Capítulo II — El legado prohibido

229 Words
La destrucción de la Vía Láctea dejó una lección imposible de ignorar. La guerra abierta llevaba a la extinción. Las galaxias supervivientes se reunieron por primera vez sin flotas ni amenazas. No para vengarse. No para conquistar. Sino para decidir cómo no repetir el error humano. La resolución fue unánime. No más guerras. Las diferencias ya no se resolverían con ejércitos ni con exterminios. Se resolverían con un solo enfrentamiento regulado. Un único escenario capaz de contener la ambición de mundos enteros. Así nació el Torneo de las Mil Galaxias. Un torneo de fútbol. Cada galaxia enviaría a sus mejores representantes. No soldados. Jugadores. La galaxia vencedora obtendría el derecho de gobernar hasta el próximo torneo. No como un imperio absoluto, sino como autoridad central. Ese poder estaría equilibrado por un Senado Galáctico, formado por representantes de cada rincón del universo, encargados de vigilar que ninguna civilización volviera a cruzar el límite. El fútbol, legado terrano, se convirtió en ley. En frontera. En contención. Pero no todos celebraron la decisión. Algunos recordaban quiénes habían creado ese juego. Y cómo, aun sin dominar la tecnología, los humanos habían sido capaces de incendiar una galaxia entera. Por eso el Consejo tomó una segunda medida, silenciosa y temida: el legado terrano debía ser controlado. El juego podía unir. Pero también podía despertar algo que el universo aún no estaba listo para enfrentar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD