y aunque no quisiera reconocerlo, insoportable – ¿Harry, la extrañas? - No... ¡digo si! – se corrigió al ver la cara sorprendida de Ginny- Es que, después de tanto tiempo... creo que tienes razón – y tratando de cambiar de tema, miró hacia la cocina – ¿No hay nada para comer? – al parecer la distracción surtió efecto, porque Ginny dejó dio un gritito de sorpresa y miró hacia la cocina también. - Ahora que me lo recuerdas, yo aún no he desayunado... – se levantó y le ofreció la mano – Anda, ayúdame con las tazas – Harry de un salto fue hacia la alacena y buscó lo requerido. Puso la mesa y se sentó. Al minuto la pelirroja se sentó a su lado con una cafetera humeante y algunos pasteles de calabaza. – ¡Buen apetito! – Harry miró la cafetera y luego a Ginny. - ¿Ahora bebes café? – dijo Harry arqueando una ceja – ¿Qué le sucedió al delicioso té que hacen en esta casa? - ¿Querías té? – dijo seria – Yo pensé que como vivías en Francia te habías acostumbrado al café, lo siento Harry – Se levantó rápidamente para llenar la tetera de agua, pero la mano de Harry la detuvo y la hizo volver a sentarse. - No Gin, no te sientas mal. Te agradezco que seas tan buenita conmigo – Ginny lo miró a los ojos – pero extraño tanto todo esto, que ahora que estoy aquí quiero olvidarme de Francia. - Harry... – ella le acarició el cabello, había notado el tono fastidioso de su voz al hablar – Si no te sientes bien allí, ¿por que no vuelves? Si solo pidieras empleo aquí, te lo darían sin pestañear. - Me fui porque odiaba la prensa... pero ahora que la cosa está más calmada, creo que lo haré. – tomó un sorbo de café – ¡Ey, este es delicioso! Nada que ver al que hace Cho. - ¿Cocina horrible? – Harry hizo una cara de asco. - Bueno, te diré que al café parece que lo colara en un calcetín sucio – Rieron con ganas. Harry no sentía la risa forzada. Ginny tenía ese don, el de hacerlo sentir tan bien. Quizás por eso la extrañaba tanto. Se habían convertido en grandes amigos desde sexto curso de Harry, cuando Ron y Hermione decidieron empezar su noviazgo. Ella lo sacaba de todos sus días depresivos. Tenía una risa contagiosa y unas ganas de vivir envidiables. – qué me dices de ti, ¿tienes alguien en el horizonte? – Ginny le tiró con una servilleta. - ¡Claro que no Harry! Sabes que si alguna vez me fijara en alguien, mis seis hermanos, lo matarían... - Corrección, nena... siete. Siempre cuéntame a mí también. – Ginny le alborotó el pelo para fastidiarlo. Sabía desde la escuela que Harry odiaba ese gesto. – o crees que dejaré que cualquier gandul, se lleve a la "princesita de la casa" – la abrazó, y así los encontró Bill el hermano mayor. - ¿De qué gandul hablas Harry? –se sirvió un vaso de agua y se sentó en la mesa. - Sólo le estaba explicando a Ginny lo que le pasará a cualquier pretendiente que la haga sufrir... - Bien dicho Harry, y tu enana, cuando tengas intención de traer un novio, adviértele lo que le espera, es decir... si se hace el tonto contigo... – e hizo una señal de pasar un cuchillo por el cuello del futuro e inexistente novio. Ginny rió divertida. Luego de beber el agua el hermano mayor se levantó dirigiéndose al jardín – Harry si ya terminaste, que Ginny te lleve a tu cuarto y luego que te cambies, ven a ayudarnos al jardín, hay mucho que hacer.... - ¿Hay que desnogmizar? – preguntó levantándose también pero metiéndose luego un trozo grande de pastel en la boca. - Sip – solo dijo, y se fue. - Vamos Ginny, muéstrame mi cuarto – Ginny lo tomó de la mano y Harry con la mano libre asió el bolso y se dirigieron a la serpenteante escalera que lo llevaba a los pisos superiores. Ginny le iba contando de sus hermanos, del idiota de Percy y sus aires de grandeza, de Penélope, su novia, que en secreto venía a visitar a Molly. De los gemelos que estaban pretendiendo a Hannah Abbot y a Alicia Spinnet, pero que hacían todo mal. De cómo Charlie en un rapto de locura, se había casado en secreto con Tonks, aunque luego, se enteraran que la "locura" venía con piecitos y manitos. Y que Bill atrapado por Fleur, se habían casado hacia seis meses y vivían en Egipto, aun trabajando para Gringots.- Vaya como que me he perdido de muchas cosas en este año y medio ausente. - Eso te pasa por no mandar cartas, realmente estamos dolidos contigo – Llegaron a la puerta de la habitación asignada - Bien Harry, te quedarás en el cuarto de los gemelos.- dijo Ginny abriendo la puerta del cuarto y llegando a la ventana para correr las cortinas. - Pensé que sería el de Percy... - Nop – rió Ginny – allí es el cuarto de "estudio" de Ron. – Harry torció los ojos - ¿Y desde cuando Ron tiene cuarto de estudio? Mejor dicho... ¿Desde cuando ese cabeza hueca estudia? – Ginny lanzó una carcajada. - Desde que anda con la cerebrito de Hermione. Te asombraría verlo hablar ante la gente, con todos esos nuevos términos... - Indefectiblemente Hermione lo tiene perdido. - Bueno Harry, te dejo para que te acomodes, te espero en el jardín – La pelirroja se acercó y le dio un beso en la mejilla – Realmente me alegro de verte... - y se fue. Harry tiró el bolso en una mesita y se tiró en la cama. Sonrió complacido. Si, no había ninguna duda. Había vuelto a su hogar, y eso lo ponía feliz.
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