POV DEREK
Observo con una sonrisa como mi niña duerme plácidamente, pensé que se iría antes de que me despertase por lo que decidí despertarme más pronto de lo habitual, solo para observarla, me relaja verla dormir, tiene los rasgos relajados, esta tranquila, su suave piel me incita a tocarla, deslizo mi mano al rededor de su cintura y la pego a mi con cuidado que no se despierte, quiero sentirla cerca, sentir el calor que desprende, pero no dura demasiado pues alterada, de un salto abandona la calidez de mis brazos, me hace una serie de preguntas y después ofendida me abandona, no entiendo que he podido decirle para que reaccione de esa manera, sin embargo no me enfado, al contrario, me causa hasta cierto punto ternura, es impulsiva, es de las personas que actúan antes de pensar, tal vez su espontaneidad es lo que me llevo a enamorarme de ella.
Cambio mi pijama por una ropa más casual mientras decido darle un poco su espacio, que piense y se despeje antes de atacar nuevamente, la quiero para mi, sin duda alguna, ella es del tipo que no puedes dejar escapar o te arrepentirás, lo sé, lo supe la primera vez que la vi.
Tras unos minutos escucho el piano siendo manipulado, una triste melodía resuena por toda la Penthouse, Alex raramente toca el piano, pero cuando lo hace es digno de ser admirado, encantado bajo las escaleras a observar tal acontecimiento, sus dedos se mueven con elegancia a lo largo del teclado bicolor, su cuerpo se mueve hipnotizado siguiendo el ritmo, sus ojos cerrado liberaban una lagrima solitaria, pero pronto se detiene en seco, cortando el ambiente ligero que se había creado.
— no pares de tocar — le pido a sabiendas que no lo hará.
Por supuesto y como era de esperar, ignora mi petición y opta por preguntar el paradero de ese estupido vestido, tal vez en mi no está en decidir tirar ese vestido, pero recordar como todos la miraban hacía que mi lado más primitivo saliera a la luz, por lo que literalmente lo tiré por la ventana, por supuesto ella se pone echa una furia, estoy atacando a su derecho a elegir pero lo que sucede a continuación escapa fuera de mi control, ni siquiera sé porque le dije todo eso.
— Parecías una mujerzuela ¿tu madre te educó así?
Tras terminar de decir aquello comprendí por su mirada que ese había sido un golpe muy bajo, la había herido, lo sabía y así me lo demuestra, en dos zancadas se acerca a mi solo para plantarme una sonora bofetada que me cruza la cara, puedo decir que duele casi como si me hubieran dado un puñetazo, tiene más fuerza de la que aparenta. Su mirada se cristaliza por las lágrimas que poco a poco empiezan a descender, algo en mi interior se rompe ¿culpa?. Theo reacciona con rapidez y se la lleva lejos de mi, no sin entes de fulminarme con la mirada, esa mujer quiere más a Alex que a mi, lo prefería así.
— ese es un tema delicado , señor — dice Theo pasando por mi lado.
Es cierto que he notado ese reacio o más bien rencor que muestra cuando alguien le pregunta por su madre, se que su madre se casó con su padre por conveniencia pero la historia entre líneas es confusa, decidido me acerco a ella en busca de respuestas, quiero entenderla, comprender su forma de ser, la visión que tiene con respecto a ella, y creo que este será un gran paso, pero lo que me cuenta me deja sin palabras, no hay nada que pueda decirle para confortarla, menos aun cuando ella piensa que yo también la utilicé, quise negarlo, contarle toda la verdad, pero no pude, no podía hacerlo, iba a odiarme, lo sé, no pasaré por ello, aun no.
Finalmente decido llevarla a su casa, no quería hacerlo, quería comer con ella, cenar, desayunar, vivir...por supuesto no era posible y me tuve que conformar con invitarla a cenar, quería borrar ese velo de tristeza de su rostro. Estaba funcionando, se reía conmigo, me escuchaba, la sentía más relajada, quise continuar con la noche proponiéndole un paseo, un tranquilo paseo por el parque central, todo era perfecto, la cita perfecta, quiero que note mi cambio, quiero que se vuelva a enamorar de mi, pero el destino tenía planes distintos. De repente algo sucede, un fuerte sonido se escucha peligrosamente cerca de nuestra posición, Alex retrocede unos pasos como si alguien la hubiera empujado, automáticamente escaneo su cuerpo con rapidez, me horrorizo al ver esas gotas de sangre que manchaban el blanco impoluto de su vestido, vuelvo a mirar su rostro pero ella parece ajena a su herida, al menos hasta que me ve, baja la vista hacia la zona dañada, la sujetó en brazos antes de que caiga y emprendo camino a la salida entre los gemidos adoloridos de Alex, alguien le disparó y no me voy a arriesgar a que esa persona siga por aquí para terminar lo que empezó.
— Todo va a salir bien.
Cuando llego a la avenida algunas personas curiosas se acercan a ver lo que sucede mientras otros pocos me ayudan a colocarla en el suelo, en un suspiro mi pequeña cierra los ojos y se que eso nunca es bueno.
— Hey! Despierta — le hablo palpando con suavidad sus mejillas — no te duermas — hablo esta vez un poco más alto.
La sangre no deja de salir, esta perdiendo demasiada sangre, subo el borde de su vestido descubriendo la herida de bala, rápidamente me quito el cinturón y le hago un torniquete cortando considerablemente la circulación de la sangre al tiempo que la ambulancia hace su aparición, y se hacen cargo del cuidado de mi niña.
Al llegar al hospital la meten directamente a quirófano para extraer la bala, yo me mantengo en la sala de espera ansioso por algún tipo de información que me haga saber el estado de mi mujer, mi corazón se parte en mil pedazos al recordar como perdía la conciencia en mis brazos, sentí por un momento que la perdía, saldrá de esta, lo sé, para cuando lo haga, daré mi vida por protegerla.
— Disculpe señor, ¿es usted Derek Black— pregunta una enfermera frente a mi.
Asiento con la cabeza deseoso de recibir alguna noticia de mi Alex, la espera me mata .
— ¿puedo sacarme una foto con usted?— pregunta tímida.
Suelto un bufido incrédulo, lo que hace que guarde su teléfono móvil casi al instante, lo que pasó en el restaurante pudo parecerme un gesto halagador, pero esto, esto parece una broma de mal gusto.
— a mi mujer le acaban de disparar — hablo con voz ruda y tajante — ¿crees que lo correcto sería sacarme una foto contigo?
Avergonzada y desilusionada niega con la cabeza, se da media vuelta y se marcha dejándome nuevamente solo, sonrío al recordarla en el restaurante, tan posesiva y dueña de sus acciones, tan perfecta como siempre lo ha sido, se lo que la gente habla de la dueña y heredera Hunter, lo sé, pero esas descripciones no pegaban con ella, al menos hasta hace poco, en estas semanas he tenido la oportunidad que conocer a la verdadera Alex, la fiera que se escondía dentro.
— Derek?
Escucho que me llama una voz familiar, levanto la cabeza que tenia escondidas entre mis manos, frente a mi me encuentro a Dylan de píe frente a mi, con esa bata de cirujano, luce cansado y no es para menos, pasa más horas encerrado en este hospital que entre las piernas de sus amantes.
— ¿Que haces aquí? — pregunta con el ceño fruncido.
Enarco una ceja divertido, desde luego no vine a visitarlo a él, es más, se me había olvidado que él trabaja aquí.
— mi esposa está en quirófano— le informo, tal vez el sepa algo que los demás no saben.
— no nos ha llegado ninguna paciente con tu apellido — comenta distraído mirando el Block de notas — ¿ desde cuando estas casado? — pregunta esta vez ofendido.
Es cierto, logre ocultar mi matrimonio de mi círculo más cercano, era audaz, pero todo tiene su límite, y cuando pensaba hacer realmente lo nuestro oficial, ella decide dejarme, así, sin más.
— oh! Estamos divorciados en realidad— masculló entre dientes molesto.
Mi amigo me mira reprobatoriamente, se que ahora viene esa larga charla que solo él se permite darme.
— Por favor, busca a los familiares de esta paciente — le pide a la primera a enfermera que pasa — sabes, hoy atendí a una paciente preciosa, tal vez tú la necesites más que yo — bromea dándome un codazo.
No puedo evitar sonreír, por supuesto el solo piensa en eso, recuerdo cuando salíamos de "caza", como el lo llama, su objetivo era despertar cada día en una cama ajena.
— ¿y esa sangre? ¿Estas herido?— pregunta preocupado.
— A mi ex mujer le dispararon — le explico con tristeza.
— vaya, que casualidad ¿No?— sonríe Dylan con cierto nerviosismo— Mi paciente es una chica de veintitantos con herida de bala en la pierna, pero seguro no es la misma persona — arruga la nariz negativamente.
— ¿como se llama?— pregunto interesado por la identidad de dicha paciente.
Dylan simplemente se encoge de hombros. No lo sabe.
— No sabíamos quien era hasta que uno de los enfermeros la reconoció, dice que es una importante empresaria, creo recordar que se llama Alexia Hunter, tiene un gran historial empresarial— comenta impresionado.
Bingo!
— ¿Como está?— me apresuro a preguntar ansioso.
— fuera de peligro, ahora está descansando en...¿que pasa con ella? ¿Porque tanto interés?— pregunta repentinamente— te advierto que yo la vi primero — dice dispuesto a conquistarla.
Suelto un bufido exasperado, tiene suerte que somos amigos, por lo que me conformo con asesinarlo con la mirada.
— ella es mi mujer, idiota — le respondo casi orgulloso de llamarla "mia"
— es tu EX-MUJER — me corrige con una socarrona sonrisa.
Maldigo en voz alta y este se ríe divertido, le encanta pincharme, sacarme de quicio, siempre lo consigue. Entre risas me acompaña a la habitación donde mi niña se encuentra, cubierta por una sábana blanca con el logo del hospital, duerme plácidamente ajena a todo, tranquila por la privacidad que está habitación le proporciona, su pierna vendada sobre sale por debajo de la sábana.
— yo no la hubiera ocultado — comenta Dylan mirando a mi mujer dormida— mírala, físicamente es la mujer perfecta, joven y bonita — me sonríe divertido antes de dejarme a solas con ella.
No puedo evitar sonreír dándole la razón, físicamente ella es perfecta, pero lo que más llama la atención es la imperfección de su forma de ser, a veces tan explosiva y otras tan tranquila. Suavemente tomo asiento a su lado y me permito observarla nuevamente, sus párpados se mueven con rapidez producto de algún sueño, su ceño se frunce tiernamente dándole un aspecto de niña enfurruñada.
— por favor no.
Susurra entre leves quejidos, lágrimas sale de entre sus párpados cerrados, mueve su cabeza de un lado a otra como aterrorizada, me mata esto.
— hey, Alex, estoy aquí — le susurró en tono tranquilizador.
Cojo su mano y esta la aprieta con fuerza, la pesadilla sigue y yo no se que hacer, despertarla de repente no creo que sea buena opción.
— te odio.
Me paralizo al escuchar aquello, no sé si me lo dice a mi o no, pero tras decir aquello se deja de mover, su respiración agitada se normaliza y su agarre se afloja, aun con los ojos cerrados, desliza su mano por mi brazos hasta mi cara, arruga el ceño y entre abre sus preciosos ojos verdosos, suelta un suspiro como si acabar que de quitarse un peso de encima, se relame sus labios resecos, intenta erróneamente mover su pierna herida, pero una mueca de dolor hace que desista en el intento.
— estabas muy asustado— comenta divertida — cuando me dispararon— aclara ante mi cara confusa.
Suelto un bufido, por supuesto me asuste, toda esa sangre, la palidez en su rostro, la habían atacado, alguien había atentado contra su vida, ¿por qué?
— casi te matan! — gruñó enfadado ante su falta de seriedad por la situación.
Pero la peligra simplemente sonríe quitándole hierro al asunto, no entiendo nada.
— No pasa nada, no es la primera vez que lo intentan — dice para tranquilizarme pero tiene el efecto contrario — pero si que es la primera vez que llegan tan lejos — comenta pensativa.
Tras escucharla no puedo evitar pensar que definitivamente no conozco en absoluto a esta mujer, parece tan acostumbrada a todo esto que me hace replantearme muchas cosas, definitivamente ese apartamentucho no es seguro para ella.
— Vaya, la paciente más linda del hospital por fin despertó — escuchó la seductora voz de Dylan detrás de mi.
Mi amigo entra como pedro por su casa, nunca creí ponerme celoso de un amigo, pero el rubor en las mejillas de Alex me demuestran lo contrario, a medida que se va acercando le advierto con la mirada que cuide sus palabras y sus acciones, no quiero que intente algo de lo que se puede arrepentir.